Reflexiones de un sábado por la mañana (CCII).

Hablar en serio.

Parece mucho más fácil con un desconocido que con alguien cercano.

Tiene –implica- una necesidad de puesta en escena previa, acentuando el tono más bien grave (difícil dar crédito a lo que dice alguien con voz de pito o marcado matiz aguardentoso).

Debe parecer una concesión, un compartir algo de forma exclusiva, aunque se haya traído un chisme de la cola de la pescadería. Pero como era temprano…

Se debe fijar la atención de al menos la mayoría simple de los reunidos, clavando la mirada en los más aguerridos, esos capullos que están siempre pendientes de soltar lo de “¡eso no puede ser, anda ya!” y demás.

Finalmente, procurar adornar lo justo: nadie, demostrado está, aguanta una noticia de más de un cuarto de hora. Pero procurar huir de los titulares es prudente, ya que deja la noticia con menos impacto (a menos que la noticia sea que uno de los nuevos ministros ha utilizado su nariz de ariete al entrar en el gabinete).

Con todos estos mimbres:

-Se puede hablar de la que nos espera.

-Se puede soltar que ni un pensionista verá su paguita subida a menos que pongan su oficina bancaria en la azotea.

-Se puede intentar el acoso y derribo de la monarquía por no saber buscar ni un yerno real o ficticio.

Debo aclarar que si se dice algo de lo anterior, una pausa –compacta, sin suspiros, para asimilar- provoca un efecto de credibilidad. Sin pausas la vida sería una cosa muy seguida, no sé si me explico. Y en el caso de hablar en serio, saturaría a la concurrencia, la haría pensar que los problemas serán eternos. Eso llevaría a que nuestro mensaje dejase de contener el ingrediente de “hablar en serio”. Nos preguntarían finalmente por las fuentes donde hemos llenado nuestro cántaro de información. Y a nadie le importa si nosotros compramos los boquerones en casa Pitito, que le da al congelati más que nadie, pero no está mal de precio.

Si sabemos dosificar el mensaje, con matiz de información e intensidad variable, dejando respirar, dirán que somos personas “no chuflas” o de “grado intermedio” entre el correveidile enteradillo y el que “está puesto”. Niveles nada despreciables.

Con el ensayo anterior, derroche donde los haya de sociología comunicativa, se nos presenta el proyecto de nuevo gobierno. Sin decir por qué los altos funcionarios seguirán cobrando mucho más de lo que podrán gastar en su vida y sin el propósito de que veamos en televisión cómo de un plumazo desaparecen subvenciones canallescas, proyectos irrealizados pero pagados y –por encima de todo- por qué le duele tanto a los ricos que haya menos pobres.

Lo digo en serio.

Tengan todos ustedes muy buenos días.

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