Reflexiones de un sábado por la mañana (LXXX)

2009/08/29

Amaneceres.

Es la única comprobación de la renovación de la vida que conozco. Quizá haya quien se levante pelín tarde y me escoñe el cuento, me corte el rollo o me diga que vale con despertarse. Pues bueno.

Entra el Sol, se ajusta el hombre para colarse por las persianas, refleja en algún cristal colocado y nos interroga con su reflejo en plena mirada: ¿Vienes o no?

Llega el remoloneo preventivo, en un breve e intenso intento inmediato de hacer que se largue a iluminar mazmorras o despachos de la Agencia Tributaria (quítese el más lóbrego) y él no se deja convencer.

Nos acompaña hasta el primer café y, si somos unos clásicos, hasta la recogida del primer bollo tierno de la panadería y el diario terso del kiosco de prensa.

A partir de ahí, nos suelta la mano y nos mete en la ducha, para que sea ahora el agua quien se encargue del siguiente paso: Culminar los crujidos óseos, las agujetas musculares, y los bostezos estilo hormigonera.

Terminados de peinar, el día por estrenar nos espera justo a la salida de casa, como los novios nuevos. En ese punto nos toca, al menos, recapacitar.

Hemos vuelto a latir y a respirar oyendo el ruido que se hace y los pies se apoyan en el suelo. Se pone en marcha un engranaje de cosas hechas por gente y nos distrae, teniendo que recordar en un momento planes inmediatos para encajar entre las ruedas. Pero no tan rápido, por favor.

Quiero insistir en mirar alrededor. Hay días tan ñoñas que se enamora uno del nuevo sistema de alumbrado de su barrio. Yo quiero llegar un poquito más lejos, porque mi edad ya me ha hecho pasar por noches de dolor, miedo y cansancio. Pero declaro que, incluso en esos días, mis pulmones se ensanchaban al volver a empezar, porque la noche, mágica recogedora de tristezas, se encargaba de cerrar tras de sí la puerta del agobio.

-Se trata de que lo vuelvas a intentar otra vez, amigo mío, -me decía la noche cada mañana, justo al marcharse-. Así es como se juega a esto.

Nunca he sabido qué contestarle. Pero sabe que le doy las gracias y que no olvido el frenesí que me ha dado para según qué cosas que sólo ella sabe envolver de misterio. Lo que pasa es que el revivir de cada día es un cheque en blanco que hay que cobrar de inmediato, con todos los instantes, y no despilfarrarlo.

Yo hace mucho que me lo tomo como el único que tengo. ¿Mañana?, ¿Dios, yo qué sé Quién? dirá. Vamos, digo yo.

De momento, nunca mejor dicho,

Tengan todos ustedes muy buenos días.


QUE ASÍ SEA

2009/08/25

1 Enciéndete, mi Sol, aquí, conmigo.

2 Que no tema que te alejes de mi lado.

3 Así intento sentir, así consigo

4 darle vida a la vida que me has dado.

5 Haz la brasa más caliente que su fuego

6 y ponle luz con colores desafiantes:

7 Que arda más tu cuerpo como amante.

8 Que no sea obligación, que sea un juego.

9 El amor, combustible de tu vuelo,

10 que lo envidien los huéspedes divinos

11 dejándolos de paso por caminos

12 que nos dejan, como mínimo, en el Cielo.

Y tu alma, irrompible la barrera

hecha de estos primeros doce versos,

hará que se mantenga siempre fuera

el miedo: ese temido dios perverso.


Reflexiones de un sábado por la mañana (LXXVIII)

2009/08/22

Juegos de azar y demás.

Que conste: Es un imperio tan grande el que hay montado que ni sueño en desmontarlo.

Tiene pinta de sueño con reglas limpias: De ello se encarga un patronato o asociación que se embolsa el 55% del total recaudado y así se tiene el control sobre posibles fraudes.

Soy de los que piensan que aquí no hay truco y me da miedo sólo pensar en entrar en un casino de Las Vegas o pararme junto a un trilero en una calle del centro.

A lo que vengo en realidad es a intentar medir cuánto de solución buscamos en el juego:

-Si a emociones olvidadas o no conocidas mediante la expectación de una bolita hasta que se pare, unos dados que choquen y se queden quietos, una carta que aparezca en su lugar… o bien,

-Si a la construcción de una vida a base de ese poquito a poco, donde nos embarcamos con alguien para cosernos las cicatrices pero también comernos a besos.

Esta última forma de llegar a viejo me gusta más. Porque es mía.

