Cultura Pura 3. El teatro.

En el futuro el arte vivirá de las ansas de soñar y perder el miedo al instante, a la cercanía del gesto, de la posible improvisación… o sea, del teatro.

Duras giras por provincias, temporadas malas, “no hay billetes”, cercanía del público, improvisaciones… magia.

No, si no te digo yo que no… Pero, ¿y el principio?

Como casi nadie sabe, al principio el teatro era sitio de reunión, en Roma y Grecia, para hablar de cosas serias. Pero como iba mucho el legendario Bromius, y decía muchas cosas de guasa, surgieron las comedias, donde el hombre, si es que estaba sembrado, jugaba con las palabras hasta romper de risa las cinturas, haciendo caer los centuriones. Por ejemplo, a los que preguntaban “¿cuanto falta para que acabe la comedia?”, respondía “¡Pues como media comedia si Júpiter no lo remedia!” Al mes siguiente, a Bromius se le cayeron del casco unas medias junto al pretor que se sentaba en el medio, y se supo que Bromius pasaba por medio de la esposa del pretor en los intermedios de la comedia. Al final, con una espada mediana, le hicieron la raya en medio, en medio de la plaza, a eso de la una y media, tras terminar la comedia.

En nuestros días es distinto: No hay inclemencias porque en los teatros casi no llueve, a menos que la acción se desarrolle en Londres.

Hay pueblos con costumbre de teatro muy arragaida, aunque muy especializada también, habiéndose llegado a las siete mil seis representaciones de ¿Dónde se esconde el bedel?, de don Eugenio Mas y Masaún, habiendo días que, Víctor Nasol, el que hace de bedel, de lo bien que se esconde, ya ni iba a la representación y aprovechaba el tiempo para estudiar sus oposiciones a bedel.

Está por méritos propios y huida de los demás el teatro conceptual y simbólico, pleno de sutilezas con obras alejadas de los sainetes, obras donde mueren todos varias veces sin dejar de decir que la vida consiste en saber llevar un sombrero de ala ancha.

Ha habido grandes actores y actrices, que cosecharon éxitos y echaron una mano en la cosecha de la cebada, muy trabajadores y serios. Era de destacar después, en la función, el estilo con que recogían un pañuelo de seda del suelo utilizando el azadón. Se aplaudía horrores desde la segunda fila. O cuando, en una escena de pasión, la heroína romántica salía montada sobre su futuro suegro al alegre grito de ¡Iiiiiiejjjeeee Lucero! mientras éste le negaba el amor de su hijo. El teatro se venía abajo y algunos se salvaron al no haber puertas.

Si el lector, persona menos dada al rigor con que exponemos nuestro artículo, desea un nivel más cercano a la divulgación que a la información exacta, bien puede dirigirse a la Enciclopedia Británica, o bien a la puerta izquierda del Gran Teatro Falla de Cádiz, en la que Braulio, un portero de categoría, le contará lo bien que se pasa en el teatro y algunos chistes verdes.

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