Reflexiones de un sábado por la mañana (LXVII)

2009/05/30

Factor. Proporción. Número y Personas.

 

Tengo guardado para toda la  vida un trozo de papel enriquecido por un artículo de uno de los grandes del periodismo. Concluye con un porcentaje, una proporción que relaciona los buenos con los malos. En su generosidad dice que, por lo menos, los primeros ganan por cuatro a uno.

Eso de “por lo menos” me lleva a pensar en un número que no se queda quieto, como los que se mueven con los corredores para pararse con ellos en la meta. Pero sin pararse.

Me fijo en la gente aunque la edad me vaya obligando a mirar cada vez más al suelo. Quizá por no tropezar, no sé si por sentirlo cerca y firme.

El caso es que mido en décimas de segundo las decisiones de tirar al suelo los envases, los papeles y las colillas. Ya vendrá alguien a recogerlos. Y aún menos décimas en ver cómo un conductor obligado a pararse insulta con las palabras más sólidas e hirientes. Y amenaza. Algunos cumplen la amenaza. Se cumple un ritual de compensación, de equilibrio, gracias a la barbarie. Se reordena la proporción entre personas que ayudan y las que destruyen. No me atrevo a decir en qué relación.

¿Hasta qué extremos, si vivimos con apuros, tenemos la autoridad para romper la baraja y procurar que el que tenemos al lado también sienta dolor? ¿Es que ese número bailón incansable no se puede quedar quieto y avisar?

Las caras que observo, de paseo o cuando voy a trabajar no parecen preparadas para sonreír como respuesta inmediata. Me dicen los viajeros que en la India la sonrisa es gratis, sin necesidad de invitación. Allí, muchísimos no tienen nada y temo que el rictus de resignación se les haya congelado. Aquí muchos de los que tenemos algo queremos más, nos seguimos mirando en los más agraciados, los de la televisión y las revistas.

Gracias a tener juguetitos para ostentar, marcas para mostrar y niveles de palco y suites de hotel, nos dejamos clasificar y clasificamos. Y la proporción entre los que ayudan, al menos con lo que les sobra, busca un número que sólo es exacto en un instante, el que define cuándo empezamos a ser buenos. Se obtiene mediante una fórmula de cálculo terrenal manejada desde el Cielo y el Infierno al mismo tiempo.

El número se abre paso como un río de lava entre las rocas más tiernas. Igual quema flores que ilumina su camino. El número se ajusta con sus decimales para dar el balance de las personas, de las almas. Perdón: De las almas de las personas.

Y después se viene a lo concreto.

Y mide el miedo de cada momento.

Y dice: ahí están los sueños ya hechos.

Sin saber en qué cálculos nos perdimos.

Quizá sea bueno pararse para ver cómo, en su infinito baile de dígitos cambiantes en el aire, se escribe sin parar un número del abismo, el que nos separa de ayudar o volver la cara y se acerque o no a esas cifras de las que hablaba el gran maestro.

No me atrevo a decir que cumplo con la proporción del número imposible. Pero ya sé algo: No rectifico el artículo mágico, sino que digo que el número no es único para todos. El número nos marca con nombre propio: Es el número de cada uno. Y necesitamos que informe de una proporción donde el egoísmo, ese numerador que se expande, no crezca y, al dividirlo por la única constante verdadera, la dignidad de los demás, la fracción se haga pequeña, muy pequeña.

Bien podría ser el factor humano el nombre del numerito del que llevo hablando hace unos renglones. Quizá haya mucho más que decir de él. Entre otras cosas, que la hipocresía no nos lo presente con ningún redondeo. Queremos verle todas las cifras.

 

Tengan todos ustedes muy buenos días.


COMUNIDAD. REUNIÓN URGENTE.

2009/05/29

La gente corre para sentarse en las sillas de plástico, enea, hierro y madera colocadas delante de la mesa, donde el presidente y el secretario tienen preparado el orden del día.

Una vez los vecinos propietarios se han acomodado, la mayoría en el suelo, da comienzo la reunión.

El presidente se levanta y dice:

-Con la venia, paso a mi sesión de preguntas. La primera es fácil, para entrar en materia:

Punto 1) ¿Quién se mea por norma los martes por la noche en el ascensor número dos? Dejo abierta la respuesta y propongo las siguientes medidas:

1.1. Hacer guardia.

1.2. Tomar fotos con cámaras ocultas, desde distintos ángulos.

1.3. Amenazar a todo el mundo. Si el meón es pusilánime, cantará.

1.4. Mearse todos, por turnos, por lo de la privacidad. Todos tenemos derecho.

Aplausos y murmullos de “siesomona, cachocabrí y mupuerquízimo”. Se vota que se voten las distintas opciones y sale la opción dos. Se hará una próxima reunión donde se traerán presupuestos de cámaras ocultas.

