Reflexiones de un sábado por la mañana (X)

2008/04/26

El pe(d)o. Sin más.

 

Eufemismos conocidos: Pluma, pufo, chicharillo,… son muchos.

Algún micropoema: “Entre hemisferios feroces, sale a veces dando voces”. No atenderemos otros de mayor contundencia. El hecho, en sí, tiene la suya propia.

Sería difícil la recopilación de referencias culturales y casi imposible la enumeración de sus equivalentes sinónimos, tanto en España como Sudamérica.

El problema que vengo a plantear sobre él, ellos, los escapes airosos, es una mezcla no determinante de fases de desarrollo, cuestiones químicas y aspectos sociales.

En relación a su concepción, promoción y difusión, existen mil situaciones que lo elevan a la categoría de atentado social, rotura de inhibiciones en Consejos de Ministros, con posibles caídas de popularidad, o bien reconocimiento de cocidos bien aderezados. Animan bastante las expresiones populares como ¡Arsa!

Hay aspectos mecánicos, de colocación y ángulo, que distinguen al, por ejemplo, piragüista, del administrativo. Mientras que el primero se balancea con distinción, difundiendo su mensaje de manera uniforme, acostumbrado como está al aire libre, el segundo deja que la Naturaleza siga su curso, quizá aleatorio, y la propagación se realice sin consideración alguna en dirección a las mesas de los interinos, arrinconados en general en la sección de expedientes pendientes.

La Química tiene mucho que ver. Si somos conscientes del uso militar de muchos descubrimientos científicos, sería ingrato no reconocer cómo aumentó la eficacia del repelente para tiburones. Fue el día aquél en que Alenjandro Medario, jefe de sección de buzos de Galicia, se hizo una inmersión rodeado de escualos que, a la primera emisión personal de Alejandro, en plena digestión de tres raciones de lacón con grelos, huyeron al fondo del mar. Para no volver.

Se detectan problemas musculares de distinta índole gracias a la propulsión involuntaria. Pero resaltamos el más común, haciendo de camino un llamamiento tanto a la elegancia al agacharse a recoger algo, como al hecho de levantarse de un sofá de altura exigua. Es en este par de momentos donde se produce una huída, descontrolada, inesperada, sorprendente para todos los presentes, que destruye horas y horas de prestigio labradas sobre conversaciones intrascendentes, que en un futuro se relacionarán con unos centímetros cúbicos de metano y butano que escaparon de mengano, fíjate.

No dejan de merecer un espacio las (levemente ya citadas) cuestiones folclóricas relacionadas con nuestro asunto del día: Se citan tormentas, truenos en concreto, para su descripción en casos subiditos de decibelios. Se mencionan Juicios Finales, en casos de incapacidad respiratoria. Se mencionan los familiares del, aunque desconocido si hay más de dos, artillero que viaja en ascensor más de siete plantas.

Pero, sin menoscabo de lo citado hasta ahora, resumamos el evento, cuyo discontinuo proceder debería dar trabajo a logopedas de índole trasera, como un hecho universal, de dirección única, con distintos ritmos de salida (en tromba, siseante, fragmentado…) que no deja indiferente a nadie. De hecho, se dan casos en que el color rojo granate del rostro del emisor declara ante los demás al expropietario del colofón.

Tengan ustedes muy buenos días.

 

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SEÑORA DE LA HOZ.

2008/04/24

Si dedico seis letras a tu nombre,

vas de sobra: tú más no te mereces;

me reiré yo de ti muchas más veces

de las veces que tú intentas que me asombre.

 

 

Tú la ¡¿exacta, rotunda, imperdonable?!

Nunca llegas a herirme ni a asustarme,

ni siquiera tu amenaza a molestarme,

con el brillo sin limpieza de tu sable.

 

 

Pierde, toda, definitivamente,

la creencia de tu máxima importancia;

no eres más que pequeña circunstancia:

El final de la vida. Simplemente.

 

 

Ya sentada frente a mí, no tan altiva,

yo me avengo también a razonarte,

ojalá que con verdad y algo de arte,

el porqué de tu importancia relativa:

 

 

En principio, yo nazco despistado,

sin saber cómo me llamo casi un año;

hasta tú disculparás, pues no hay engaño,

en no estar por ti ese tiempo preocupado.

 

 

Imaginas que después te atenderé;

te equivocas: hago caso a una mirada

y te olvido mucho tiempo, créeme,

pues amé por una eterna temporada.

