Grandes Cocktailes (1).

París, enero de 1927. Embajada de Chirmenia.

Invitados: Personal diplomático europeo y don Jacinto Madrigales, de Albacete, premiado por Galletas Crujechoc, al que echan a la calle al cuarto de hora, justo cuando llega alguien que es alguien.

A destacar en el vestuario: la habilidad de la encargada del guardarropa: No perdió ni uno de los 81 sombreros masculinos negros de copa iguales ni intercambió ni uno de los 81 femeninos de fieltrigasa de color verdazulón con tonos morados. Eso sí: tiró una boina a la basura.

Como maestra de ceremonias actuó Florinda Charlton, famosa por sorprender desde detrás de las cortinas con sonrisas histéricas a cualquiera que se acercara a la mesa del ponche.

Animaba para el baile y ambientar la fiesta en general la orquesta Pagímonamí, con la explosiva vedette Chachá Yayá, que pudo venir gracias a dejar sus nietos al cuidado de unos vecinos.

Como detalles intrínsecos, damos ejemplos del nivel de las conversaciones:

Entre embajadores.

-Que te invado, Teófilo, que te invado el país mañana mismo si no me compras mi producción extra de alfalfa. ¡Cago en la monserga…! ¿unas aceitunitas?

-No tiene tú la mitá de lo que hay que tené entre los borsillo der pantalón de chanda de oportunidades que te traes puesto. So pingafra… Sí, gracias, de sin hueso.

Entre dos invitados, en una zona apartada.

-Quita y cesa esas dos o tres manos palpantes de mi contorno en general, Doménico, que a esta fiesta sí que se ha venido mi marido, y nos puede identificar a ojos vista.

-Que soy yo, María de la Chachá, tu marido, el único que te ha hecho caso en todo el transcurso de la fiesta. Anda, darte una bailación, que maburro lo máximo.

Entre anfitriona y mayordomo.

-Demóstenes, recoja y guarde ya las bandejas de plata, que he tenido que sacar dos de entre los abrigos de los conde duques de Jibarstein, justo cuando arrancaban el coche de gasógeno.

-Señora, que dichos conde duques son sus padres de usted.

-Al punto, Demóstenes, que yo sé lo que me digo.

Los que al amanecer se iban, diciendo:

A la anfitriona,

-¡Oich, la fiesta pordió, qué maraviiiiiilliioosssaa!, ¡A ve si quedamos otro diíta Mersshe, con lo bien que lo hemos pasado!,

A la cocinera,

¡Adió, Heriberta, vaya cocletas güenas, shosho!…

En camilla salió Florinda Charlton, sin dejar de hacer tumbada lo de las manos cruzando las rodillas, que cada vez le salía mejor, y con la fuente de ponche al lado para mantener su custodia.

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One Response to Grandes Cocktailes (1).

  1. Muy bueno. ¡No quisiera ser la pobre encargada del guardarropa!

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