FIESTA FIN DE AÑO 1.994. INFORME
ASUNTOS INTERNOS. (A.I.) INTERROGA A NÉSTOR NILLO (N.I.)
A.I.-Está bien, hable.
[[Asuntos Internos llamó al inspector Nillo a declarar. Prometía ser una sesión sin límite de tiempo. Eran tipos duros. Deslumbrado por la grabadora y hablando hacia la lámpara, comenzó su relato.]]
I.N.-Eran las 00,15 horas…
A.I.-¿Cómo puede saberlo tan exactamente? Le espetó el director Pe sin saber que estaba espetándolo, lo que constituyó una alta de espeto.
I.N.-Bueno, casi todo el mundo decía tener restos de uvas entre los dientes…
A.I.-Eso no prueba nada.
I.N.-Está bien: mi reloj lleva seis meses parado en esa hora.
A.I.-Arsa.
[[Nillo, valiente, arsó el vuelo y continuó.]]
I.N.- Puede parecer cursi, pero no había una noche más estrellada en todo el año.
A.I.- Ni menos, era la primera.
[[Sin rencor, Nillo siguió. Heridas más fuertes había sufrido.]]
I.N.-Desde dentro se oían voces que decían ¡abre! ¡es inútil resistir! a las que respondían otras diciendo ¡eso es lo que esperan que hagamos! Fue entonces cuando llegaron las primeras parejas. La de mayor título académico llegó a decir: ¡a lo mejón somoh loh primeroh! No pude resistirlo y di la orden de abrir.
A.I.-Continúe.
I.N.- Todo iba bien. En un local magnífico, el del Hotel Partícipe de Alubias, los canapés consiguieron estar a su altura, más o menos la de la cintura; el champán, casi siempre en copas, prometía maravillas, todo iba sobre ruedas incluidas las mesitas de las bebidas, pero surgió un silencio sepulcral cuando alguien, seguro que de la central…
A.I.-¿La CIA?
I.N.-No, no, de uno que trabaja en la Central… ita de teléfonos; el recadero, vamos.
A.I.-¡Ah!
I.N.-Bueno, pues ese alguien pidió un vaso de Justerini & Brook’s.
A.I.-Descríbalo.
I.N.-Imposible. Sólo cuando un buen jugador de Trivial logró saber que lo pedido era un JB, y el camarero volvió en sí, era tarde para seguirlo.
A.I.-Bien. Siga
I.N.-La fiesta iba cada vez mejor. El baile y la diversión se podían palpar. Sólo el baile y la diversión. Imposible a las camareras. La música fue llevada por dos grupos; uno, los Cantorrios, que, acostumbrados a esto, logró que el público subiera al escenario a acompañar al propio trío.
[[Nillo había vivido mucho. Aun así, tuvo que tomar un trago de un licor fuerte para poder seguir.]]
I.N.-El otro grupo, Chicharitos, habiendo anunciado su llegada al mediodía, no lo hizo hasta las seis de la tarde, provocando un conato de cante de nuestro tesorero, que hizo pasar del llanto histérico de los organizadores a un pequeño ataque de epilepsia.
A.I.-¿¿¿¿Y????
I.N.-Cantó el grupo. [[Suspiro. El inspector jefe también tomó un trago.]]
I.N.-Todo el mundo bailaba sin parar. Pero alguien, sabiendo lo que podía ocurrir, llamó la atención para algo que era inevitable:
Alguien: -¡El caaarrrdiiitooo!
I.N.-Serían las 03,30 horas. Sé que la gente tomó el caldo, porque no quedó nada para mí. Pero era imposible pararlos… A las 05,30 horas, fue el destino, o llámale camareros. Lo cierto es que llamaron para el chocolate.
A.I.-Debió ser muy duro.
I.N.-El chocolate, no, no, en absoluto. Pero sí el hecho de que tampoco quedó nada para mí. Y fue cuando alguien, al que casi se le entendía hablando, dijo “¿¡oyyy!, sin shurroh ni ná ni ná?”
A.I.-Creo haber llegado el momento.
I.N.-Así es: Una mirada helada madrina de la jefa organizadora del magnífico servicio de guardarropa hizo comprender a la anónima solicitante de calentitos que los abrigos prestados, sin saberlo, por las madres, suegras y cuñadas podrían haber sido víctimas del humo de la fritanga.
“Sólo vi que la enorme tensión (220) bajó algo (125) cuando llegaron los sorteos de dos relojes donados por un relojero, además de una suite del propio hotel, rebajaron mi angustia hasta los niveles del atún. Atún, atún, no escriba “al tuntún”.
A.I.-No nos iremos sin saber toda la verdad.
I.N.-Bien. Tras el sorteo de la habitación, repetido tres veces, éstas fueron adjudicadas al compañero Jorge Latina, quien consiguió que casi todos los demás se fueran.
A.I.-¿De la fiesta?
I.N.-De la habitación.
A.I.-Vamos.
I.N.-Era el final. Todos los que podían caminar se fueron lentamente. Los demás, con muy poca agua hirviendo, salieron al amanecer.
A.I.-Hábleme de los abrigos.
I.N.-Nadie recuerda haber perdido ninguno.
A.I.-Pero tampoco recordaban nada más.
I.N.-No me atosigue. El servicio era ágil.
A.I.- ¿Qué decían?
I.N.-Adiofeliañonuevvo-quiyoteqquierounahartá-adióhihomío,andapantrorcoshe, cosas así.
A.I.-¿Nada más?
I.N.-Que el año que viene, por supuesto, volverían.
A.I.-Está bien. Puede irse. Pero no salga de la ciudad y, para el año próximo, reserve dos entradas para mí.
A la salida, Nillo, una vez más con todas las copias del informe en su poder, se abrochaba los botones de la bufanda y sonreía por el camino de vuelta a casa.
General | Etiquetado:
Escrito por Gabriel
General | Etiquetado:
Escrito por Gabriel
General | Etiquetado:
Escrito por Gabriel