 

 

Y ahora, viejo, mi nombre ya en tu lista,

sabiendo que he buscado la belleza,

devuelto con hijos el favor,

a la Naturaleza,

no me asustas, muerte, fuera de mi vista.


DÍA DE REFLEXIÓN.

2008/04/24

Mi querido sobrino:

Tal como te comenté que esperaba, a los postres de la reunión familiar del sábado, he recibido la carta del hospital. Me citan para pasado mañana y, según hablamos, te ruego obres en consecuencia con mi hacienda en el caso de que sufriera algún percance del que no pudiera salir airoso.

Sin embargo, he de decirte que ayer domingo precisamente, vino a visitarme tu tía abuela, doña Ana Luisa, y se quedó conmigo a cenar tras una tarde muy entretenida que pasamos follando y charlando sobre nuestros amigos y antiguos conocidos. Es mujer aún muy de morder y sus nalgas provocan, al recibir unos azotes de ánimo, grandes carcajadas y frenéticos movimientos de la hembra que las pasea, tu tía, mujer de armas tomar donde las haya. Hasta tal punto llegaba su ardor que, creo que en su cuarto o quinto éxtasis, la dentadura le salió disparada por la ventana, dado que por la tarde sólo pongo los visillos para tapar el ardiente calor de la sobremesa. Y ni que decir tiene que, raudo y ágil, la recogí no sin antes reconvenir a mi pastor alemán, Gallardo, por tener que rescatarla de sus fauces.

Mientras aplicaba a continuación de nuestros escarceos un poco de agua fresca a mis pulsos, doña Ana Luisa bebía un té muy refrescante al que gusta de añadir poleo y menta, creo que en una juiciosa mezcla que aporta al cuerpo una sensación de frescura y ligereza.

Pero no dejes de sorprenderte, querido ahijado, a causa de las mujeres: No bien había salido de mi dormitorio tu tía abuela, se presentó en él nuestra ama de llaves, Bernardina, que ha nacido y crecido con nosotros como si de una hija más se tratara. Ella dispone de la casa y ordena y manda nuestras vidas sin que haya que haberle pedido cuentas jamás de falta o indiscreción. Pues bien, con esa sonrisa que Dios le ha dado, no tardó más de un minuto en desnudarse y, empujando a mis caderas con sus carnes de Rubens, llevarme de nuevo al lecho. Allí retozó con desmedida alegría, se nota cuando una mujer parece cabalgar sin bridas, agarrándose a lo que puede, lo justo para mantenerse sobre la silla. Sus abrazos fueron tan dulces que no pude menos que sumarme a su jolgorio y exclamar varias veces “¡Olé!” y “¡Bravo!”. Cuando sintió sus ansias calmadas, suavemente me besó, se vistió y salió de la habitación, no sin antes preguntar qué quería cenar. Le contesté que algo ligero, pues la comida había sido suculenta.

Te cuento todo esto, querido sobrino, porque, aún con la carta firmada que me cita como te decía para pasado mañana a las ocho y en ayunas, cada vez estoy menos decidido a operarme y hacer que me saquen el tubo de la bicicleta que se me incrustó por delante tras el accidente.

 


Reflexiones de un sábado por la mañana (IX)

2008/04/19

DESPERTARES.

Lo primero, clasificarlos:

(1) Presto ma non sufichentii: De localización lunática, hace recordar de un golpe los folios sin numerar que había que llevarse en la cartera para la reunión del inicio de la semana, prevista para las ocho. Va acompañado de un pie encajado en el cubo que no se quitó de en medio la noche del domingo, debido a la vomitona del niño. No tiene más efectos secundarios que tu mujer te pregunte tres veces lo mismo cada vez que la despiertas y que, al llegar, si llegas al trabajo, entres riñendo a todo el mundo, incluido el guarda jurado. Por la tarde, al volver a casa, juras que conectarás el despertador aunque sea lo último que hagas en la vida. Pero te quitas el pijama que no te dio tiempo, te relajas en el sofá, y se te olvida. Mañana será otro día.

(2) Sumo Tronanti: Tu mujer, tus hermanas, tu suegra, tus hijas, tu jefa de marketing y la dueña del bar, todas, te aconsejan los viernes por la noche que no te lances a por el tercer plato de judías blancas. La consecuencia es sonora y fomenta la soledad del despertar. Como cuestión colateral, recibes una llamada del Ministerio de Defensa para  investigar el posible uso de los gases nobles expandidos como repelente para ejércitos numerosos en espacios cerrados.

