ELLA (VERSIÓN VITAL SUBTITULADA)
¿De qué se escribe cuando se cambia la visión del mundo a los 50 años? Comencé a blasfemar como un deporte, una afición más. Ahora me aburre y lo que querría sería más bien una exclamación algo por encima en calidad expresiva, contundencia y, si pudiera ser, eficacia.
El asunto es que estoy hasta los zimbawes de Casi Todo, con el problema añadido de no estar seguro de que sea la Nada Absoluta lo que haya al otro lado del biombo. Si así fuera, no me preocuparía Nada En Absoluto pegarme el piro y mandar todo esto al güano. Pero, viejo como estoy ya, me pregunto ¿Y si hay Algo Organizado en Ministerios o similar y me dan a posteriori eternamente con cantos gregorianos o algo peor, con el agravante del suicidio? Un coñazo, créanme, un verdadero pello.
Con estos mimbres, no hago sino volver al sillón, mullido pero poco acogedor para estancias largas, y escoger al azar uno cualquiera de los seis libros que leo simultáneamente de manera habitual. Si es posible, con cómics de por medio, para desentumecer.
Periódicos, cada vez menos; me molesta mancharme las manos de tinta con ellos. Mucho papel y pocas nueces, sin olvidar que empapan el aceite de freír pescado al limpiar las sartenes. Hay que tenerlo en cuenta.
Radio, las de siempre, con alguna amable que se cuela con voces de toques ingeniosos y rápidos, que recuerdan que Todo puede volver a tener sentido, ser divertido, o algo similar.
Televisión, olvidada la de cuando era niño, insoportable por agresiva y estúpida.
Sexo como prioridad ¿Para qué? Si él me ha abandonado, sabrá por qué lo ha hecho. Si me llevó en volandas de joven, supo engatusarme para devolver el favor de haber nacido, ahora no le reprocho que se largue. Tendrá a otros más alegres por atender, que lo entenderán mejor, sin tantos preámbulos como solía yo pedirle.
¿Dinero? Bien, lo justo para no tener que pedirlo, lo cual es la finalidad primera para lo que se inventó. No excluyo una lotería salvaje, de esas que permiten vivir en El Caribe rodeado de cinturas vertiginosas de morenas cuya visión compartiría con mi mujer, la única razón real y tangible para que aún no me haya dado la baja permanente en todo este embrollo/sarao/tinglado:
La única razón verdadera, la que reinventa el respeto, la tolerancia, la vida al despertarse, la Navidad y dar un abrazo y un beso. La que no te hace llorar nunca. La que siempre está ahí, pendiente de todos y de mí.
Seguiremos informando.
Tengan ustedes muy buenos días.
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Escrito por Gabriel
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