Motivo tengo para presentarLe quejas
en un papiro de reclamaciones,
a Quien dice querer con atenciones
infinitas a Su hijo y Va y lo Deja
al juicio y la merced de centuriones.
El alquiler de un local sin pago a tiempo,
sin licencia, sin IVA y al antojo
de unos mercas que vendían en Su templo,
provocó que me mandara al desalojo
y me excedí y le di a uno en un ojo.
Desde allí, al palacio de Pilatos,
me llevaron amarrado y con insultos
unos tipos barbudos y muy feos
que de hipócritas serían fariseos,
y que no contemplarían un indulto.
Y el tal Pilatos, a la hora del tapeo,
se lavó bien las manos, como el culto
romano irrenunciable del aseo.
Los trámites se atascaron, no sé cómo,
y pedí ayuda mientras regaba el huerto
a cubos, ni aspersión ni niño muerto,
y no acudieron ni Él ni su Palomo.
Acabé aquí de anfitrión con los dos brazos
abiertos y clavado en dos maderos,
con dos maderos dándome lanzazos.
Miro arriba y al Jefe me encomiendo
y en respuesta un subalterno rasga un velo,
manda truenos y hace temblar el suelo,
porque al Jefe Lo he pillado comiendo.
Así que me tragué el proceso entero.
Ascendí, esa es la verdad, por mis desvelos,
por méritos y, en las oposiciones,
obtuve tales calificaciones
que saqué mi plaza fija en pleno Cielo.
Y sin rencor, conviviendo en Trinidad
de calma chicha, cetro, corona y manto,
Les digo que, si Se aburren tanto,
Se vengan a Sevilla el Jueves Santo
para verme salir en mi hermandad.
Escrito por Gabriel
Escrito por Gabriel
Escrito por Gabriel