(3) Pastosso Tutto: Culpa de la botella del rincón. Sin las gafas del cerca, el líquido azul no parecía decir nada mal al ser mezclado con ron, coñac y esos caramelos líquidos de café con leche. Se caracteriza por el intento que haces de explicar los aspectos más sencillos de la cultura finlandesa, y así demostrar tu lucidez. El resultado se queda en la imitación de un cuervo masticando muchas peladillas.

(4) Enclenquii fláchito:  Tú has tenido una noche con de todo menos rezar el rosario y el niño se va de excursión el sábado a eso de las amanecidas; te pide que le ayudes a bajar la mochila. Te recogen de debajo de la mochila dos vecinos, más dormido que aplastado. Sus niños también van a la excursión. Agradeces a todos. Besas al conductor y estrechas la mano de tu hijo, aconsejándole prudencia en las curvas.

 

Hay algunas más. Pero fijaos en la mía de hoy:

Me paso la vida persiguiendo películas y libros. Había uno de Borges y las Matemáticas, que más de una vez se escapó de mis dedos. Anoche, al entrar, mi hija me lo puso en las manos. “Hace tiempo que no te regalo nada”.

Borges, Matemáticas… lógicamente, me he levantado con una sonrisa.

Tengan ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (VIII)

2008/04/13

AMOR Y PAREJA.

Viernes ya tarde, algo de alcohol, cena y teatro, amigos. Vuelta a las dos. Cansancio de cinco días, pasión guardada. Ataque mutuo. Ciclón de besos. Celebración. De camaradas. Sueño sin prisas.

Sábado pronto, acumulación. ¿Cuerpo despierto? Cerebro no. Beso postrero, recordatorio. ¿Lo mismo? No. El desayuno, el café caliente, reanimador. La ducha presta, no de los dos, por ir de compras y cuanto antes por la calor. Lavar la ropa, lámpara rota, arreglos, cambios, papeles viejos, tender camisas, falta un botón.

Comida platos, relajación. Planes de fiesta, gente, reunión. Me quedaría, solos los dos. Preferiría salir… mejor. Ropas distintas, preparación. Un libro mientras, en el sillón. ¿Blanco con negro, azul o marrón? Eso que llevas ¿es un blusón? Nada de eso, se llama top. En cambio tú, de charlestón. La moda cambia, para mí no. Pasan minutos, televisión, paso canales, la tres, la dos. Hay un partido, vuelvo al sillón. ¿Te queda mucho? Un minuto o dos. Salimos justo al marcar un gol. Llaman amigos, contesto yo. Que ya salimos por el portón. Noche de cena, ¿miradas? No. Al sentarnos juntos, no hay ocasión. Después hay cine o charla y alcohol. Regreso a casa: Nos dan las dos. Gana el cansancio. El sexo no. Sueño, reposo reparador. 

Domingo amigo, sin madrugón. Aunque dormida, a su edredón, sin avisarle, doy un tirón. Y a su pijama o su camisón. Vuelven los besos (sin el reloj). Llaman de nuevo: Contestador…

Recuerdo el lunes, primero yo. Y reconecto el despertador. La vida es ésto, arriba los dos. Baño sin prisas, paseo al sol. Viene la tarde, de digestión. Ordenar ropas, preparación. Lunes pendiente, organización. 

Noche, descanso, ensoñación. Beso, regalo, celebración. De ser pareja, de que estés cerca. Te quiero. Y yo.


SENTENCIAS

2008/04/08

Como no hay mal que cien años dure, matamos al brujo de la tribu, Karmelho Pichandre, dos días antes de cumplir un siglo. En nuestra aldea no soportamos la mentira y, mucho menos, la publicidad engañosa.

 Dime con quien andas y lo sabré.

 No por mucho madrugar llegas antes a despertarte.

 Quien ríe el último, suele llamarse de apellido Zoilo, Zapata, Zorzales,…

 A quien madruga, dile que vaya por churros.

 Más vale pájaro en mano que ballena en la espalda. Es mucho más estético.

 En el país de los ciegos, nadie lee los labios y los tuertos se hablan a gritos.

 Si de noche lloras por no ver el Sol, las lágrimas te impedirán ver cómo se ríen de ti, chaval.

