Cambios.
Son los que proceden, los inevitables, los periódicos por estacionales, los esperados, los lentos pero seguros, los pactados con el planeta (con un contrato abusivo por nuestra parte); los que tienen que ser.
Pero este año se atascan.
El curso escolar no acaba de volver a empezar con buen pie porque los maestros no han sido por completo pisoteados. Las cosas a medias traen efectos negativos inmediatos. Se les conserva un hálito de dignidad y ahí están, reivindicando que se eduque y forme bien a los estudiantes. Esto no pasaría si se les militarizara, separara y aíslara antes del verano, cuando están cansados. Ahora no se dejan.
El atender en las consultas médicas no acaba de ponerse en orden. A qué puñetas seguir gastando el dinero en formar especialistas si los médicos de familia aún no limpian los cristales –cuestión de días- se lo llevan todo a la espalda. Aún respiran.
Los autónomos que pican como si fueran nuevos y trabajan a las administraciones no me redondean las estadísticas para juntar los cinco millones justos de parados. Se resisten y se ponen a chapucear para comer. Temo ver el tsunami de facturas sin pagar firmadas por mindundis oficiales.
Los políticos, los pobres, no dan el paso.
Veamos qué pasa. Qué falta para el cambio hacia la lógica y el sentido común. Aplicarlos, tal vez.
Las elecciones no capacitarán a los dirigentes para dar ese pequeño cambio hacia la claridad de las cuentas. Es que tiene guasa.
He pensado que, si las hacen con menos ceros y cifras, les van a salir más cuadradas. Tiene que ser eso. Empiezan por recortar con la venda en los ojos, como la gallinita, y al pollo que no pía, partida ganada.
El cambio hacia la transparencia de cargos, hacia la suma aritmética y real de los gastos superfluos, indecentes y mantenidos, se les atraganta a las criaturitas.
Vamos a la aceptación de que la solución pasa por hostigar al que no sabe cómo defenderse. Porque a ver quién le dice alguna vez algo a alguien que entra/sale de un jaguar negro, blindado y con chófer. Impresiona, qué quieren que les diga. Eso no cambia.
El cambio de la voz de niña a la de pollo tomatero de muchacho se notaba en los sepoctubres de los comienzos de curso. Nos disponíamos y poníamos a trabajar. Aquí se dejan pasar los meses y no se dice qué pasa con el derroche de cenas Reales y deudas imaginarias.
Difícil el cambio.
En fin,
Tengan todos ustedes muy buenos días.
Escrito por Gabriel