TOROS EN CÁDIZ.

2009/11/22

En un viaje reciente viaje a la capital gaditana (realizado esta mañana) hemos visitado el centro de la ciudad para comprobar el ritmo de rodaje de una superproducción cinematográfica. Preguntado que le hubimos en términos cinéfilos precisos a un sucedáneo de guardia urbano que plantó su nariz frente a las nuestras, su respuesta giró en torno a los siguientes argumentos y en un tono cercano a la apoplejía:

¡Musho detalle, musho detalle, una mierda empapelá, musho detalle!

Requerido en pormenores, el indomable servidor público interino bramó:

¡Los toros, que san ido por contridonde los americanos labían disho que se fueran! ¡Y esa muhén daí (señalando a una mujer que sólo llevaba esperando media hora una ambulancia), pos medio conneá que sá quedao, aunque de una piesa grasia a Dió!

Ya finalmente cosido a preguntas que requerían un análisis fino de la situación, el Robocop de Cádiz se explayó:

-Pa mí que el asunto es de tráfico… yamentendéi.

-Drogas durísimas, yerbajos a granel para quemarlos junto al picón del braserito…

-Que no, caraho, que no: Que el primer cabestro ha visto que por donde le indicaban había un peaso de señal de dirección prohibida y ha reculado en el sentido correcto de la señal, rectificando, eso sí, la trayectoria prevista de los yankis estos, que tó lo dehan a improvisasión. Así les va…

Dejamos al futuro ministro de Interior atendiendo a otro grupo de ciudadanos en su siguiente rueda de prensa y echamos a andar en busca de empanadas de atún, otro de nuestros objetivos del domingo gaditano exento de playa.

Mientras, según noticias, la manada de siete toros, siete, charlaba de sus cosas junto a la playa de la Caleta, a una prudente distancia del público gaditano, que  calculaba con precisión los descuentos a solicitar al gran chef de Casa Tino en la tapita de rabo de toro lo menos semana y media.

Como colofón, acudimos a un agradable concierto celebrado en la plaza de la Catedral, eso sí.


EL TITANIC ¿QUÉ PASÓ ALLÍ? ¿EIN?

2009/09/24

Las aguas estaban frías, dicen. A saber. El barco era insumergible, pero sólo si se colocaba al revés. En su posición natural le entraba agua por las ventanas número 234 y 652, a pesar de los cartones. (Cáp. XII, Pág. 45 y sgtes del Libro “Yo hice un barco grandísimo”, Ed Oleaje, bolsillo. París, 1.909).

En cuanto al casco, no se puede decir que no fuera duro. Y más por detrás, donde suele ir la popa, parte construida con abundante pasta de garbanzos, de esos que cuando salen muy difíciles no hay diente que los machaque.

Ahora viene lo del glaciar. Pues sí, la cosa del peñasco helado y afilado tuvo muy mala sombra. Y muy mala fortuna además, porque el cabo Tarate Jenns tenía asignado el turno de limas para achatar los hielos desde las siete de la tarde hasta las cuatro o cinco de la mañana. ¿Y qué hizo el hombre este? Pues prácticamente nada. Limitarse como mucho a morir congelado porque según sus compañeros “se le olvidó la chaqueta en el camarote” Y él no se ponía jamás el abrigo sobre la camisa directamente, porque “le picaba”. Tarate no avisó del filo, el filo rajó el barco y el barco se hundió lenta y majestuosamente.

Mientras, se celebraron concursos de chapuzones y empujones varios, sin que diera tiempo a entregar los trofeos a los ganadores. El capitán, que se saltó el protocolo y se echó al coleto dos tragos, directamente de la botella, de un orujo “fuerte pero de los que no dejan resaca”, intentó sin éxitos escribir en su diario con un bolígrafo de tinta líquida.

El segundo de a bordo quiso decir unas palabras pero un trago de agua se le fue por mal camino y no sirvieron de nada las palmaditas que le dieron en la espalda, bajo el océano y de noche.

El resto del equipo directivo del grandioso paquebote no terminó ni el postre de la cena. Alegaron estar desganados, los unos, y que las natillas “estaban aguadas, como sin consistencia” según los otros.

Capítulo aparte merece la forma en que la música y otras bellas artes estuvieron a la mayor altura en esta catástrofe:

Los músicos de a bordo Cris Malone y Fiodorov Sinskitri, virtuosos, tiraron al agua directamente al resto del quinteto, unos pandereteros borrachos que no llevaban el compás.

Conscientes de que se aguaba la fiesta, impermeabilizaron los contrabajos, y envasaron al vacío los violines y la viola. Finalmente envolvieron en plástico los siete tambores de la batería principal de la orquesta.