No digo que se supriman las loterías varias. Lo que digo es que no se concentren premios desmesurados, despelotantes, estratosféricos…

Para que parezca que puedo llegar a tener algo de razón, cuento la misma retahíla que se tragan por cariño mis amigos. De ahí que la suelte aquí a estas alturas:

Sin exagerar, conozco a unas doscientas familias donde han entrado pequeños pero suculentos premios por sorteos de la ONCE o la Lotería Nacional. Para no mentir más que lo justo, diré que un altísimo porcentaje de esas familias resolvió problemas más o menos acuciantes, sin grandes discusiones y su vida no cambió mucho y fue para bien. Eran dueños de su destino y siguieron siéndolo.

De los que conozco que percibieron grandes cantidades de dinero –tres ejemplos nada más, lo reconozco- dos siguen dirimiendo en los juzgados la propiedad del premio y sus vidas se retorcieron. No supieron encajar el golpe.

Ejemplos simpáticos los hay, en cuanto a oportunidad, casualidad, etc.

Mi tesis de hoy es diáfana: El dinero se salva de pudrirse él y pudrir a la gente si no se amontona.

Por tanto, desde aquí, la propuesta de bajada drástica (o un techo máximo) al importe de los premios en juegos de azar. Así de simplón ando hoy. La verdad es que hace calor.

Como argumento sencillo propongo comerse de una sola vez cuatro kilos del manjar que más nos guste. Sin parar. Pues es lo mismo que ganar de una sola vez todo el dinero que teníamos (más o menos) destinado a ganar en una sola vida. Si nos volvemos locos, tenemos que gastarlo a marchas forzadas. Si hacemos esto último, nos volvemos locos. Es una pesadilla que se muerde la cola, según Lord Javier Krahe.

Para machacar por último ¿Y si tengo que estar ocupado, entretenido a tiempo completo, comprando y comprando, invirtiendo y gastando tantas horas al día que se me olvida pararme a tomar una cerveza con un amigo, día tras día? Ruego reviséis lo más concienzudamente este párrafo. NO es una broma.

Finalmente, el hecho verídico más chocante relativo a esto de los premios:

Viernes, cinco minutos antes de las nueve. Bar de Sevilla. Diez cupones del dueño que se levanta, reparte uno a cada empleado y dos a cada hijo. A las nueve de la noche se celebra el sorteo y cada uno tiene en la mano cinco millones de las antiguas pesetas. El dueño se levanta y llena los vasos de un vinillo que tiene guardado para los amigos y las situaciones especiales. Se dan las dos circunstancias.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


DEPORTE DOMINICAL.

2009/08/19

Mateo se levantó temprano el domingo 6 de mayo para empezar su programa de ejercicios. Quería sentir desde el principio descargas de energía a través de explosiones musculares, así que echó hacia atrás la manta, levantó las piernas, saltó de la cama y se encontró con uno de los pomos del cajón de la mesita de noche en la boca. Un sabor áspero de barniz de caoba le impidió maldecir en los dos idiomas que conocía bien gracias a su trabajo: el castellano y el turco. Se dejó caer para relajarse y se levantó de inmediato.

Eladia, su mujer, recuperó la colcha y la manta en su totalidad, y se dio la vuelta sin caerse por su lado. No en todo seguía fielmente a su Mateo.

Una vez de pie y con calcetines, Mateo se vistió con el chándal nuevo, rojo intenso y con rayas blancas inclinadas, el que le llevaría a retomar la actividad deportiva, pero las etiquetas se le clavaban en el cuello (por detrás) y en la barriga (por delante).

Se desvistió de nuevo y, con los dientes, intentó cortar el hilo blanco de plástico que unía los cartoncitos con precios y tallas a las prendas. Al resistirse, agarró con fuerza el pantalón y tiró de las cartulinas plastificadas sin el resultado esperado, pues su brazo, al soltarse, abofeteó la lámpara apagada de su mesilla que, al caer sobre la almohada, se encendió apuntando a la cara de Eladia, como en un interrogatorio.

Eladia buscó unas tijeras, cortó los hilos y, antes de volver a acostarse, apagó la lámpara y la puso en su sitio.

Faltaban las zapatillas, no las veía por ningún lado; debió rescatarlas de debajo de la cama la noche anterior, y situarlas de modo que, sus pies, al levantarse, cayeran sobre ellas de modo natural. Pero se olvidó y había que sacarlas de su escondrijo.

Venían sin los cordones puestos. Un pequeño contratiempo, pues en la caja tampoco estaban.

