Día Primero.
Con esa luz que hay, cualquier hora es buena para rodar escenas. En la primera, para no perder el tiempo, se empieza temprano, no más de las doce y cuarto. Estamos en la playa de la Caleta, estirando los moluscos. Se evita así que haya tirones, esa gente que tira cualquier pulpo porque esté agarrotado.
Época: Justo después de la guerra contra los gabachos de Napoleón; la gente se entretiene barriendo cascos de lanceros y trozos de encaje blanco de los uniformes de los temibles dragones, aquí llamados lagartijas maricoides. El momento histórico en que se desarrolla la acción sería de infarto en cualquier sitio. En Cádiz es de sustillo. Describiremos personajes para saber luego quién habla y para qué habla.
Todo el mundo paseando y haciendo planes.
Ambiente de trabajo.
Sólo ambiente.
Mientras se acaban de vestir los actores, una brevísima escena tópico-lugareña.
GENTE DE LA CALLE:
¿Y tu niña, sigue teniendo el pelo lacio?
MADRE DE LA NIÑA:
¡Uichh el pelo lacio! Con la de bombas que recogió, se le han quedado unos bucles lindos.
Y ahora, a entrar en el hecho histórico en sí.
PREGONERO:
¡Reunión en Casa Manteca, reunión para lo de las Cortes. Se pone el vino. Llevar los pestiños!
OTRA GENTE DE OTRA CALLE:
¿A qué hora?
PREGONERO:
¿Tú tienes reloj?
OTRA GENTE DE LA CALLE:
Poh no.
PREGONERO:
Tonse pa qué habla, shavá.
Era ése uno de los cortes de Cádiz.
Día segundo.
A la taberna tasca Casa Manteca van llegando carros repletos de convocados. Algunas con bocados recientes en los muslos, porque aquí el tiempo se aprovecha.
La línea 1 de carros públicos, la principal, es la que presume de ir tirada por cuatro caballos cada coche. Desde dentro, los gaditas, mujeres y niños saludan a los que caminan a igual velocidad por las aceras hacia el barrio de la Viña para la gran reunión.
Pero a escasos metros se tienen que parar los caballos y bajarse todos del coche:
Hay un corte en la calle, en todo el centro, que ha partido al viejo Cádiz en dos.
JEFE DE ALBAÑILES:
A mí al egirsio ese cabéih encontrao en un sarcófalo me parese lo suyo llevahlo pal museo, quillos, que allí vastá mejón el hombre.
ALBAÑIL 1:
Si sabiérai hesho caso de lo que dije yo hase mé y medio, el egirsio estaría ya durmiendo la siesta adonde dise usté, mi capatáns. Pero hoy me da no sé qué de interrumpihle a este hombre, que parese metío en suh cosas y a mí no me guhta cortá a nadie en el descanso de su hogá, que eso e sagrao. Ademáh, eso de esperá sientipico de añoh hasta que se construya el museo lo veo yo de poca entidá, mi capatáns.
JEFE DE ALBAÑILES:
Mira niñio, a mí un corte como ese se lo puedo consentí a mi suegra y las vese que ella diga porque vivo de balde en su casa, aquí serca por sierto, pero no te vaya a columpiá en demasía, porque te corto lah cuerda con loh insisivoh, ¿sstamoh dacuerdo?
Dos horas sin que aparezca nadie. Aglomeración de gente para cruzar y llegar a la reunión. Llega la alcaldesa.
ALCALDESA:
Tú, Migué, tú, Luí, y tú, Juli, traerse los tré a tós loh del barrio que tengan barquitah y ya mihmo me pasái a la gente a remo pah lotro lao dando la güerta por la playa de la Caleta, que se noh dan lah tantah. Y dejarse de cortá el tráfico rodado, que según contrato, hoy leh toca trabajá a ustedes. Y no é fasi encontrá er día.
Antes de que sea muy tarde, la reunión está preparada, por fin, con público. Con todo el aforo lleno y gente en los alrededores de la tasca, la bulla es de las grandes, porque muchos gritan, algunos a coro, desde el barrio de la Viña.
Comienzan las intervenciones.
EL TOTI, pescadero antiguo, que sabe mucho de la tierra:
Pue asquí onde me véi, tengo yo la idea de lo mejón pa vestí bien é el corte de paño en según lo largo de cada uno. Y poquito señío der talle, que despué tiene siempre arreglo pa cualquier boda, y te dura la prenda media vida.
CORO:
¡Elesuhcooneahí, Toti, planshaito noh ha dejao. Siempre, Toti!