Ahora bien: Los platillos se perdieron misteriosamente, pero ochenta años después se supo que se los llevó Madame Pétula Duddle, para molestar en la ópera durante el resto de su vida: Ella los hacía sonar y se levantaba a saludar desde el palco, ante los aplausos por ser una de las que se escapó de la tragedia.

En cuanto al piano, se recogió del fondo del mar Negro el 4 de abril de 1.944. Dentro se encontró una demostración rigurosa del teorema de Arquímedes.

Hablemos ahora de las riquezas encontradas dentro del barco. Según el listado oficial del capitán Peter Minar, los objetos aprovechables para hacerse millonario con sus ventas eran los siguientes:

- Unas gafas azules sin cristales que pertenecieron a la reina Catalina de Rusia, aunque no “de manera directa”, pues todo los bienes de sus súbditos eran considerados “suyos o de ella” desde que nacían, y las gafas eran de Serguei Mostachenco, un carpintero de Vladivostok.

- Un par de zapatos acharolados de la maravillosa actriz Sarah Bernard, con los que había zurrado el culete del capitán general René Dellancoime, cada una de las tardes anteriores a las encarnizadas batallas lideradas por el alto mando militar al mando de la caballería de dragones imperiales en excedencia.

- Y tres paquetes de galletas de la época sin abrir.

En cuanto a la estructura general de la construcción del barco, el debate se planteó en los siguientes términos:

“Lo veo muy difícil para limpiarlo a fondo”, según Arcadia Peor, jefa del servicio de baños y toallas del buque. Se especula con que cambió de opinión tras el hundimiento y que entonces sí pudo limpiarlo “en el fondo”.

“En cuanto te entusiasmas con un color bonito para el casco, te dicen que no les queda en fábrica y a empezar otra vez, como si esto lo pagara otro”. Esto era una queja amarga y constante de Lionel Cruce, coordinador de tintes y andamios de la gran ciudad flotante que suponía el Titanic.

“Me he perdido dos veces y no he encontrado mi habitación jamás”. Esta, sin lugar a dudas, era la reclamación más frecuente realizada por parte de los pasajeros. En el colmo del despiste, una señora japonesa juró que sólo al final del asunto se enteró de que su barco era el Tiffany, y que la dificultad de la traductora, que viajaba con ella, las hizo meterse en el primer barco que se encontraron.

Quedaba lo de los campos de deportes. Impresionó encontrar barras de pesas cargadas con doscientos kilos para los ejercicios de cuello. Y en el gimnasio femenino.

Y la biblioteca: Seis libros que suponían, dividiendo bien con decimales, un total de cuatro páginas con quince renglones por pasajero para su entretenimiento, enriquecimiento espiritual y, quién sabe, posible formación profesional posterior. La estancia estaba construida en roble noble y encina porcina, con una superficie útil de un metro cuadrado.

No hemos dicho nada de los baños instalados en los distintos pisos y habitaciones. Pero es que no sabemos nada. No obstante, los rumores sobre prisas, carreras y culos al aire en cubierta, aprovechando el viento a favor, no dicen nada bueno sobre la calidad de las infraestructuras sanitarias del Titanic.

Por último, las historias de amor. Por un lado de las personas que iban dentro como pasajeros, jefes de cocina y jugadores de petanca federados, unas cuatro mil cien.

Y de los que iban fuera, mantenedores, pescadores de caña y timoneles, seis más en total.

Pero hagamos una mención especial para la aventura romántica como ninguna: La que vivieron Leonardo Metacarpio y Teresita de Miñón, que, en su pasión, recorrieron el barco de un lado a otro diez veces, las últimas seis sin ser perseguidos ya por nadie. Y siempre cogidos de la mano. Consiguieron llegar al punto más alto de la parte que no se había hundido todavía y, allí mismo, mantener relaciones sexuales en unas posturas extravagantes para la época de la que hablamos. Los aplausos fueron atronadores, pero la pareja no concedió bises.

A modo de epitafio, mientras los que se salvaron de morir ahogados se alejaban del agujero provocado en el mar (que más tarde sería rellenado con agua del propio mar, haciendo de nuevo navegable la zona) pensaban en lo fácil que habría sido hacer las cosas bien y poner botes salvavidas a un coste más acorde con el nivel medio de vida de los pasajeros. No fue hasta 50 años después de la tragedia cuando se probó fehacientemente que la lista de precios era la que sigue:

Canoa para cinco con timonel 25$

Piragua para tres sin timonel 50$

Barca mediana 100$

Barca grande, tamaño familiar 150$

Barreño individual 10$

Barreño individual con remo 15$

Según los investigadores, una estafa. Y, de hecho, la mayoría se quedó sin vender y se hundió el negocio.


Cultura Pura 3. El teatro.

2009/06/23

En el futuro el arte vivirá de las ansas de soñar y perder el miedo al instante, a la cercanía del gesto, de la posible improvisación… o sea, del teatro.