Génesis 2.24: Y el hombre abandonará a su padre y a su madre, y a su tita Berta, y a su madrina Amparito, y a su abuela materna doña Carmen, y a su abuela paterna doña Constanza, y a su vecina Dolores, que lo ha tenido en su regazo, y a su hermana mayor Fuensanta, que lo cuidaba de chico… y se unirá a su mujer, que vive con su madre, doña Julia, y sus tías, doña Marcela y doña Engracia, y sus abuelas, doña Teresa y doña Piedad, y su hermana Rosaura, que se quedó viuda… y el hermano pequeño soltero, Tomás, que viene a comer… y serán un único cuerpo… poco más o menos.


Doña Petra. Contubernio.

2008/04/07

En la comisaría. Primera hora, nada más abrir al público.

 

-Buenas, yo mayormente vengo a poner una denuncia aplastante contra mi vecina, que la odio. Verá usted, creo que lo mejor será ponerle en antecesores de lo que ha ido pasando a lo largo de todos estos trienios; desde que se vino a vivir a nuestro bloque de diez plantas:

-Año 1.965; no interrumpa le pido, que es bueno saber los detalles: Se produce la su llegada a eso de las doce y diez de la mañana. ¿Cómo que de quién, so jilón? Pues de la objeto y provocante de mi anginaustias. Mire, sin ofender nada más que lo justo, no veo yo una disciplina adecuada en su trabajo.

Silencio incómodo.

-Bueno, pues sigo: Estaba yo entonces embarazada del todo de mi segundo, el Beni. Miro por la ventana y me mira ella, y, mire usted también, señor hombre, yo no sé qué me entró porcuerpo. Una de esas miradas retorcidas y giratorias, mientras los hombres de la mudanza intentaban meter el piano en el ascensor, recién instalado. Ahí tuvo que estar el originio de todo este sinvivir…

Algo más tarde, aún en la comisaría.

-Pues si van ustedes a tomar el cafelito, que horas son, yo les acompaño. Tengo siempre costumbre de beber algo a media mañana, por la hinchasión de la versícula. Eso desde que tuve a mi tercero, el Jasin. Sigan, sigan ustedes con la tostada, que yo pongo en orden cronoclínico lo que fue pasando:

-Año 1.980. Se vota el color del zórcalo de la entrada, ya saben, los plinplons. Yo dije, como presidenta en funciones de tarde y noche, que el marrón glasé clasístico seria muy de poner. Pues va ella y vota contra toda mi idea y suelta: “A mí ese color me da, de entrada, asco”. Se vuelven todos los vecinos de la reunión para mí, esperando que la arañe o la arrastre del moño por el parqué, pero les digo que, siendo ella calva, eso no puede darse como alternación que resuelva. Colorada de ira y ciega de no ver, dejé puesto ese mismo día mi cargo a disposición de la Junta de vecinos accionistas.

-Año 1981. Se presenta ella sola a presidenta con firma única mancomunada y sale elegida por mayoría obsoleta. Diez días estuve en cama y dos en el sillón que se abre y se pueden estirar las piernas hasta los tobillos. Una promoción a plazo de la Caja de Ahorros de mi barriada, por dinero a plazo.

-Año 2.003. Se casa su niña. Iba de linda como un planeta solar. Pero cuando vamos a tirarle arroz a la cara y los ojos, interviene la señora madre y me dice, temblando los rizos de su peluquín, que “nanai”, que en su casa hubo un disgusto horroroso con uno de Valencia, en una feria. Como yo en el bolso llevo siempre mi aspiradora, recogí hasta el último de mis granitos y me fui muy digna para mi hogar. Al no ser invitada al convite, no tuve ni que decirle que no iba a la mala pécora.

Con todo esto, ordenado por fecha de haber pasado, supongo que ustedes señores comisarios tendrán suficientes argamasas para incoar un expedible a cargo de mi vecina.

Yo no digo que le busque la perpetuada. Bien mirado, sus hijos están tan limpios como el primer día, y de su casa nunca sale una música que no sea homologada por las cuarenta pinceladas, ni con un volumen superior a 20 decilabios cúbicos. Pero creo que hablo de una serie de sucedidos que pondrían los pelos de punta a toda la familia de Espinete. Y todos sabemos que eso no es fácil.

Pausa y respiración profunda. De todos los presentes.

-Con todo lo que he puesto a disposición del Sistema Policelíaco, hagan ustedes una cuestión de seriedad juridicial y que vea yo cuanto antes el impreso para firmar; que esto no puede seguir así ni un minuto y medio más.

-Ah, que necesitan también la versión de ella y que se celebre un cabreo entre las dos… Bueno, pues ahora le digo a su chico que la llame y le diga que venga.

-¿Qué? ¿El nombre de ella?

-Pues ahora que caigo, no lo sé.