ALCALDESA:
Tome nota, escribano, que tengo yo mú frunsidita la túnica prinsipá, la de inaugurá puenteh y el Toti sabe de lo que habla.
EL MATRAQUI, cargador del muelle:
De corte de lú me tenéi hasta el sentro de gravedá. Si no se ve ná por la noshe, acaba uno hasiendo birlibirloque con lo primero que sencuentra a tientah, y vienen leyendah que no se nesesitan.
CORO:
¿De qué te va quejá tú, Matraqui, que vive con tu mujén y tus cuatro cuñaítah solterah? Tú no tiene peligro de dá ningún paso en farso. ¡Ole siempre, Matraqui!
ALCALDESA:
Escribano, aquí prudencia, y te sarta a la siguiente. Que ehtoh son cosah de familia.
PICHANDRE, pintor de brocha gorda, conocida en todo Cai:
Poh voy por la calle Ancha, ¿sstamo?, ande veo una hembra rodeá, y con rasón, de prototipos de letreros que avisan de curvas peligrosas. Me echo palante. Le viantrá pa desirle dos piropasos de enjundia verdadera. Se vuerve y me suerta “¡No llevo suerto, agüelo, despué te doy argo!”
CORO:
¡Ay, que ta vuerto a salí en pihama, cachatrihte. Ta vasilao la chavala, Pichandre, pero tú sigue en lo tuyo, que un corte como ese na má se lo dan a un figura!
El organizador de la reunión comienza a pensar que todos los que han ido allí esta tarde no se han enterado de qué cortes son los que se iban a poner para debate y decisión final. Y la cosa sigue y la Alcaldesa tira el acta del escribano a la basura.
COJONSITO, enfermera jefa del hospital de San Juan de Dios que ha visto nacer a medio Cádiz:
Me viene uno de frente, que había estao en el frente, con un corte en la frente. Cómo sería el corte que le pongo dentro toa la correspondencia del hospital, cartah ofisiales incluidas.
CORO:
Má grande que tó, cojonsito, esoastao dehcándalo. ¿Tuvihte ojito de poné bien los sellos? ¡Mira que si recohen lah carta temprano y tiene que quedarse el hombre con lah devolusione entre las sejah! ¡Ole cojonsito!
El organizador de la reunión ya no tiene ninguna duda respecto a lo que el chufla del pregonero ha dado a entender como tema del mitin. Se calla por prudente y porque quedan todavía dos barriles de vino. Piensa en que esta gente son como los que van saliendo de un tablao flamenco: salen, hacen lo suyo, la lían bien liada, le jalean y se echa paratrás, dejando paso al siguiente. Aquí hasta sin guitarra. La bulla está asegurada. Además, ve como la Alcaldesa está en un rinconcito perfeccionando el baile por tanguillos, con dos niñas del barrio jaleándola.
SHOSHIPILI, Vendedora de fruta de la plaza central:
Me viene un gabashillo, uno de los que hemos dejao entrá y me pide melón. Le digo que lo vendo al corte. Duda y, mirando pa los laos, me hase un corte de manga mientra me dá er parné. Lo ven tré de aquí del barrio que venían de pescar, dejan las redes y lo ponen de lao de la cantidá de cates que le dan. El hombre, que no se entera el pobre, me pregunta qué ha hecho para meresé tó esoh bimbai. Ar finá le regalo el melón, que se la ganao, er poresillo.
CORO:
¡Eso astao de quedarse sin seja, no te digo la Shoshipili, esohlomahgrande!
Van pasando las horas. El convocante suspira con cierta desilusión al ver vaciarse el último barril. La mayoría, por el suelo, ya está callado. La Alcaldesa, incansable, se atreve con las coplas más difíciles y se lanza por tientos. Tiene compás.
CONVOCANTE, histérico perdido:
¿Vosotros sabéis que la reunión era para LAS CORTES DE CÁDIZ?
¡Que la idea era ver cómo se gobernaba, pandilla gorfantes, y la que mabéi liao, que ya es casi de noshe!
CORO, que se vuelve hacia el convocante haciendo callar un momento a las guitarras y las bandurrias:
¡Ah, ¿Eso de quién manda, cómo organisarse y las leyeh modernah?!
CONVOCANTE:
¡Pueh sí señoreh, eso mihmo cachocanne con oho!
CORO:
Eso fue ayé y yastá toscrito carahote, que hoy lostamo selebrando. Y si no, fíhate en la Alcarda, que no para. Anda titi, tómate una copita, del barrí escondío, que tiene vino del güeno, der de loh amigote.
¡Toma Cortes de Cai!