Sin hacer más ruido que el que provocaría al estallar en mil pedazos un vaso de cristal con una dentadura postiza dentro, buscó unos cordones en los zapatos de deporte de su hijo el mayor, el Isaías, un futbolista prometedor.

El ruido que provocó al quitarlos de los botines despertó al niño y Mateo le dio la paga del domingo, diez euros, “no fuera a olvidarse luego” y el niño se durmió.

Superado el momento, Eladia desató los botines del niño y volvió a la cama.

Para atar las zapatillas, lo mejor es empezar por los agujeros más cercanos a los dedos y bajar, apretando y ajustando, hasta concluir en el lazo final. Es lo lógico.

Pero las zapatillas de Mateo tampoco tenían agujeros.

Una vez sonó el taladro enchufado por Mateo, Eladia se lo arrebató de las manos junto a las zapatillas, justo antes de que las perforara. Con los ojos semicerrados, le metió los pies en las zapatillas y se los cerró adaptándolas a los pies con el sistema de velcro que traían de fábrica. Guardó las herramientas y se acostó, dejando por fin a Mateo equipado y apto para la hazaña deportiva prevista.

De pie, antes de abrir, Mateo gritó “¡No me llevo la llave!” y no cerró la puerta hasta que le dijeron “bueeeeeeno, ta bien”. Entonces, en el descansillo, llegó el ascensor.

En el zaguán, se detuvo en seco: Llovía a cántaros.

-¡He hecho lo que he podido!, -dijo. Cogió el ascensor de nuevo y dos minutos después, tras el mínimo ruido que hace una zapatilla al caer en un acuario doméstico, Mateo se abrazaba a Eladia para aprovechar la mañana del domingo.


Doña Petra. En antena.

2009/08/17

El programa se llama Directo a los Ojos, y se graba siempre en vivo. Trata de la relación de los miembros de una familia entre sí: padres con hijos, suegros con nueras, cuñados con tías… Doña Petra decidió acudir.

-Buenas tardes a todos, aquí estoy de nuevo, me llamo Carmenchu Petón y hoy tengo la inmensa satisfacción de decir que el público y los invitados son los mismos y por tanto intercambiables: ¡Vaya cantidad de gente la que forma nuestra familia protagonista! Al frente de la saga se sitúa, y en el mejor asiento, doña Petra Cantacuellos Moguer, que me ayudará, vamos digo yo…

Carmenchu hace un gesto de invitación a que Doña Petra sonría y le diga “pues claro, para eso estamos ¿no, sentrañah míah?”

La respuesta es algo distinta.

-Vaya pena la de tu marido u hombre con cualquier vínculo contigo si te ve por detrás el peinado que traes hoy, nena, ni que te hubieran masticado el pelo. Pero, claro, como el cámara es amigo tuyo…

Carmenchu, una profesional que cumplía veinticinco años en el programa, se echa a llorar, tira al suelo su silla y el micrófono y se va del plató por la izquierda. Se oyen gritos, una patada de alguien a alguien y el rasgado de un vestido verde, el de Carmenchu, que así renuncia a salir de nuevo.

La productora, fiel a su presentadora estrella, sortea entre las suplentes para sustituirla de inmediato y le toca a Carmela Tonina, una de Toledo que promete mucho, y que estuvo metida en telediarios, deportes y estafas grandes. Antes, había hecho lucha libre.

-Seguimos aquí, con esta gente tan simpática que ha hundido la carrera profesional de nuestra compañera. Y, sin más, entramos de lleno en el tema que tocaba esta tarde: ¿Por qué se llega tan pronto a las manos en las comidas familiares de Navidad?

Doña Petra, atenta a la pregunta, mira el escote de Carmela y hace gestos a la cámara dos con las dos manos, que indican cómo ella, en sus tiempos, lucía más y mejor delantera, pero los años no pasan en balde. Después mira al techo y sueña con que algún pájaro se las picotee a la locutora y, del reventón, salga disparada hacia atrás. Si puede ser, en horas de máxima audiencia… Sin palabras, sólo con gestos.

La presentadora le llama la atención mediante el gong fabricado con un cazo contra una bandeja de latón y Petra vuelve de sus ensoñaciones. Como el resto de la familia/público sigue masticando los bocadillos que dan en producción para después del programa, la única que contesta es Petra:

-Mira, señorita usurpante, -responde Petra con las pupilas aún dilatadas del susto- me parece que establecer la exclusiva en contra de las Pascuas es una cosa de persona rara y falta de panderetas, una cosa así como tú. En mi casa, da igual cuándo se celebre la comida. Nos pegamos y ya está. Así que menos tomarla con esas entrañables fechas.