Duras giras por provincias, temporadas malas, “no hay billetes”, cercanía del público, improvisaciones… magia.

No, si no te digo yo que no… Pero, ¿y el principio?

Como casi nadie sabe, al principio el teatro era sitio de reunión, en Roma y Grecia, para hablar de cosas serias. Pero como iba mucho el legendario Bromius, y decía muchas cosas de guasa, surgieron las comedias, donde el hombre, si es que estaba sembrado, jugaba con las palabras hasta romper de risa las cinturas, haciendo caer los centuriones. Por ejemplo, a los que preguntaban “¿cuanto falta para que acabe la comedia?”, respondía “¡Pues como media comedia si Júpiter no lo remedia!” Al mes siguiente, a Bromius se le cayeron del casco unas medias junto al pretor que se sentaba en el medio, y se supo que Bromius pasaba por medio de la esposa del pretor en los intermedios de la comedia. Al final, con una espada mediana, le hicieron la raya en medio, en medio de la plaza, a eso de la una y media, tras terminar la comedia.

En nuestros días es distinto: No hay inclemencias porque en los teatros casi no llueve, a menos que la acción se desarrolle en Londres.

Hay pueblos con costumbre de teatro muy arragaida, aunque muy especializada también, habiéndose llegado a las siete mil seis representaciones de ¿Dónde se esconde el bedel?, de don Eugenio Mas y Masaún, habiendo días que, Víctor Nasol, el que hace de bedel, de lo bien que se esconde, ya ni iba a la representación y aprovechaba el tiempo para estudiar sus oposiciones a bedel.

Está por méritos propios y huida de los demás el teatro conceptual y simbólico, pleno de sutilezas con obras alejadas de los sainetes, obras donde mueren todos varias veces sin dejar de decir que la vida consiste en saber llevar un sombrero de ala ancha.

Ha habido grandes actores y actrices, que cosecharon éxitos y echaron una mano en la cosecha de la cebada, muy trabajadores y serios. Era de destacar después, en la función, el estilo con que recogían un pañuelo de seda del suelo utilizando el azadón. Se aplaudía horrores desde la segunda fila. O cuando, en una escena de pasión, la heroína romántica salía montada sobre su futuro suegro al alegre grito de ¡Iiiiiiejjjeeee Lucero! mientras éste le negaba el amor de su hijo. El teatro se venía abajo y algunos se salvaron al no haber puertas.

Si el lector, persona menos dada al rigor con que exponemos nuestro artículo, desea un nivel más cercano a la divulgación que a la información exacta, bien puede dirigirse a la Enciclopedia Británica, o bien a la puerta izquierda del Gran Teatro Falla de Cádiz, en la que Braulio, un portero de categoría, le contará lo bien que se pasa en el teatro y algunos chistes verdes.


CULTURA PURA (2). MATEMÁTICA BÁSICA.

2009/05/24

Primer día de clase.

-Ragazzo, ¿e tú, cómo te llamas? Ragazza, ¿cómo te llaman?, etc.

Respuesta unánime: ¡Por el móoooovile, profesori!

Llulio Prebendi, que dejó su puesto en la Delegación de Educatzione, ha vuelto a la enseñanza tras veintidós años en un instituto de Milán. Le asignan matemáticas elementales. Acepta el puesto y sale de la cárcel. Ya pagará poco a poco el desfalco.

-Abrid los liboros. ¡No, no, no, ragazzi! El liboro es questo; ajá, lo que tiene molto papelonnis sujetos en el interiore. Fora video. Bene, bene, tutto fantástico.

Presentazione y Andiamo al laboro.

-He oído parlare molto al respecto de vuestra grande falta de educatzione. El primero que diga o haga tonteri, e morto, ¿capicchi? Tengo multiexperiencia y parecerá un acchidente clamorossi. Vamos a la página dil número raccionalli, vulgo quebratti.

-Tú, Parmesanni, lee alto y claretti.

-Tenemos una piscina con cuatro cadáveri recién fusilatti por algún pequeño problema o inchidente imperdonábile. Y sólo tres automóvili para el suo transporti a la fossa veintisái, para el enterramienti clandestinni. ¿Qué solutzione parecería la más sensata e fáccile para la acomodatzione de los fiambri?

-Tú, Alexandra Polimarotti, da la respondona correcta:

-Bene, profesori. E importante il fraccionamientti tutto por iguale del tronqui. E la parte má difíccile para la buena reparticcione. Resuelto el troceatti, la nostra habilidade debe ser suficcienti como para poner, un ejempli, chinque cuarti de cuerpi grandi en el primer maleteri, tres o cuatro cuarti en el secondo, y así suchesivamenti, mediante una labori sensata de encajamiento di cuerpi. Resulta fáccile, si se presta la debida atenzione.

