Reflexiones de un sábado por la mañana. (CXXIX).

2010/07/31

PAÍS VASCO. SAN SEBASTIÁN.

Aterricé en un hotelito moderno alejado del casco viejo; sencillo y sin más pretensiones que darme de dormir y de duchar. Las dos cosas las hizo bien.

Un taxi me acercaba al centro y me recogía por la noche después de pasear por sus calles. El conductor tuvo tiempo para demostrarme cómo siente su idioma. Y cómo valora el bilingüismo, que siembra y riega a diario, con sus hijos y con los amigos. Un golpe a la línea de flotación de la intolerancia.

A pesar de una obra gigantesca para agrandar un aparcamiento junto a la playa, ésta me pareció todo lo bonita que me habían prometido miles de imágenes y millones de testimonios. Tuve la suerte de que mi mujer cobró con su cámara de fotos unas imágenes de ensueño al capturar el reflejo de las luces del atardecer sobre la plata de las olas que se derretían en la orilla.

Caminé de una punta a la otra de La Concha, observé sus tranquilas y limpias aguas, sus distintos ambientes, juegos, baños de agua y sol, sus servicios organizados y, siempre, su belleza.

Y sus gentes. La más elegante que haya visto, con edades desafiantes para llevar vestidos con un toque incomparable: se llama saber estar, saber pasear un atardecer, dando la continuidad a un día entre nubes, valorado como un tesoro.

Jazz en las calles, aún sin ser la semana grande para esta música.

Sí, sólo estuve allí dos días.

Comí pescados exquisitos y vinos sencillos pero deliciosos, que mejoran al compartirse.

Donostia, San Sebastián, calles custodiando una hermosa luna de mar. No queda sitio para construir más edificios, no se puede empujar a las olas hacia fuera ni las montañas hacia dentro. Mejor dejarla como está unos cuantos millones de años. Es una propuesta.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana. (CXXVIII).

2010/07/24

PAÍS VASCO. BILBAO.

Estuve dos días paseando por sus calles limpias y llenas de luz, gracias a las indicaciones precisas de sus habitantes.

Obtuve varias conclusiones, todas pendientes de volver para volver a querer visitarla:

Las mujeres de Bilbao trabajan, sin excepción, como locutoras de radio durante varios años de su infancia. No es posible tener, de otro modo, una voz tan clara y una dicción tan argentina. Pregunté la misma dirección cada cincuenta metros, sólo por volver a oírla.

Las mujeres de Bilbao, para no ser perfectas, se cortan el pelo cuando su equipo de fútbol marca un gol, o quizá en medio de una tormenta tropical de grado siete. Me queda por confirmar el índice de paro de las peluqueras bilbaínas.

Para ahondar en el párrafo anterior del anterior, declaro la amabilidad de los transeúntes bilbaínos como un bien de interés nacional. Miran a los ojos, atienden sin dejar ver jamás que pueden ir con prisas y, además, son precisos ante cualquier consulta.

En Londres siempre hay un avión en el cielo. En Bilbao, Bilbo, no falta alguien aprovechando los kilómetros de paseo para caminar o correr dándole a los pulmones aire limpio.

Los pinchos de Bilbao, su vino y su gente joven sin botellonas, junto a las puertas de los bares cuando no caben, son matices de la civilización.

Los papeles sucios, los envoltorios, las colillas de los cigarrillos, en Bilbao se fabrican para caer dentro de las papeleras. Debe ser un repelente magnético de los empedrados del suelo, o quizá un extraordinario juego de muñeca de las manos de sus habitantes para encestar limpiamente en los pequeñísimos recipientes que pone el ayuntamiento.

Sí, claro que vi aparecer a los radicales, con sus pancartas y sus quemas de contenedores de basura.

Sí, claro que sólo estuve allí dos días. Pero lo que vi lo vi sin duda alguna. Y el museo ese moderno, el Guggenheim, es tan alucinante como dicen.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CXXVII)

2010/07/17

ECHAR CUENTAS.

Vamos por un prólogo lo menos rebuscado.

En Roma, hace unos pocos miles de años, se realizaba el censo. Con paciencia y tesón, se aproximaba el número de ciudadanos del Imperio.

En Egipto se intentaba calcular el trigo disponible. Con medidas más difíciles de usar que el sistema métrico decimal, se podía prever si la población podría comer durante el invierno.

Se intentaban echar las cuentas para que las estadísticas (relacionémoslas con las cuentas del Estado) sirvieran para administrar mejor.

Hoy hay ordenadores de muchos números y mucha capacidad de cálculo. Muchísima. E instantánea.

Cualquier comercio que se precie pulsa un botón y nos da su balance actualizado. Menos en el caso de las administraciones.

Doy por terminado el prólogo.

¿Sabe el jefe del gobierno cuántos empleados tiene?