Aplausos.

La presentadora, mientras se afila las uñas, sonríe a la cámara dos como nunca en su vida.

-Entonces aplico rimmel y borro de mi guión la fecha concreta, pero ¿qué pasa en las comilonas familiares? –pregunta como si estuviera enamorada de los telespectadores, con un batir de pestañas que levanta pamelas.

-Ay, hija, -responde Petra-: Las coyunturas pueden parecer distintas, pero la verdad es sólo una, y pongo ejemplos que explicarán con tal claridad la situación, que hasta tú, seguro que ni estudios primarios tienes, la podrás asimilar.

Y al empezar a hablar Petra, la presentadora, con una sonrisa que provoca grietas en los labios, anuncia la publicidad.

-¡Se acabó, bruja pelona! –grita Carmela desabrochándose el micrófono móvil.

-De hoy no pasa, niñata fascineranta, hoy te pongo yo la nariz en el bolso y te la llevas a que te la cambien por la de otro loro, mejor brasileño, –responde Petra.

La presentadora se quita los tacones y, con los brazos en jarras, se despacha a gusto:

-Mira, proyecto de suegra, si no me casé con tu nieto, el Nico, fue precisamente por ti y por la mitad de tu familia, que a la otra mitad no tuve el gusto.

Abucheos. El público/familia se pone de pie y abuchea más.

Doña Petra se levanta y, con las manos en las caderas, se balancea a lo fandango y grita:

-¿Tú, tú con mi Nico? ¡Muerta y despeinada tendría yo que estar para verte con mi Nico!

Se abalanzan pero tropiezan con los cables y caen de bruces. El público baja al plató. El cámara dos, por los mismos nervios, no había dejado de filmar. El productor soñaba que un anuncio de detergente que lava más blanco que nadie eliminaría esta mancha en su currículum. La realidad es algo distinta: Se produce el momento de máxima audiencia cuando, al intentar levantarse doña Petra, tira hacia abajo del vestido de Carmela dejando al descubierto ciertos puntos de vista, si bien destaca el recio tejido del refajo fucsia.

Los geos tardan en llegar y alguien ha atrancado la puerta. No consiguen entrar en el estudio. Se sigue grabando.

Del techo, suavemente, desciende Carmenchu, sentada en un trapecio a lo Moulin Rouge, centro de un haz de luces de colores, entre acordes de la banda sonora original de la Verbena de la Paloma. Sonríe y hace que el de la grúa la deposite despacio en el suelo. Se sube en una silla, desata el cable del micrófono del cuello de Carmela y se dirige al público:

-Queríamos la realidad sin trampas, queríamos la verdad sin censura. Hoy os lo hemos ofrecido. Gracias y hasta el próximo martes, amigos telespectadores.

El cámara dos no apaga, porque ya no se acuerda de cómo se hace, y toda España ve caer de espaldas a Carmenchu, mientras Carmela se lanza de cabeza contra el estómago de doña Petra que, por lógica, escupe la dentadura. Este momento será repetido, a cámara lenta, doce veces seguidas, hasta que se termina por fin el programa al llegar la hora del telediario, que da un resumen del follón como noticia estelar.

A la semana siguiente, después de visitar a Carmenchu en la clínica, se celebran las bodas de oro del matrimonio de doña Petra y acuden los mismos del plató, incluida Carmela, que ha ido al cine el domingo con Nico, pero sin compromiso.

Tardan lo de siempre en empezar a pegarse. Y tiene razón Petra: no es fiesta.


Reflexiones de un sábado por la mañana (LXXVII)

2009/08/15

El retorno.

Recientes investigaciones han demostrado (eso dicen ellos) que hay vida después de las vacaciones.

Sin querer entrar en polémicas absurdas (una cosa que debería ser redundancia), damos a continuación sencillas instrucciones para la vuelta al trabajo en lo que se ha venido en denominar “el lunes tonto del año”. Son las siguientes:

1) Sin pataleos. Acuérdate de cómo tu jefe volvió el año pasado: Entró el solo, la madre le soltó la mano mucho antes de la puerta.

2) Sin esposas ni acompañamiento policial que “sugiere” no salir corriendo de nuevo en dirección a la playa más cercana con argumentos como “se me han olvidado las gafas de ver debajo del agua” o similares.