-Graccie, Alexandra. Nuestro secondo problema relaziona con la multiplicanzza. Página penúltima de la primera puntatta. Lee, perfavori, tú, Stéfanno Astracanazzi. Y guarda el túo pugnale al otro lado dil pantalonni, pues asoma por el bolsilli y fan morti los túos chinque últimos compañeri di pupitri.

-Bene, profesori. La relatzione prechio/calidade e una grande preocupatzione. Un buen capo, responsabile, va y contrata a una pícola banda para asesinamento en boda de pueblo de la Toscana. Se facen presupuesti y se llega a un acuerdi, má cuando se quiere cobrare, el encargatti diche “Excusi, ma algunos gastos de la operazione se han multiplicato”. ¡¡Porca miseria!!, trona il capo encargatore di la matanzza. ¡¡Má que merdicuenta, qué posibilitate puede haber para futuro laborale di la juventude matona, si no sabe realizzare un buen presupuesti ajustatti, un mínimo ajusti di cuenta, Madonna!!

-Responde tú, Caloggero Matanzzari.

-Bene, profesori. Por aluzioni, puesto quel mío padre fue el encargatti de la compra di bala. Si originalementi se piensa en cuarenta o chincuenta comensali máxime, se facce una provisione balística (o munitzione, non e differente) de un chienti cuarenta perchento o algo más piu de sobranti. Pero, ¡corpo di Baco!, en la Toscana el factore gorroni ha hecho saltare en multipedacchi toda previsione prudente. Hubo que facere acopio a última hora de proyectile extra, tanto que se ha multiplicatti por dúe la cantidade inicchialli.

Suena el timbre.

-Para domani, preparazione dil capítulo siguiente, donde se indica cómo la matemática sensilli é fundamentale  al declarare al Tribunale cómo han succhedido los aconteccimienti. Tened sempre preparatti una buena parábole. Non olvidare y ciao.


FORMAS DE COMUNICACIÓN.

2009/05/23

A grito pelado.

No sabemos si tiene la patente, pero mi tía Adoración lo emplea como nadie: Por ejemplo, en la intención de que su casa parezca más grande, con un trueno chirriante le dice a su niña Mari Nieves que le traiga un poquito de pimentón, vino blanco o sal, aunque esté a su lado y la cocina mida 2,46 por 2,80, sin contar los muebles ni el lavavajillas, que parece que no, pero te estrechan mucho al pasar.

Con las manos.

Especialidad de la esposa de mi jefe, doña Lorenza. Es tal la rapidez de los hombros y el giro de sus dedos al hablar, que resulta inevitable que se quede en las manos con algún que otro sombrero o gafas de su interlocutor. Los turistas japoneses le hacen muchísimas fotos mientras explica a alguien de Burgos cómo llegar a la Estación de Autobuses.

En telegrama.

Bien mientras la gente no haga el calandria. Y lo explico: Muchos han terminado una frase con Ceda el Paso en lugar de Stop y el mensaje quedó como muy tontísimo.

Por Carta.

No está mal ahora que se viene usando el papel, porque lo del grabado sobre ladrillos se llevó un pico en hernias discales de carteros. ¿Y de propina, qué? ¡poco, muy poco! y en cuanto a las postdatas, algunas veces son indignantes, lo cual dejo claro en el siguiente ejemplo:

Un señor -desde Costa de Marfil- envía unas letrillas a su prima donde le indica la receta del mojo picón. Y en las dos últimas líneas, después de desearle lo mejor, le comunica: “He visto a tu marido con dos mulatonas saliendo del salón regio del hotel Montpensier. Así que, cuando llegue, no te creas nada de viajes por Gijón llevando muestras de pilas alcalinas. Por supuesto, de mi boca no ha salido ni un suspiro”.

Por teléfono.

Cosme, díctame el número de Maruchi, que tengo la cabeza loca. Nueve, nueve, sí, sigue ¿otro nueve? Ah, un nueve. Espera que empiezo. Nueve, seis, oich la uña. Espera, más despacio. Nueve, seis, cuatro, cero, me llevo una ¿no? Ah, pues en el colegio, yo recuerdo algo así. Espera, no te vayas, que tengo la vista del cerca muy astringida por las gafas nuevas. ¿Qué? ¿diga? Cosme, que tenemos un mensaje. Ponte y lo escuchas y me dictas lo que diga, que yo con las letras me entiendo mejor. ¿Incienso? ¿Desciendo? Ay, Cosme, que estás en tus cosas nada más. Déjame a mí. Cuelga. Deja que suene otra vez. ¿Diga? ¡Maruchi! Si te iba a llam… ¿Que se quema la casa y estáis todos abajo llamando? ¡Ay por Dios! ¡Cosme, deja el periódico y tírate por la ventana!

Por teléfono móvil.

