Durante los días 19 y 20 de marzo de 2011 se han producido en determinados tramos de la costa española un “irse y venirse” de las aguas marítimas en un plan así como si/no se llevaran bien con la Tierra, estilo pasión sudamericana de sobremesa. Centrémonos en Cádiz, con la crónica de Bertito Espalding como corresponsal que ha vivido el fenómeno en directo. Hasta que llegaron los camiones de la limpieza y se tuvo que despertar.
Primero, nada de daños personales por culpa del agua subidona y bajeriza. Todos los daños personales producidos durante los dos días citados han sido provocados por trompadas clásicas, más o menos previstas según las zonas y los emisores y receptores (barbillas, ojos y narices en concreto) habituales.
Segundo, casi nada de daños materiales por culpa de la intimidad suprema del agua o su despecho posterior y alejamiento. Casi:
Se contabilizan y se detallan –las compañías de seguros no sueltan un céntimo si no hay datos cuantificados- las pérdidas producidas durante el vaivén.
1) Cuatro calzoncillos puestos a secar a la piedra, tras vanos intentos de ser despalominados también a la piedra. Desconocen los geólogos si el mar, que no es tonto, acabará devolviendo este material incautado por una marea, más que atrevida, inconsciente.
2) La desaparición de un coche abandonado en 1987, junto a la de un chiringuito playero cerrado en 1987, ambos propiedad de un tipo conocido por sus fracasos por freír pescado al estilo bunsen, consecuencias de lo cual su coche y su chiringuito presentaban un aspecto carbonizado en general y siniestro en particular cuando aparecía el dueño, que se frotó ayer las manos renegridas pensando en sacarle al seguro lo justo para montar otro negocio, esta vez de congelados.
3) Una fregona sin usar y las alpargatas del empleado de mantenimiento del edificio Mar y Timo, sito en el paseo marítimo número 4. Otro que fue despertado de modo violento por el salpicón de dos olas tontonas que se cayeron al suelo después de mucho prometer, mucho asustar. Ná de ná, pero se llevaron las alpargas del tontoboina, un tal Jacob Zapata.
Curiosidades:
En el momento álgido de la bajada, o momento bájido según los mareógrafos, hubo quien “desfondó” su barca y, al mejor estilo Pedro Picapiedra, sacó los pinreles por debajo y “naveganduvo” un buen trecho para intentar pescar algún pez idiota o mal informado de la falta de agua. No pescó ni una mala rueda antigua, pero configuraba un cuadro de centauro barquillero sobre amplísima llanurplaya de arena mojada, rodeado de alguna piedra que respiraba por fin, y con la barquita a cuestas. Un jilipó, según los paseantes, algunos con bicicletas, otros con carros cedidos sin saberlo por grandes almacenes.
Diecisiete mil “metidas de pie” en pequeñas pero resistentes hondonadas llenitas de agua, difíciles de evitar entre rocas. Muchas de ellas, con retención de tacón de doce centímetros, calzado sin duda mal recomendado para la ocasión.
Descubrimiento fugaz del tramo VII de la autopista Gades-Roma, con clara visión del derrapaje de las ruedas en el acelerón de un auriga conductor de un carro que se largó sin pagar sesenta céntimos de sextercio de peaje. Un tal Gatus, Himpa Gatus.
A la espera de que algo vuelva a subir mucho en Cádiz que no sea el paro, despedimos a y de (al mismo tiempo) a Bertito. Y ojalá que le diera tiempo a llegar andando a Marruecos, según su propósito.
Venia disgustado, pero me acabas de hacer sonreír primero y reír después.
¿Sabes a como cotiza hoy en bolsa el centímetro de sonrisa?
Gracias.
Cualquier disgusto, cualquiera, que se diluya al compartir un cuentecito, justifica zipizapes como este blog y Tooooooda la Era de la Generación de Ordenadores, desde el básico modelo Abacus.
Un abrazo y gracias por pasarte por aquí.
Terrific article.