3) Espíritu emprendedor. Si se encuentra pronto la carpeta de “asuntos sin ninguna o poca importancia” que metimos bajo la escalera de mano, procede el desparrame inmediato de los papelotes incluidos en ella y hacer fotocopias, enviar un fax a alguien, descolgar el teléfono y soltar cuanto antes que no se explica uno cómo ha podido sostenerse la empresa si uno estaba tomándose unas semanitas de merecido descanso. Antes, conviene encender el ordenador y cambiarse cuanto antes las playeras por los zapatos con calcetines.

4) Nada de trincar al compañero más desprevenido y zamparle el archivo de setecientas fotos de las vacaciones atascándole su puesto de trabajo hasta que visiona todas las formas en que pides un tinto en el chiringuito.

5) A partir del segundo día, que tu mujer deje de llevarte el tazón de BolaCao calentito con las galletas para mojar. Vuelta el circuito de café y tostada plastificada en tu bar de siempre.

6) Evitar los cortes de manga cuando termina la primera jornada. Así se evitan situaciones tensas a partir de la segunda (y eterna por lo consciente) y tercera jornadas en adelante.

7) Al entrar en casa, esperar a que el sofá esté de nuevo en su sitio antes de lanzarte en plancha sobre él. Son días que se aprovechan para la limpieza general.

A todos los que vuelven, ánimos. A mí también.

A los que empiezan ahora, felicidades y que se esfuercen en pasarlo bien. Van a la vida real, por tanto a ser dueños de su tiempo.

Me encantan los fieras de las grandes fiestas que el último día afirman que ya falta menos para que empiece la del año siguiente. Me parece un buen argumento. El mejor.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (LXXVI)

2009/08/08

MIENTRAS NO ME TOQUE A MÍ.

No creo que nadie haya definido mejor la supuesta crisis de lo que lo hace la frase del título.

Lo he expuesto ya varias veces: ¿Crisis de qué o crisis de quién?

Y lo hemos visto en directo, un sistema que sólo existe como el fuego, destruyendo y comiéndose lo que coge a su paso. Que ha necesitado la intervención del Estado, de sus ciudadanos, para tapar sus enormes agujeros con el dinero de la Comunidad, con mayúscula.

Y nos quedamos tan panchos cuando los que han maladministrado, que tienen nombres, siguen hablando de que hay que tomar medidas para luchar contra la crisis.

De una maldita vez: ¿Quieren ser concretos?

Yo voy a intentar serlo:

La Administración. Si no es operativa como teórico gran redistribuidor de la riqueza o árbitro de la relación empresa-trabajador, al menos que se descargue radicalmente de un gasto que ni justifica ni merece.

La patronal. Si me dice, en esencia, que abaratar el despido es la única solución que se le ocurre, son agentes de esclavos que han olvidado la evolución del mercado del trabajo en muchos aspectos, que incluyen la adquisición de derechos de protección al trabajador. Y la pregunta directa es ¿aceptan los empresarios y los políticos las mismas condiciones de precariedad para sus hijos, o les reservan para puestos fijos y de buena cobertura social tras obtener cursos paralelos a la enseñanza pública?

El trabajador. Algo tendremos que ceder. Pero no en lo que nos haga perder la dignidad. El momento de la negociación debe estar presidido por los números, por la realidad contable y la imaginación. No es posible seguir rechazando trabajos porque no nos gusten y prefiramos cobrar el desempleo. Esa bolsa se acaba vaciando. Y el problema se agrava, y ya no son tan lejanos quienes se quedan sin una cobertura mínima de ingresos. Los tenemos a nuestro lado.

El mercado del trabajo se apoya en el consumo y éste en la renta disponible. Muy bien hasta aquí. Pero esa renta se ha atascado y el Estado no puede seguir poniendo en negro números que pintan rojo desde Bruselas, donde nos miran mal.

¿Entonces? Es momento de agilizar, bajar tipos (ya se ha hecho) y eliminar gastos superfluos (ya lo he dicho) en los que por Ley lo tienen firmado para siempre. Pero los que han ganado mucho tienen que ganar, al menos por un tiempo, algo menos. Hay sueldos escandalosos y gastos diarios inadmisibles. Propongo empezar por ahí. La cosa es seria y esperar sin hacer nada hasta septiembre, porque la crisis no espera, es una muestra de ligereza inadmisible. ¿O dejamos sin pagar las facturas de julio y agosto y luego ya veremos?

Estamos en un sistema que no permite pararse y bajar. O esto se mueve y ganamos dineros frescos y corrientes o nos coge el descubierto en cuenta y dejamos de pagar todos, más tarde o más temprano. No vale decir que esto a mí no creo que me afecte.

Tengan ustedes muy buenos días.