LA ROPA

2008/01/27

En su sitio.

Mira, Clara, yo solo. Ha sido como un pronto ¿no? Siéntate, siéntate, que te lo cuento. Pues llego del partidito, que, por cierto, hemos ganado tres a dos. Síííííí, ellos eran dos y nosotros tres, pero no me distraigas. Al entrar, llama el del Círculo de Lectores. Le digo que ya tenemos uno, que gracias. Voy a por algo fresquito y veo la montaña de calcetines marrones en el sofá. No paso de largo como tú dices, sino que me zambullo en el montón. Y vaya si he encontrado el mando a distancia. Menudo soy. ¿la ropa sucia del partido? Ah, sssí, debajo del sofá, creo. ¿Doblar los calcetines? Pues no, no se me ha ocurrido. Desde luego, le quitas a uno la ilusión de llegar a casa.

Recogida.

Que no… ¡qué va, hombre, por mí nadie va a saber lo tuyo con los números! te dejo Manolo, un abrazo. Nada, mujer, naaaaaada,… 71.000 euros, sí, de los seguros del suegro, si. Nooo, no los declaaaraba. Sí, en hoteles. ¡Síiiiiiii!, con Susana la enciclopedia, eso mujer, la volúmenes. No, no creo que vaya a prisión. No te pienso decir nada, Clara, así que no preguntes. Que ya voy a recoger la ropa y la llevo al cuarto de la lavadora. Ese cuarto, digo yo, será el de las latas de aceite y donde curo yo los chorizos, ¿no? ¿ves como sé dónde están las cosas?  Ahí la pongo toda.

Tecnicismos.

Ajá, la blanca con la blanca. La de color con la de color. Pero ¿qué color con qué color? A ojo, ya. Pues mejor pruebo y aprendo con la blanca. Lejía, pero poca. Suavizante, pero no antes. Está claro.  Se cierra y ya está. ¿Qué botón, el rojo? Pues no veo que ande. Menos gritos, qué quieres, no haberte puesto al lado de la aspiradora. Bajas por otras bragas y ya está. En la lavadora también hay un botón rojo. Bueno, le doy al que dice lavar bien. Oye, ¿no tarda mucho? ¿Me da tiempo a ver los goles?

Tras las máquinas.

¡Hay que ver lo que avanza la tecnología! Al centrifugar, la lavadora ha llegado hasta la misma puerta de la terraza, la criaturita. Bueno, abro y saco la ropa, que hace muy buen día y  da gloria tenderla. Vamos allá. ¡Este tenderete de plástico, ábrelo tú o lo tiro por la azotea!, ¡menudo pellizco! Pues parecía al revés. La ropa interior dentro, ¿no?, ah ¿fuera también? Cojo por ahí, pongo la pinza, sujeto la manga, no suelto… Bien, bien, ya bajo a pedirle al vecino que me la dé. Pues no ha caído a la calle. Ah, vaya que el viento sí la tirado a la calle al final. Como tengo que ir por el pan, aprovecho. Siento que esta cuestión de la ropa está bajo control.

Orden.

Sí, he sido yo: Me ha parecido conveniente un cambio en tu forma de guardar la ropa en los armarios. Para no liarte he puesto pegatinas indicadoras. Las toallas de baño hacen de guardapolvo para las chaquetas y abrigos; y las sábanas envuelven los pijamas, en una idea de finalidad parecida, según te indico en las notas adhesivas. Pues qué carácter, hija, con la voluntad que le he puesto. ¿Todo como antes? Pero si yo nunca he sabido como estaban antes. Qué genio. Por cierto, a ver si me encuentras el pantalón de deportes. ¿Qué sigue debajo del sofá? Desde luego, mira como eres de vengativa y rencorosa, hijamujer. Anda, termina tú, que voy a organizar la cena. Como yo no esté en todo, esta casa es un guirigay…

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