Hola, Poncholi. Llevo la blusa verde porque la compraste tú en Cercedillas, pero no la verde limón que esa está muy vista ya. Si me quisieras, me llamarías más. Y tú, ¿cuándo terminas de barrer? ¿me pasas el mando, que esta ya la he visto? Ay, Poncholi, cabezón, echa la silla para el lado o apártate de la ventana mientras hablamos, y así detrás de ti veo cómo tiende la ropa Benita, la vecina. No, cuelga tú. Bueno, los dos al mismo tiempo. Tonto…

Por satélite.

Rodonostro Papagarovich, llamando a Base. Literalmente, lentejas quemadas, así como la parte trasera de la nave. Espero instrucciones. Cambio.

            Atención Papagarovich. No haga tonterías. Eche en agua la cacerola y por la tarde, con estropajo fino, sale fácil lo quemado. De la nave, a tomar por extranjis, que pagan los europeos esta misión. Les hace una ilusión tremenda. 


CULTURA PURA (1) ÓPERA.

2009/05/17

Ayer mismito estuve de nuevo en la ópera. Trabajaba mi primo Fonsito como levantador de tontos en sillas equivocadas y me dije “¡qué demonios!, lo mismo esta vez no me duermo”.

Después de ser levantado tres veces de mi asiento por mi primo Fonsito, la última vez con los dedos juntos diciéndome que se iba a chivar a su madre, me dispuse a leer el programa para no estar fuera de contexto en este tipo de espectáculos tan fáciles de seguir si pones atención.

Según el prospecto, la obra era de planteamientos sencillos y la música apoyaba en todo momento la acción con sugerentes líneas armónicas y cambios sutiles que anunciaban cuando se lavaban los dientes los protagonistas.

En efecto, la trama subyacente establecía el conflicto creado entre los seguidores del conde Corado, un malísimo ex vendedor de chalets que, caído en desgracia por vender pisos sin entrada, ni salida, ni ventanas, dejó de ser invitado a la Corte de su Majestad la Reina Monologgia III, una conversadora incansable.

Se apagaron las luces y, sin que yo pudiera hacer nada, se hizo la oscuridad.

De sopetón, una vez acuchillados todos los camareros de palacio, un aria nos avisó de que la princesa Unamihita Shalá estaba en peligro. Y no digo que el héroe, el príncipe Hibrahím Púber fuera sordo o estuviera dormido, pero ¡hijo de mi alma, con todo el patio de butacas gritando “cuidado, a tu espalda”, y dejarse acuchillar por Corado en pleno omóplato izquierdo…! Con el traslado de la princesa en un sofá de dos plazas, terminaba el primer acto.

El segundo tenía una desigualdad social como tema en sí mismo: Cuarenta minutos de tambores disconformes con el último reglamento de la declaración de la renta, frente a un duetto entre la reina, en su cuarto de baño, y la princesa, raptada, desde un pequeño apartamento de la última promoción de viviendas de Corado. Sesenta metros cuadrados, aseo, baño y cocina totalmente amueblada, decía el programa. El dueto dura seis minutos por falta de batería del móvil de la niña, insuficientes para localizar el paradero de la princesa antes de que su madre y la ópera acaben el acto.

En el tercer acto el príncipe es dado de alta en la clínica San AsanaCul Itoderana de la capital del reino y se lanza a salvar a quien haga falta. El coro le apoya a gritos y la orquesta toma un protagonismo inesperado: Sueltan los instrumentos y agarran estacas. Esgrimiendo en la otra mano sus escrituras de pisos baratos, se van todos a por el conde Corado, al que, en un siguiente escenario, se ve entregando las llaves ante el ilustre Notario don Luis Pello, interpretado por el autor de la ópera, Benedicto UnaKarta.

En un frenético final donde cantan todos, alguien se acuerda de la princesa y la salva. Una vez fuera, la apoteosis y cae el telón, que no recoge nadie.

Al tratarse de un teatro moderno, y para que nadie se quedara sin agradecer la obra, aplaudimos uno por uno al pasar delante del escenario y nos dejaron salir.


LA REVISTA.

2009/05/15

Desde principio de siglo (yo qué sé cual) la revista musical estaba bien organizada:

Entre música y plumas, bajaban primero los escalones las tontas del pueblo por si había cáscaras de plátano, o si la escalera estaba mal puesta y se podía acabar en la calle en lugar del escenario.

Acto seguido, entre música y plumas, rodaban las vedettes con sus zapatos engrasados por las tontas del pueblo, se levantaban y empezaba la primera canción pizpireta y picantona, con las dos primeras filas venga a llorar de risa por la pimienta en polvo de los ojos.

En las escenas donde salía el actor más gracioso, las coristas repartían números a los hombres para quedar a la salida o en los momentos de despiste de las esposas, que hacían bocadillos de salsa en los palcos o pelaban los pollos para la cena.