Punto 2) ¿Quién aprovecha para freír patatas, churros y picatostes en cuanti que se tienden las sábanas en los pisos altos? ¿Por qué se sacan las freidoras a la ventana?

Propuestas:

2.1. Cambiar el aceite una vez al mes.

2.2. Cambiar de dieta.

2.3. Cambiar de país.

Punto 3) Muy delicado. Recibido en caída, con el botón fijo en “Max”, un vibrador en la terraza del piso primero. Se pone primero en mi conocimiento, más tarde en esta bolsa de plástico transparente y finalmente aquí, a la vista pública.

Propuestas:

3.1. Sorteo del utensilio, en perfecto estado según parece, entre los propietarios al corriente de sus cuotas.

3.2. Demostración previa práctica de funcionamiento, o bien enviar circular de uso.

3.3. Felicitación en acta a su propietaria original.

3.4. Compra de viagra al por mayor, dadas las circunstancias.

Punto 4) Bolsas de Basura.

Propuestas:

4.1. Ver catálogos, formas y colores. Enviar circulares de uso.

Punto 5) Grave. Las grietas en las fachadas.

Propuestas:

5.1. Prohibido asomarse a la calle por ellas.

5.2. Ponerles marcos y cristales, ya que no hay ventanas.

5.3. Ponerles persianas.

5.4. Ponerles ladrillos, según proyecto original.

 

Ruegos y preguntas.

“Que la Paqui Sierra cierre su ventana cuando chilla con el marido o salto por el balcón, la cojo de los pelos y la tiro a la Bahía, junto al embarcadero, en la parte que cubre”. Recogida por doña Lola Drido, madre del marido de Paqui Sierra. Se recoge en acta pero no se vota.

“Que se coloquen pequeños campos de alto voltaje, invisibles para el del inapropiado mingitorio, al cual, en sus verendas partes, le sean provocados intensos calambres mientras realiza aguas menores, por el sencillo motivo de ser la orina un magnífico conductor”. Realizada por Pepe Pitoria, el ingeniero del ático, quien se regocija en la cuestión. Se traduce en acta como “instalar cosas que den chispas al meón en tó los guevos”.

Sin más que añadir, se levanta la sesión y la gente del suelo.

-Hasta la próxima, -dice el presidente al recoger vacía la bolsa de plástico que contenía el proyectil -con pilas- estrella de la reunión.


FÚTBOL. CRÓNICA.

2009/05/28

Saca de centro nuestro delantero centro. Nos la quitan y gol del equipo visitante.

Visto lo visto, intentamos jugar con tres balones tras el nuevo saque de centro. El árbitro nos pilla in fraganti y concede otros tres balones al conjunto adversario. Será mala suerte o la dejadez, pero nos encontramos con que nuestras pelotas están pinchadas de fábrica; en cambio, sus delanteros consiguen otros dos goles, que podríamos llamar, sin temor a equivocarnos, simultáneos.

Nuestro media punta se acuerda por fin de su aniversario y del nombre del restaurante y se va a la banda para reservar. “Si no lo hago ahora, con tiempo”, dice, “después del partido no encuentras sitio en ningún sitio”. Pide permiso al árbitro y se incorpora al juego, justo a tiempo para recoger de su red el cuarto gol de los ya conocidos como “ellos”.

Cumplido el minuto diez, nuestro altísimo defensa central, en un saque de esquina, remata de cabeza de modo impecable, ganando la acción por alto. Un paradón de nuestro portero evita el quinto gol en nuestra contra, que sería llamado “en propia meta”.

Si en el reglamento hay vacíos legales, no hay ilegalidad. Se pide, por tanto, un tiempo muerto y se nos concede. Nuestro defensa libre insiste en beber el agua muy fría y sufre una descomposición instantánea, la conocida como “apretón”. Cuando vuelve, nadie acepta su apretón de manos. Es más, al volver, se sienta en el banquillo tras comprobar que le hemos sustituido por un segundo guardameta que colaborará con el titular en las tareas propias de cualquier portería, como sacar la basura o repetir chismes.

El juego prosigue.


CULTURA PURA (2). MATEMÁTICA BÁSICA.

2009/05/24

Primer día de clase.

-Ragazzo, ¿e tú, cómo te llamas? Ragazza, ¿cómo te llaman?, etc.

Respuesta unánime: ¡Por el móoooovile, profesori!