Trajano presumía de conocer el nombre de sus legionarios, además de padecer sus mismas penurias en campañas duras.

¿Sabe el presidente cuántos funcionarios están a su cargo, directo o indirecto a través de las autonomías? Los nombres no se los pregunto, pero tiene el listado a mano.

¿Sabe si son todos funcionarios de carrera, con o sin oposiciones?

¿Sabe cuánto gana cada uno en su nómina?

No me trago que, para cuadrar las cuentas, el globo hinchado e hinchable que supone el gasto público se tenga que pinchar con una aguja en lugar de sacarle algo de gas con un poquito de “carminativo” rigor  presupuestario.

No me trago que el jefe del ejecutivo se trague las cuentas como se las está tragando desde hace tiempo.

Y el remate es que me digan que se pueden recortar once mil millones de euros autonómicos sin que el país se vaya por el desagüe y siga adelante.

La clase política es derrochadora, pero mucho más cínica. ¿Se dejan de gastar once mil kilos y el país sigue sin más?

O estamos locos o esto es una broma. Si no pasa nada reduciendo el gasto es que antes no se tenía que haber gastado, porque no hacía falta. La paradoja es desquiciante.

Quiero auditorías inmediatas, tajantes, con clave personalizada para el gasto más nimio, con detalle al instante. Eso, señor presidente y demás profesionales de la política, es gobernar.

El debate de la nación de 2010, una muestra más de mediocridad, no hizo balance para los ciudadanos. No se supo hablar de gobernar, que es emplear bien el dinero público.

Señores, basta ya. Basta con apretar un botón. El del cinturón del derroche público.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un lunes por la mañana (CXXVI).

2010/07/12

CAMPEONES SOLIDARIOS.

Yo creo que merece felicitar con tranquilidad a la selección española de fútbol.

Que si yo creí que ganaría, que si yo pensé que eran muy buenos…

También es verdad que los momentos hay que aprovecharlos. Y este equipo lo ha hecho.

Por encima de todo, dicen, está el sentido de colaboración y ayuda, de ambiente de apoyo, de estrellas sometidas a un equipo de trabajo. Esto sí me lo creo. Hoy hay divismo para muchas cosas y hombres que disfrutan de sueldos astronómicos y fama mundial no transigen fácilmente con normas de solidaridad, esfuerzo y ayuda constante al compañero.

Estoy de acuerdo con todo lo anterior. Lo suscribo por completo y el resultado ha sido extraordinario.

Pero…

No olvidemos que los jugadores españoles son muy buenos. Esta generación, sin más rodeos, juega muy bien.

Pero para mí, el sistema que emplea es, por encima de todo, de apoyos constantes y triangulación del balón. Lo que pasa es que ¡es el sistema más básico, inteligente y sensato para que la pelotita se aloje en el marco contrario!

Si hubiera un jugador que cogiera el esférico en su campo y fuera capaz de marcar él solo y en cada jugada, los equipos serían de uno, no de once, y los campos más pequeños, así como los gastos necesarios.

La solidaridad, dentro y fuera de un campo de fútbol, es la virtud más esencial por la que debe luchar el ser humano. No hay satisfacción mayor que la compartida.

El equipo español de fútbol campeón del mundo lo ha sido a base de jugar muy bien al fútbol, no olvidemos la redundancia.

Los valores a destacar, como en ninguna otra selección de jugadores, han sido los de la atención constante al trabajo del compañero. Las florituras han aparecido después de muchos kilómetros de esfuerzo y ofrecimiento para la confianza de cada jugador.

Cualquier administración quiere un personal donde un documento que va a caerse de una mesa tenga tres manos para evitar que llegue al suelo. Lo mismo para una empresa privada, donde un problema necesita, sin falta, la constante atención de todos para que no se desmadre.

Basta con observar unos minutos de video de juego de nuestra selección. Es un ejemplo claro y bien sencillo: ver cómo alrededor de un compañero hay varios ofreciéndole apoyo para fortalecer su posición. Por ahí van los tiros.

Felicidades, campeones. Y gracias por la lección.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Por una vez.

2010/07/10

-Venga, Ernesto, no seas así, -le dijo el padre- por una vez hazle caso a mamá sin rechistar. Mira cómo se ha preocupado la pobre de plancharte la línea del pantalón, que estás hecho un figurín.

Y por primera vez desde que nació, Ernesto hizo lo que le pedía su madre con una sonrisa. Dejó el vaso antes de llenarlo sobre la mesa, se dirigió al ataúd y se acomodó otra vez dentro de él. Cerró los ojos, volvieron a cubrir la caja, esta vez con tornillos, y la ceremonia, discurso del sacerdote incluido, continuó hasta el final.

-Si en el fondo siempre ha sido muy obediente, -dijo la madre mientras daba dos besos al aire, simétricos a los que le mandaba una de las vecinas que más le habían ayudado en el sepelio.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CXXV).

