Sobre los demás y demás.
La suma de los pensamientos de todos (TOOOOODOS) los que vivimos en la Tierra,
¿Será muy grande?
Es decir, ¿será acumulativa?
Lo digo porque si parece que más o menos la mitad piensa en joder a más o menos la otra, con la contabilidad imprecisa de esos picaruelos que siempre están en la primera mitad, podríamos pensar que la suma es cero. O casi nula, infinitesimal, que diríamos los entendidos en esto.
Si las Leyes y los decretos leyes están para darse de palos con más o menos armamento nuclear o simples regulaciones fiscales para los listos y lazarillos, las leyes que compensan, que salen mucho después, parecen equilibrar algo la balanza, pero todavía no hacen pensar en UNA forma de llevarse bien.
Si hay bronca continua es porque desde hace un montón de años basta con celebrar el origen divino del poder o de la propiedad.
Es curioso y respetable, según los usos y costumbres, que el patrimonio acumulado se transmita a los llamados herederos legales. No es cuestión de quitarle de un plumazo a un padre poder asegurar el futuro de sus hijos. La cuestión es que se mantienen privilegios para gente que, en un buen porcentaje, no ha doblado los riñones en su vida. Y tras la herencia menos. Esto es sólo una observación. A cada uno lo suyo.
Pero no me parece bien salir con ventaja en todas las cosas.
Como inciso, diré que la gente guapa y que huele bien está, para colmo, endiosada por los que compran las revistas donde ellos hacen sus monerías en el Caribe y las pistas de esquí, en agua o formato de nieve. Esto también tiene su guasa.
Celebramos el poder y la distinción.
Quizá el hecho de que alguien se sienta superior a otro, aunque no seamos nosotros, es una especie de triunfo de la especie humana. Quizá con la esperanza de que nos toque a nosotros alguna vez.
Dicen los historiadores que antes de la I gran Guerra teníamos un nivel de civilización cercano a lo sublime (habla de Europa, la vieja Europa), el cual se fue por el sumidero ante las atrocidades cometidas en la contienda.
Nuestra cultura se basa en conocimientos, no en sabiduría. Es un peligro, pues todo este saber no se asume como resultado de una dedicación, sino como el cumplimiento de un derecho indiscutible que la informática nos acerca con muy poco esfuerzo. No implica el respeto por las personas. Se ha revitalizado el canibalismo intelectual, además del moral. Espero que no el literal.
Tengo la impresión, cada vez más, de que el dolor de los demás nos duele cada vez menos.
Siempre pulula lo de que “mientras no me toque a mí”, pero siempre nos llegará. Es ley de Vida. Es cuestión de tiempo.
Mientras, si no en su lugar, pongámonos un pelín más cerca de los demás. Se acercan tiempos de prueba rigurosa para saber si el ser humano, por muy trascendente que se crea, es capaz de justificar ese origen divino del que hablaba. Pero no del dinero, sino de sí mismo.
Tengan todos ustedes muy buenos días.