Llulio Prebendi, que dejó su puesto en la Delegación de Educatzione, ha vuelto a la enseñanza tras veintidós años en un instituto de Milán. Le asignan matemáticas elementales. Acepta el puesto y sale de la cárcel. Ya pagará poco a poco el desfalco.

-Abrid los liboros. ¡No, no, no, ragazzi! El liboro es questo; ajá, lo que tiene molto papelonnis sujetos en el interiore. Fora video. Bene, bene, tutto fantástico.

Presentazione y Andiamo al laboro.

-He oído parlare molto al respecto de vuestra grande falta de educatzione. El primero que diga o haga tonteri, e morto, ¿capicchi? Tengo multiexperiencia y parecerá un acchidente clamorossi. Vamos a la página dil número raccionalli, vulgo quebratti.

-Tú, Parmesanni, lee alto y claretti.

-Tenemos una piscina con cuatro cadáveri recién fusilatti por algún pequeño problema o inchidente imperdonábile. Y sólo tres automóvili para el suo transporti a la fossa veintisái, para el enterramienti clandestinni. ¿Qué solutzione parecería la más sensata e fáccile para la acomodatzione de los fiambri?

-Tú, Alexandra Polimarotti, da la respondona correcta:

-Bene, profesori. E importante il fraccionamientti tutto por iguale del tronqui. E la parte má difíccile para la buena reparticcione. Resuelto el troceatti, la nostra habilidade debe ser suficcienti como para poner, un ejempli, chinque cuarti de cuerpi grandi en el primer maleteri, tres o cuatro cuarti en el secondo, y así suchesivamenti, mediante una labori sensata de encajamiento di cuerpi. Resulta fáccile, si se presta la debida atenzione.

-Graccie, Alexandra. Nuestro secondo problema relaziona con la multiplicanzza. Página penúltima de la primera puntatta. Lee, perfavori, tú, Stéfanno Astracanazzi. Y guarda el túo pugnale al otro lado dil pantalonni, pues asoma por el bolsilli y fan morti los túos chinque últimos compañeri di pupitri.

-Bene, profesori. La relatzione prechio/calidade e una grande preocupatzione. Un buen capo, responsabile, va y contrata a una pícola banda para asesinamento en boda de pueblo de la Toscana. Se facen presupuesti y se llega a un acuerdi, má cuando se quiere cobrare, el encargatti diche “Excusi, ma algunos gastos de la operazione se han multiplicato”. ¡¡Porca miseria!!, trona il capo encargatore di la matanzza. ¡¡Má que merdicuenta, qué posibilitate puede haber para futuro laborale di la juventude matona, si no sabe realizzare un buen presupuesti ajustatti, un mínimo ajusti di cuenta, Madonna!!

-Responde tú, Caloggero Matanzzari.

-Bene, profesori. Por aluzioni, puesto quel mío padre fue el encargatti de la compra di bala. Si originalementi se piensa en cuarenta o chincuenta comensali máxime, se facce una provisione balística (o munitzione, non e differente) de un chienti cuarenta perchento o algo más piu de sobranti. Pero, ¡corpo di Baco!, en la Toscana el factore gorroni ha hecho saltare en multipedacchi toda previsione prudente. Hubo que facere acopio a última hora de proyectile extra, tanto que se ha multiplicatti por dúe la cantidade inicchialli.

Suena el timbre.

-Para domani, preparazione dil capítulo siguiente, donde se indica cómo la matemática sensilli é fundamentale  al declarare al Tribunale cómo han succhedido los aconteccimienti. Tened sempre preparatti una buena parábole. Non olvidare y ciao.


FORMAS DE COMUNICACIÓN.

2009/05/23

A grito pelado.

No sabemos si tiene la patente, pero mi tía Adoración lo emplea como nadie: Por ejemplo, en la intención de que su casa parezca más grande, con un trueno chirriante le dice a su niña Mari Nieves que le traiga un poquito de pimentón, vino blanco o sal, aunque esté a su lado y la cocina mida 2,46 por 2,80, sin contar los muebles ni el lavavajillas, que parece que no, pero te estrechan mucho al pasar.

Con las manos.

Especialidad de la esposa de mi jefe, doña Lorenza. Es tal la rapidez de los hombros y el giro de sus dedos al hablar, que resulta inevitable que se quede en las manos con algún que otro sombrero o gafas de su interlocutor. Los turistas japoneses le hacen muchísimas fotos mientras explica a alguien de Burgos cómo llegar a la Estación de Autobuses.

En telegrama.

Bien mientras la gente no haga el calandria. Y lo explico: Muchos han terminado una frase con Ceda el Paso en lugar de Stop y el mensaje quedó como muy tontísimo.