2010/07/10

PEDERASTIA E IGLESIA.

Querría no enredar ni a hacer leña de ningún árbol caído. Pero eso es muy difícil.

La pederastia tiene raíces sociológicas profundas en quienes se tiran por ese acantilado. La cuestión es ¿piensan realmente en el daño que hacen a los menores, su presente y su futuro? ¿cómo puede ser de incurable el trauma que generan en cerebros que lo último que esperan es desprotección?

Pero cuando sucede en la sagrada Iglesia, ¿qué hace con tanta parafernalia en lugar de atacar la cobertura de los hechos, graves por siniestros, en su comisión y su falta de denuncia?

Soy agnóstico por definición, pero no voy a negar jamás que los que hacen iglesia católica, para mí, dan su tiempo y su esfuerzo por gente sin ninguna ayuda. Con muchos de ellos jugándose el pellejo en territorios sin cobertura legal. No creo por otro lado que sea exclusiva de esta religión.

Se hace intragable relacionar de forma tan morbosa la verdad y la solidaridad que fundamentan estos ideales cristianos con la oscuridad como respuesta a la vista de las denuncias. El cinismo es palpable, con tantas vueltas antes de condenar y expulsar a quienes han cometido el delito y a quienes lo han ocultado.

Si se arrogan la capacidad de juzgar los pecados (de modo similar a los jueces con nuestros delitos, para los que sólo aceptamos las leyes votadas en el Parlamento), ¿por qué ante lo obvio gastan tanta palabrería hueca para juzgarse entre ellos?

Yo llevo esperando respuestas valientes, tremendas, con un rayo de truenos al estilo de Zeus en la mano, o su equivalente Júpiter Tronante llevándose por delante, con la mayor fiereza, a quienes forman la parte más exclusiva de sus seguidores: sus acólitos, sus obispos, sus elegidos, y han traicionado la confianza depositada en ellos.

No busco matizar ahora. Dije que no quería más pulgas para el perro flaco y no pido más que transparencia, inmediatez y sinceridad para erradicar el problema. No me siento capaz de juzgar a nadie, pero no quiero ni un caso más de destrozo para chiquillos llamados a limpiar un cáliz o hacer sonar una campanilla y que terminan con una vida desquiciada.

La única solución que puedo plantear es la verdad al instante. Fresca del día. El resto es hablar para no decir nada.

Un chiquillo no se cura del engaño de quien debía cuidarle. Lo único que le queda, para siempre, es la desconfianza.

Los niños ya han sufrido bastante. Paremos una por una las atrocidades que se están cometiendo con ellos. Después no paramos de quejarnos de cuánto monstruo anda por nuestras preciosas instalaciones urbanas.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CXXIV).

2010/07/03

Naturismo.

Se identifica con el despelote puro y duro, pero está bien claro que va mucho más lejos.

Es no estropear un campo por ir a merendar allí. Ni una orilla con envases en tetrabreak de preparados lácteos modernos, de vivos colores.

Es un largo pero muy preciso etcétera de mínimos cuidados que no exigen nada más que el momento de guardar la basura en una bolsa y tirarla al cubo correspondiente al llegar a casa. No cuesta tanto.

Hay cosas fáciles de hacer. Gastar menos agua en la ducha es muy fácil. Utilizar después parte de esa agua para el inodoro es igualmente sencillo. Y no se gasta tanto tiempo ni esfuerzo.

Es tenerlo presente. Es que nuestros hijos nos vean hacerlo.

El naturismo es conservar la naturaleza. Ni más ni menos. Y no es de recibo ver una cuneta de varios kilómetros llenos de todo tipo de basura, combustible recalentado en verano por el Sol, a la espera de la chispa aleatoria del despistado o del cabrón de turno. Eso sólo se evita guardando el papelito, el envoltorio, la botellita o la colilla dentro del coche, en lugar de echarlo por la ventanilla.

Caminar más, coger menos el coche, es una búsqueda constante, no una exigencia histérica mientras el transporte público no se bendiga como se debe, por las autoridades y los asépticos usuarios que no gustan de mezclarse entre mucha gente, con sus aspectos, sus olores y sus roces. Pero no tirar los restos de una comida en la arena de la playa es especialmente sencillo.

¿Multas? Por supuesto, pero acompañado de un par de meses recogiendo la basura de patrulla, junto a los servicios municipales nocturnos que desempeñan esa impagable tarea.

Somos demasiados millones, somos la única especie capaz de destrozar una armonía mágica, la de cualquier ecosistema.

Aparte, hay que maldecir los problemas concretos de los vertidos tóxicos. Ya hablaremos.

Y, por supuesto, bendecir las ventajas de nadar en bolas en la playa. Ya hablaremos.

Mientras, pasen todos ustedes muy buenos días.