En carne viva.
La corrupción: el mal uso del dinero público.
Qué gran cantidad de razonamientos y mugidos en torno a la investigación de los casos de malversación. Siempre presunta, por supuesto.
La ingente avalancha de palabras técnicas (términos jurídicos) por un lado, intercalando siempre las de “persecución”, o, sobre todo, “campaña orquestada”, que sustituye a la trasnochada “contubernio”.
Un juez que tiene que luchar contra sus colegas en lugar de hacerlo contra el delito flagrante.
Y el roce, al pasar de un lado a otro la espada ciega de la Justicia, nos deja el ánimo en carne viva.
No hay forma de restañar con rapidez ninguna herida.
El dinero que se llevan los malos no se devuelve, por cierto. Ni se contempla.
Los imputados sonríen. Algunos porque se les ha quedado la mueca. Otros porque ya saben el puesto que ocuparán cuando pase la tormenta. Porque no irán al infierno del paro, sino que ocuparán una silla valorada en más de sesenta mil al año. Sin dietas, creo.
Y al intentar poner la mano en el fuego por la Justicia, se me queda la piel en carne viva.
Los pícaros. Las cortesanas. Los validos: comisionistas y regidores de empresas fantasma. Simple puesta al día.
La oscuridad del desempleo y el miedo al futuro. Sembrados están. Así, cualquier solución que nos impongan será agradecida después de besar la mano de quien hoy nos abofetea y mal empuja.
Los sindicatos vociferan más de lo que dicen. ¿Tendrán miedo a que se les oiga?, ¿tienen claro qué decir?, ¿nos avisaron a tiempo cuando comprábamos lo que no podíamos pagar?
Al pensar que son los que nos tienen que defender, se me pone el alma en carne viva, a mí, que los creo imprescindibles.
La cultura, pendiente de su propagación sin pagar nada; por más que sea un lujo para el ser humano. Los libros se archivan y la música se agolpa, pendientes de ser disfrutados en cuanto los teras se agoten.
Y yo, que me paso la vida buscando en los libros poemas que me rescaten, enciendo la televisión y se me pone la vergüenza en carne viva, al ver cómo se faltan el respeto personas que no se habían visto en su vida.
Por otro lado, hace unos días estuve a punto de caerme por culpa de un vértigo provocado por una infección aguda en el oído. No me sentí perdido ni un instante, por que encontré brazos que me agarraron y me ayudaron a sentarme hasta que fui al médico. Comprenderán ustedes que se me pusiera el ánimo en carne viva.
Esto volvió a merecer la pena.
Tengan TODOS ustedes muy buenos días.