Por Carta.

No está mal ahora que se viene usando el papel, porque lo del grabado sobre ladrillos se llevó un pico en hernias discales de carteros. ¿Y de propina, qué? ¡poco, muy poco! y en cuanto a las postdatas, algunas veces son indignantes, lo cual dejo claro en el siguiente ejemplo:

Un señor -desde Costa de Marfil- envía unas letrillas a su prima donde le indica la receta del mojo picón. Y en las dos últimas líneas, después de desearle lo mejor, le comunica: “He visto a tu marido con dos mulatonas saliendo del salón regio del hotel Montpensier. Así que, cuando llegue, no te creas nada de viajes por Gijón llevando muestras de pilas alcalinas. Por supuesto, de mi boca no ha salido ni un suspiro”.

Por teléfono.

Cosme, díctame el número de Maruchi, que tengo la cabeza loca. Nueve, nueve, sí, sigue ¿otro nueve? Ah, un nueve. Espera que empiezo. Nueve, seis, oich la uña. Espera, más despacio. Nueve, seis, cuatro, cero, me llevo una ¿no? Ah, pues en el colegio, yo recuerdo algo así. Espera, no te vayas, que tengo la vista del cerca muy astringida por las gafas nuevas. ¿Qué? ¿diga? Cosme, que tenemos un mensaje. Ponte y lo escuchas y me dictas lo que diga, que yo con las letras me entiendo mejor. ¿Incienso? ¿Desciendo? Ay, Cosme, que estás en tus cosas nada más. Déjame a mí. Cuelga. Deja que suene otra vez. ¿Diga? ¡Maruchi! Si te iba a llam… ¿Que se quema la casa y estáis todos abajo llamando? ¡Ay por Dios! ¡Cosme, deja el periódico y tírate por la ventana!

Por teléfono móvil.

Hola, Poncholi. Llevo la blusa verde porque la compraste tú en Cercedillas, pero no la verde limón que esa está muy vista ya. Si me quisieras, me llamarías más. Y tú, ¿cuándo terminas de barrer? ¿me pasas el mando, que esta ya la he visto? Ay, Poncholi, cabezón, echa la silla para el lado o apártate de la ventana mientras hablamos, y así detrás de ti veo cómo tiende la ropa Benita, la vecina. No, cuelga tú. Bueno, los dos al mismo tiempo. Tonto…

Por satélite.

Rodonostro Papagarovich, llamando a Base. Literalmente, lentejas quemadas, así como la parte trasera de la nave. Espero instrucciones. Cambio.

            Atención Papagarovich. No haga tonterías. Eche en agua la cacerola y por la tarde, con estropajo fino, sale fácil lo quemado. De la nave, a tomar por extranjis, que pagan los europeos esta misión. Les hace una ilusión tremenda. 


Reflexiones de un sábado por la mañana (LXVI)

2009/05/23

Armonías. Conflictos.

 

Tenemos la costumbre de organizar lo que aprendemos. Del misterio, pasamos al conocimiento y luego viene el dominio de cómo funcionan muchísimos mecanismos. Para mí, lo que falta es esa pizca de magia que nos lleve a la sabiduría.

¿Que cuál es ese ingrediente? La armonía, sin duda.

Y, como siempre, reconozco más preguntas que respuestas. Muchas más.

Además, ¿y si las preguntas que me hago, pregunto, las hago porque son las que haría quien ha nacido donde yo y crecido como yo? Otros harán otras y así, atomizando, me temo que cada uno tiene su universo creado en la cabeza y poco más podemos esperar.

Si pienso así, hemos avanzado muchísimo, evolucionado de forma maravillosa y ahí están los adelantos técnicos para demostrarlo.

Adelantos técnicos que disfruta uno de cada siete u ocho seres humanos.

Adelantos técnicos que necesitan siete u ocho seres humanos bien jodidos, sin futuro, para extirpar de su terreno, su tierra llamada Estado para poderla vallar, el silicio, el carbono, el petróleo… para sacar adelante nuestros adelantos técnicos.

Y por mi intento de salir con coherencia al buscar armonía, siempre acabo en la utopía.

¿Cuántas veces vamos a reinventar el sistema que sabe que mantiene la humillación de millones de seres humanos?

Y, claro, la pregunta anterior me lleva a la de siempre:

¿A qué nivel de vida estoy determinado a renunciar?

Hoy no quiero cinismos. No hago nada más que asquearme al soltar un euro en un semáforo. Inventamos la caridad y necesitábamos al menos a un pobre para ejercerla. Hemos creado millones y siempre habrá alguno de guardia.

¿Es posible una economía que evite la miseria?