Tras el intermedio, a los que llegaba a lo justo alguna que otra bailarina que había dado los últimos números, empezaba el tercer acto, que contenía otros números, unos de acrobacia y otros de la rifa de la cesta. Aquí, el público participaba con los actores, disparando con buen ángulo desde platea; así quedaba más realista la escena de la matanza de filatélicos, un clásico en las revistas de mucho presupuesto.

La fama e influencia de las artistas de este género llegó a ser tan grande que tenían la posibilidad de cambiar Leyes Orgánicas, como aquella que obligaba al lanzamiento de ministros en salazón cada primer jueves de mes: Su tenacidad logró que fuera el último jueves de cada mes. Y en adobo.

Reyes, príncipes y nobles se rendían ante la fascinación de una de las más famosas vedettes,  Esmeraldita Seat Ustamp, de nombre artístico Pepa Fonseca Dora. Ella y su  madrina, doña Ursula Gartona, tenían ensayado que, al empujarlos, los potentados cayeran en posición comprometida sobre Esmeraldita, pagando pequeñas fortunas para no salir cada semana en otra clase de revistas diciendo ¡hola!, o cada diez minutos, en páginas con muchas fotos, casi sin lecturas.


CORTES DE CÁDIZ.

2009/05/04

Día Primero.

Con esa luz que hay, cualquier hora es buena para rodar escenas. En la primera, para no perder el tiempo, se empieza temprano, no más de las doce y cuarto. Estamos en la playa de la Caleta, estirando los moluscos. Se evita así que haya tirones, esa gente que tira cualquier pulpo porque esté agarrotado.

 Época: Justo después de la guerra contra los gabachos de Napoleón; la gente se entretiene barriendo cascos de lanceros y trozos de encaje blanco de los uniformes de los temibles dragones, aquí llamados lagartijas maricoides. El momento histórico en que se desarrolla la acción sería de infarto en cualquier sitio. En Cádiz es de sustillo. Describiremos personajes para saber luego quién habla y para qué habla.

 Todo el mundo paseando y haciendo planes.

Ambiente de trabajo.

Sólo ambiente.

Mientras se acaban de vestir los actores, una brevísima escena tópico-lugareña.

 GENTE DE LA CALLE:

¿Y tu niña, sigue teniendo el pelo lacio?

 MADRE DE LA NIÑA:

¡Uichh el pelo lacio! Con la de bombas que recogió, se le han quedado unos bucles lindos.

 Y ahora, a entrar en el hecho histórico en sí.

 PREGONERO:

¡Reunión en Casa Manteca,  reunión para lo de las Cortes. Se pone el vino. Llevar los pestiños!

 OTRA GENTE DE OTRA CALLE:

¿A qué hora?

 PREGONERO:

¿Tú tienes reloj?

 OTRA GENTE DE LA CALLE:

Poh no.

 PREGONERO:

Tonse pa qué habla, shavá.

 Era ése uno de los cortes de Cádiz.

 Día segundo.

A la taberna tasca Casa Manteca van llegando carros repletos de convocados. Algunas con bocados recientes en los muslos, porque aquí el tiempo se aprovecha.

La línea 1 de carros públicos, la principal, es la que presume de ir tirada por cuatro caballos cada coche. Desde dentro, los gaditas, mujeres y niños saludan a los que caminan a igual velocidad por las aceras hacia el barrio de la Viña para la gran reunión.

Pero a escasos metros se tienen que parar los caballos y bajarse todos del coche:

Hay un corte en la calle, en todo el centro, que ha partido al viejo Cádiz en dos.

 JEFE DE ALBAÑILES:

A mí al egirsio ese cabéih encontrao en un sarcófalo me parese lo suyo llevahlo pal museo, quillos, que allí vastá mejón el hombre.

 ALBAÑIL 1:

Si sabiérai hesho caso de lo que dije yo hase mé y medio, el egirsio estaría ya durmiendo la siesta adonde dise usté, mi capatáns. Pero hoy me da no sé qué de interrumpihle a este hombre, que parese metío en suh cosas y a mí no me guhta cortá a nadie en el descanso de su hogá, que eso e sagrao. Ademáh, eso de esperá sientipico de añoh hasta que se construya el museo lo veo yo de poca entidá, mi capatáns.

 JEFE DE ALBAÑILES:

Mira niñio, a mí un corte como ese se lo puedo consentí a mi suegra y las vese que ella diga porque vivo de balde en su casa, aquí serca por sierto, pero no te vaya a columpiá en demasía, porque te corto lah cuerda con loh insisivoh, ¿sstamoh dacuerdo?

 Dos horas sin que aparezca nadie. Aglomeración de gente para cruzar y llegar a la reunión.  Llega la alcaldesa.

