Reflexiones de un sábado por la mañana (CXIV).

2010/04/24

JODER.

Ya desde la etimología se las trae la palabrita. Tiene que ver con broncas, con penetraciones y con golpes, de modo que el hecho de folletear alegremente no se desprende con facilidad de una sensación de hacer daño, tanto en un sentido como en el otro, entre dos personas.

Resultaría de hecho, muy curioso, el siguiente diálogo entre recién casados en la noche de bodas:

-Ay, fóllame, Gerardo, de forma conspicua, multilateral y festiva.

A lo que el reciente marido, hombre trabajador pero de vocabulario reducido, respondería:

-Vamos, Amaranta, no me jodas.

Si la novia es de tomarse las cosas a lo literal, tenemos un matrimonio no consumado, sino consumido con sumo mal gusto. Un pifostio. Y todo por no haber jodido.

¿Cómo salir de este atasco?

Podría pensarse en recortar la palabra prohibiéndosele los significados sexuales. A menos que haya mucha gente que piense más en joder que en una fiesta cuando folla. No sé, a estas alturas, si me explico.

Otra opción: Acudir a las palabras fastidiar o molestar, ambas muy en desuso, para recuperar lo que de verdad ha invadido la palabra joder. Que, en definitiva, es también arrinconarla empujando por otro lado.

Joder, qué lío.

Y ahí no está mal del todo (en mi opinión, miren ustedes) pues es una expresión con fuerza, pero impersonal, que es por donde a mí me gusta ir: que si me da por maldecir no necesite siempre estropear algo, en este caso algo tan interesante como el frotado mutuo de las zonas medias de la ropa interior inferior de ambos sexos. Aquí sí espero haberme explicado bien.

¿Sólo palabras? Puede que sí, que se las lleve el viento. Pero como siempre digo que hay una milésima de segundo antes de soltarla que sirve para evitarla, sugiero que se dosifique.

¿Por qué? Pues porque se hiere más de lo que se cree con un desaire, en primer lugar. Y en segundo porque no me gusta que me ensucien el sexo hasta que parezca que alguien sale herido u ofendido. No hay mejor combate que el que se celebra en igualdad de condiciones, sin armas, entre dos amantes.

Tareas:

Reivindiquemos que cada vez que digamos algo, digamos lo que queremos decir.

Y que las miradas y las caricias sepan hacernos callar.

Lo demás son ganas de joder.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CXIII).

2010/04/17

AMISTADES PELIGROSAS.

-“Yo tengo un amigo que me resuelve eso en cuanto se lo pida. Aunque sea por lo extranjis”.

Bueno, bueno, bueno.

Y no hay muchas excepciones a esta idea. No conozco a nadie que no haya utilizado la influencia o el puesto (social, laboral, político…) de un amistad para, recurriendo a ella, acortar tiempo de espera para resolver un problema o verse favorecido entre un grupo que pretende un objetivo similar. O el mismo.

La primera cuestión a considerar está en si la amistad obliga. Si el vínculo impone esa condición adicional de allanar el camino hacia la resolución de un trámite o un negocio gracias a la posición relevante de alguien con quien después tomamos unas cervezas.

La segunda está en el límite de la exigencia. Después de realizado el favor, con más o menos compromiso del que lo hace, el que lo recibe gradúa su capacidad, es decir, valora la costumbre que viene de la excepción se impone como un derecho. O bien, considera agradecido lo excepcional como lo que es: Un riesgo de camino nada recto que pone en entredicho la posición de alguien frente a los demás. En estos casos, se suele hacer un regalo con el que se reconocen tanto el beneficio como la importancia del favor.

El gran problema surge, en efecto, en el primero de los dos casos.

Y, por tanto, la consecuencia lleva, en principio, al frío control futuro, gota a gota, de lo que supone hacer un favor.

No hay idea que más me duela que la que niega fiarse de alguien. Quitar el crédito moral o el valor de una palabra a alguien, me saca de mis casillas. Cada uno es el único autorizado a perderse el respeto con sus obras o a mantenerlo y elevarlo con ellas.

Lo que duele es la experiencia. Esa que, cuando algo no es posible, no es aceptado como una sonrisa y deja caer frases como “antes no decías que no”.

Igual que un chiquillo harto de juguetes no hace caso si no se trata de uno nuevo, el favorecido a costa del conocimiento o capacidad de un amigo olvida lo que han hecho por él y pasa a infravalorar lo corriente, lo que le pueden ofrecer en el día a día. La simple amistad.