¿Hay recursos para que la población mundial no pase hambre?

¿Se plantean los conflictos para que uno se haga el árbitro mundial, diga quien sí puede matar con bombas atómicas y quien no, pero pueda mantener su estatus de país que esquilma a otros?

¿Qué juego macabro desempeña el ser humano en este planeta? ¿Somos una especie sublime o demoníaca?

Sólo encuentro mecanismos para el control de las grandes masas. Unos nos contentamos con maquinitas que nos muelen el café y otros con beber agua limpia una vez al día. Los primeros exigimos además que funcione la antena parabólica, que para eso lo pagamos y nos echamos a la calle si nos bajan al equipo a segunda división. Los segundos esperan que nos sobre agua embotellada y haya alguien con ganas para llevársela.

¿Nos obliga el mantenimiento de nuestros estados desarrollados al conflicto constante?

¿Qué se dicen los mandatarios en las reuniones?

¿Qué ocurre con las tribus que fabrican machetes oxidados y se matan con kalashnikov recién hechos?

Que nuestra armonía proviene de sus conflictos. Que si los dejáramos pensar, rehacerse con sus recursos y crecer en su sabiduría, no de la nuestra impuesta, competiríamos en una mínima igualdad de condiciones.

No tenemos esa Valentía.  No nos atrevemos al borrón y cuenta nueva.

Escribo desde un modelo maravilloso de ordenador y se me cae la cara de vergüenza. No es que sea mucho. Creo que no es nada. Sin peros.

De todos modos, tengan ustedes muy buenos días. 


CULTURA PURA (1) ÓPERA.

2009/05/17

Ayer mismito estuve de nuevo en la ópera. Trabajaba mi primo Fonsito como levantador de tontos en sillas equivocadas y me dije “¡qué demonios!, lo mismo esta vez no me duermo”.

Después de ser levantado tres veces de mi asiento por mi primo Fonsito, la última vez con los dedos juntos diciéndome que se iba a chivar a su madre, me dispuse a leer el programa para no estar fuera de contexto en este tipo de espectáculos tan fáciles de seguir si pones atención.

Según el prospecto, la obra era de planteamientos sencillos y la música apoyaba en todo momento la acción con sugerentes líneas armónicas y cambios sutiles que anunciaban cuando se lavaban los dientes los protagonistas.

En efecto, la trama subyacente establecía el conflicto creado entre los seguidores del conde Corado, un malísimo ex vendedor de chalets que, caído en desgracia por vender pisos sin entrada, ni salida, ni ventanas, dejó de ser invitado a la Corte de su Majestad la Reina Monologgia III, una conversadora incansable.

Se apagaron las luces y, sin que yo pudiera hacer nada, se hizo la oscuridad.

De sopetón, una vez acuchillados todos los camareros de palacio, un aria nos avisó de que la princesa Unamihita Shalá estaba en peligro. Y no digo que el héroe, el príncipe Hibrahím Púber fuera sordo o estuviera dormido, pero ¡hijo de mi alma, con todo el patio de butacas gritando “cuidado, a tu espalda”, y dejarse acuchillar por Corado en pleno omóplato izquierdo…! Con el traslado de la princesa en un sofá de dos plazas, terminaba el primer acto.

El segundo tenía una desigualdad social como tema en sí mismo: Cuarenta minutos de tambores disconformes con el último reglamento de la declaración de la renta, frente a un duetto entre la reina, en su cuarto de baño, y la princesa, raptada, desde un pequeño apartamento de la última promoción de viviendas de Corado. Sesenta metros cuadrados, aseo, baño y cocina totalmente amueblada, decía el programa. El dueto dura seis minutos por falta de batería del móvil de la niña, insuficientes para localizar el paradero de la princesa antes de que su madre y la ópera acaben el acto.

En el tercer acto el príncipe es dado de alta en la clínica San AsanaCul Itoderana de la capital del reino y se lanza a salvar a quien haga falta. El coro le apoya a gritos y la orquesta toma un protagonismo inesperado: Sueltan los instrumentos y agarran estacas. Esgrimiendo en la otra mano sus escrituras de pisos baratos, se van todos a por el conde Corado, al que, en un siguiente escenario, se ve entregando las llaves ante el ilustre Notario don Luis Pello, interpretado por el autor de la ópera, Benedicto UnaKarta.

En un frenético final donde cantan todos, alguien se acuerda de la princesa y la salva. Una vez fuera, la apoteosis y cae el telón, que no recoge nadie.

Al tratarse de un teatro moderno, y para que nadie se quedara sin agradecer la obra, aplaudimos uno por uno al pasar delante del escenario y nos dejaron salir.