 ALCALDESA:

Tú, Migué, tú, Luí, y tú, Juli, traerse los tré a tós loh del barrio que tengan barquitah y ya mihmo me pasái a la gente a remo pah lotro lao dando la güerta por la playa de la Caleta, que se noh dan lah tantah. Y dejarse de cortá el tráfico rodado, que según contrato, hoy leh toca trabajá a ustedes. Y no é fasi encontrá er día.

 Antes de que sea muy tarde, la reunión está preparada, por fin, con público. Con todo el aforo lleno y gente en los alrededores de la tasca, la bulla es de las grandes, porque muchos gritan, algunos a coro, desde el barrio de la Viña.

Comienzan las intervenciones.

 EL TOTI, pescadero antiguo, que sabe mucho de la tierra:

Pue asquí onde me véi, tengo yo la idea de lo mejón pa vestí bien é el corte de paño en según lo largo de cada uno. Y poquito señío der talle, que despué tiene siempre arreglo pa cualquier boda, y te dura la prenda media vida.

 CORO:

¡Elesuhcooneahí, Toti, planshaito noh ha dejao. Siempre, Toti!

 ALCALDESA:

Tome nota,  escribano, que tengo yo mú frunsidita la túnica prinsipá, la de inaugurá puenteh y el Toti sabe de lo que habla.

 EL MATRAQUI, cargador del muelle:

De corte de lú me tenéi hasta el sentro de gravedá. Si no se ve ná por la noshe, acaba uno hasiendo birlibirloque con lo primero que sencuentra a tientah, y vienen leyendah que no se nesesitan.

 CORO:

¿De qué te va quejá tú, Matraqui, que vive con tu mujén y tus cuatro cuñaítah solterah? Tú no tiene peligro de dá ningún paso en farso. ¡Ole siempre, Matraqui!

 ALCALDESA:

Escribano, aquí prudencia, y te sarta a la siguiente. Que ehtoh son cosah de familia.

 PICHANDRE, pintor de brocha gorda, conocida en todo Cai:

Poh voy por la calle Ancha, ¿sstamo?, ande veo una hembra rodeá, y con rasón, de prototipos de letreros que avisan de curvas peligrosas. Me echo palante. Le viantrá pa desirle dos piropasos de enjundia verdadera. Se vuerve y me suerta “¡No llevo suerto, agüelo, despué te doy argo!”

 CORO:

¡Ay, que ta vuerto a salí en pihama, cachatrihte. Ta vasilao la chavala, Pichandre, pero tú sigue en lo tuyo, que un corte como ese na má se lo dan a un figura!

 El organizador de la reunión comienza a pensar que todos los que han ido allí esta tarde no se han enterado de qué cortes son los que se iban a poner para debate y decisión final. Y la cosa sigue y la Alcaldesa tira el acta del escribano a la basura.

 COJONSITO, enfermera jefa del hospital de San Juan de Dios que ha visto nacer a medio Cádiz:

Me viene uno de frente, que había estao en el frente, con un corte en la frente. Cómo sería el corte que le pongo dentro toa la correspondencia del hospital, cartah ofisiales incluidas.

 CORO:

Má grande que tó, cojonsito, esoastao dehcándalo. ¿Tuvihte ojito de poné bien los sellos? ¡Mira que si recohen lah carta temprano y tiene que quedarse el hombre con lah devolusione entre las sejah! ¡Ole cojonsito!

 El organizador de la reunión ya no tiene ninguna duda respecto a lo que el chufla del pregonero ha dado a entender como tema del mitin. Se calla por prudente y porque quedan todavía dos barriles de vino. Piensa en que esta gente son como los que van saliendo de un tablao flamenco: salen, hacen lo suyo, la lían bien liada, le jalean y se echa paratrás, dejando paso al siguiente. Aquí hasta sin guitarra. La bulla está asegurada. Además, ve como la Alcaldesa está en un rinconcito perfeccionando el baile por tanguillos, con dos niñas del barrio jaleándola.

 SHOSHIPILI, Vendedora de fruta de la plaza central:

Me viene un gabashillo, uno de los que hemos dejao entrá y me pide melón. Le digo que lo vendo al corte. Duda y, mirando pa los laos, me hase un corte de manga mientra me dá er parné. Lo ven tré de aquí del barrio que venían de pescar, dejan las redes y lo ponen de lao de la cantidá de cates que le dan. El hombre, que no se entera el pobre, me pregunta qué ha hecho para meresé tó esoh bimbai. Ar finá le regalo el melón, que se la ganao, er poresillo.

 CORO:

¡Eso astao de quedarse sin seja, no te digo la Shoshipili, esohlomahgrande!

 Van pasando las horas. El convocante  suspira con cierta desilusión al ver vaciarse el último barril. La mayoría, por el suelo, ya está callado. La Alcaldesa, incansable, se atreve con las coplas más difíciles y se lanza por tientos. Tiene compás.