La horrible a veces frase de “no prestes al amigo, pues perderás las dos cosas”, me surge de vez en cuando. Más que nada para poner la espalda recta y mirar al frente. Para ser capaz de ofrecer sólo lo que depende de mi esfuerzo. Que esa es otra: Si hay que hacer favores, que no sea con la pólvora del Rey.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CXII).

2010/04/10

LA VIDA.

Hoy pongo este título porque se me ha presentado la muerte, esa con quien tengo una partida en la que me hartado de meterle goles que se asfixia por devolverme: Cada día que me he levantado. Pero ayer viernes me cogió en fuera de juego.

Se ha llevado a un hombre bueno, a mi cuñado Vicente, engañándole al menos en una mentira piadosa, haciéndole ver que se quedaba dormido. Eso es lo único que puedo agradecerle.

Quede para el recuerdo su incapacidad absoluta de hacer daño, el cariño que supo ganarse y le hemos sabido tener sus familiares y sus amigos y las muchas tardes de juegos de cartas con sus sobrinos, que siguen contando con él en la partida.

Lo recordaremos de verdad si, como tras toda pérdida, sabemos amar la vida.

No me creo ningún otro epitafio. Pues como decía mi abuela, el luto lo voy a llevar en el corazón.

Tengan ustedes, todos, muy buenos días.


POBRE POETA

2010/04/07

Papel blanco, reto abierto,

en cada palabra luchada;

rima incierta, desconcierto

de poesía buscada.

Seguir en segundo intento:

escalar con adjetivos

y pensar que el objetivo,

si no existe, me lo invento.

¡Poeta desconcertado

con el temblor de la fiebre

que da el temor a que quiebre

lo que se da por logrado!

¿Y un final imprescindible?

¡Redondo, redondeado!

Con el ripio o el pareado,

con tal de que sea medible.

O, tras el berenjenal,

viendo venir befa y mofa,

pedir perdón al final

por tan chocantes estrofas.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CXI).

2010/04/03

EPÍLOGO SANTO. MÁS O MENOS.

 

Entre llantos y golpes de pecho ya denunciados, clasificados y puntuados en función de la intensidad o el sitio (no el pecho, sino la calle, el marco incomparable), se va la Semana Santa.

Termina con un entierro de factores, sensaciones, cansancios y recogidas que –dicen- se renuevan cada año a pesar de ser tan repetidas como las ceremonias japonesas del té.

Como lo veo desde fuera, desde lejos más bien, procuro ser cada año igual de aséptico, con comentarios que me imagino originales, creativos. Nada de eso. Las preguntas son las mismas y las respuestas, que ningún entusiasta de la Semana me da; me las doy yo mismo.

Sin más, ¿a qué viene tanta distancia entre el origen teórico y sagrado de los misterios o situaciones religiosas y esos paseos sobre costosas plataformas de unas imágenes rodeadas de flores, velas y oro, plata, incienso y no sé si mirra?

La estación de penitencia, digan lo que digan, se identifica con cualquiera donde la antigua Renfe, la hoy dinámica ADIF, deja tiradas a las familias con niños pequeños porque sus trenes están de huelga santa. No digo que no tengan razón, que esa es otra.

¿Qué decir de los vía crucis? Hay vías urbanas por donde no cruzas si no es con un tanque: Los carrilesbicis abanderan el estrechamiento de las calles para que los coches vayan paso a paso. Como en la Semana Santa. Esos sí me parecen aspectos relacionados con la vida misma. Con nuestros cotidianos momentos de arrastrarnos con cruces a cuestas.

De las saetas: Pasión pura, cante improvisado, sitio adecuado. Y silencio. Un respeto que respeto.

Pero ¿y los gestos de payasos impresentables? Ejemplo inadmisible, pero real: La Hermandad Tal y la Retal tienen abades o superiores o como se llame, que no se pueden ver. Pues resulta que al paso del paso de la Tal por delante del convento de la Retal, se da la vuelta, como si no se hablaran. Como si le hiciera el feo. Esto, señoras y señores, tiene un par de cojones. Y ustedes disculpen.

Ahora bien, les pido una poquita de condescendencia a este aplauso que hago en mi epílogo de este año a un aspecto: Mi visión para el prólogo, sin ir más lejos, el Pregón que ha regalado desde Sevilla don
Antonio García Barbeito. Quizá la llamada más grande a una fe interior y serena que haya leído. En nombre de muchos agnósticos, y en el mío propio, muchas gracias, don Antonio.

Por lo demás, yo a lo mío: cuidaíto de doblar bien las túnicas para que, al sacar los trajes de flamenca no acabe uno sabiendo distinguir en qué sarao se está metiendo.

Pero pásenlo bien, sea el que sea.

Tengan todos ustedes muy buenos días.