INSPECTOR NILLO. Un caso del tirón.

2009/06/08

El inspector Nillo, Néstor Nillo, tenía al fin un día libre en 2009, tras archivar personalmente más de la mitad de los tres casos que le habían encargado ese año. Estaba agotado.

Caminaba contra el viento con su gabardina, su seña de identidad, doblada en dieciséis partes. Dobló con menos esfuerzo una esquina y, de súbito inmediato y repentino, de entre la multitud surgió un grito que decía “¡Cójanlo antes de fin de año!”, proferido al mismo tiempo (Nillo se dijo que al unísono) por dos mujeres maduras las cuales habían sufrido, las dos, un tirón: La primera en el deltoide, un músculo poco popular, y la segunda en su bolso. Las dos lamentaban su descuido y soltaban las correas de sus perros para gritar en un tono más agudo.

Mientras, el motorista tironero, ladrón y canalla, al que para referirnos en adelante llamaremos “el malo”, terminaba la acera de la calle “Bosquejo” y enfilaba la avenida “Apuntes”, con el doble de carriles y mucho mejor asfaltada.

Pero nada sabía “el malo” de su futuro inmediato, que sin menoscabo llamaremos futuro instantáneo, o incluso como mencionan otros autores, nada sabía del “ya” que se le venía encima. 

Si bien Nillo no pudo driblar, esquivar sería más correcto, los cuatro perros liberados –y agradecidos- de sus dueñas (una dueña de tres, la otra de uno) que se lanzaban a su merienda, aprovechó el tirón y dio un tirón a las correas para intentar trincar al del tirón inicial (no hay que perderse). Pero los cuatro perros tiraban y –si ello es admisible- Nillo respingó. Es una reacción natural, parecida al frenazo en seco, tras la que Nillo soltó su gabardina. Ésta, libre de presión, ondeó al viento –que, si me permite, huracaneaba a ratos- al principio como un pañuelo, y después como una vela mayor desplegada a todo trapo no más doblar la esquina de “Apuntes” con la avenida “Esquema”.

Acháquese a la dirección del viento y su fuerza, el respeto a una docena de semáforos en rojo… El caso es que “el malo” en su huída se encontró de frente con la gabardina de Nillo. Según se le echaba encima, “el malo” hizo excelentes movimientos metiendo las mangas, con gran coordinación para ponérsela sobre la marcha, pero no pudo ser: No contaba con la capucha, modelo juvenil, que le tapó la cara.

“El malo” se estampó contra un buzón de correos que vomitó cartas recién tragadas, así como algún impreso de los que había engullido esa misma mañana.

Nillo, con su mano libre, recogió la gabardina, el bolso, las cartas y “el malo” del suelo. Agradeció que llegaran las dos loros para recoger los perros y el bolso y dio un tirón de orejas a “el malo”, que en un gesto que le honró trasladó al inspector Nillo a la comisaría montándolo detrás. Quedaba cerca de allí, en la avenida “Sinopsis”.

Cuando el inspector Nillo descansa, su gabardina lucha en su lugar. Una muesca más en su leyenda.

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