 CONVOCANTE, histérico perdido:

¿Vosotros sabéis que la reunión era para LAS  CORTES DE CÁDIZ?

¡Que la idea era ver cómo se gobernaba, pandilla gorfantes, y la que mabéi liao, que ya es casi de noshe!

 CORO, que se vuelve hacia el convocante haciendo callar un momento a las guitarras y las bandurrias:

¡Ah, ¿Eso de quién manda, cómo organisarse y las leyeh modernah?!

 CONVOCANTE:

¡Pueh sí señoreh, eso mihmo cachocanne con oho!

 CORO:

Eso fue ayé y yastá toscrito carahote, que hoy lostamo selebrando. Y si no, fíhate en la Alcarda, que no para. Anda titi, tómate una copita, del barrí escondío, que tiene vino del güeno, der de loh amigote.

 ¡Toma Cortes de Cai!


LA PORNOGRAFÍA.

2009/05/04

Dado lo extremadamente delicado del asunto a tratar, hemos decidido que este artículo esté compuesto en exclusiva por las opiniones, vivencias y declaraciones de los vecinos de nuestro pueblo, ante una sencilla encuesta realizada por la tarde. La firma nuestro reportero suplente, Policarpo Tingue.

 

1) Don Jorge Mido, filatélico de treinta y dos años. Soltero por Decreto Ley:

Era tempranito. Yo tenía seis años y un rafagaso de viento levantó las sayas a mi tía Nolasca. Vi directamente una superficie blanca y plana y lamenté que no estuviera sembrada. Me informaron a los veintidós años que era el culo de mi tía. Me dediqué durante un tiempo a la venta de solares.

2) Doña Teresa Olaotra, maquilladora. Fea (posmoderna) pero interesante:

Pues en yo viendo una revista de esas me se dio una angina, porque la gente no se pinta las uñas. Propuse calcetines azules en las escenas más atrevidas.

3) Don Atila Drillo, constructor, arquitecto y sopero mayor de Ávila:

En esas películas no se corresponden la proporción de algunos utensilios con las lámparas o las berenjenas. O hay truco o me injerto.

4) Anastasío Depronto, notario, sordo pero muy listo:

Me llaman para levantar acta cuando algo que se debe levantar no se levanta.

5) Srta. de Incógnito, a la que llamaremos señorita de incóñito:

Aunque me la dieran regalada, no vería yo una revista de ésas en donde la página siete se contradice con la seis, pues no puede ser que las dos mulatonas estén mejor peinadas después que antes del follón que lían.

6) Párroco de Rías Quespeor, pueblo galaico fronterizo:

¡Ay mi niño! No quiero esas pelísculas en la mi parroquia, que tenemos el vídio istropeadiño. Mejor en el casino, y trinco a todos después para una buena misa.

7) Alberto Canapias, padre de familia numerosa:

Yo no digo que no pongan pelis de tipo controvertido, sino que, por favor,  alguien le diga a mi señora que existen otras cosas además de las confrontaciones simultáneas, que me tiene esparraguito total.

8) Felipe Netration, profesional cotizado:

Pues que yo les doy lo que piden ¿no? O sea, que hay que de repetir y de repetir la escena, pues yo les digo, ustedes mismos. El año pasado mestuve en la playia con el esquipo de gisnasia femenino y a los nueve meses llamaron porque en Maternidad del 1º de ostubre daban volteretas veintidós recién nacidos. Es lo que tienen los potajes que mace mi madre.

9) Marilú Juriosa, reina del vaivén:

Yo, lo del porno, nosporná, pero es queslomío. Miusté, zeñó hombre, me mandaron  un batallón de infantería de la OTAN recién licenciado y acabaron con una pensión muy buenecita por invalidez permanente.

10) Pepita Silbido, diecinueve años, de la asociación Castidad y Geometría:

Pues yo no veo bien eso. No veo bien nada, porque mesanroto los antojos. Pero en que me ponga los cristales graduados, mi padre me rompe los lomos, pero ésta questaquí se va poné otravé siega de observá situasione inverosímile detalladas en las cosas prohibías de mi asosiasión, que, dicho sea de paso, se vai a tomá por el bujero negro.

11) Sor Presa Ibérica, abadesa de las Descalzas de un Solo Pie:

Pues no, no señor, esas doce que aparecen en el film “Sofocación en Maitines” no son de mi convento. Se nota fácilmente porque las mías no se quitan jamás la cofia, que la llevan pegada a la frente.

Tras mil y pico encuestas, de los ciento diez vecinos que quedan en el pueblo, hemos seleccionado las anteriores porque se entendía la letra. Nos fuimos, tras el trabajo, a una sesión de estristis que hacían las lagartijas en el sótano, por el cambio anual de pellejo.