DEBER CUMPLIDO.

2010/08/30

-Buenas noches, soy el príncipe Feluchi, hijo de Tormentoso de Arganatasia y vengo (aún no sé en qué orden) a enamorar, desposar y tralará, tralará a la princesa Muelasblancas, hija del gran Perentorio de Globinchado. Déjame pasar, por favor, -dijo un esbelto remero que se detuvo en el centro del redondo lago del reino de Globinchado frente a un enorme y escamoso dragón, encargado del control de las entradas y salidas al castillo.

-A la niña no me la engolfas tú, bribón, parrandero, crapulón, mujeriego, cierratascas y botellonista, que te crees tú que tu fama no te precede, -soltó sin respirar el dragón, por cuyos comentarios supo al instante el príncipe que se trataba de una dragona. Y suegra.

-Mira tú que hoy vengo en bote, pero mañana me planto aquí con un barco de acero y ladrillonio, metales durísimos, y lleno de misiles antidrago que se te pongo las escamas en una bolsa de basura y me sobra sitio para lo reciclable.

Tras una llamarada fina, estilo soplete de chief para dorar la crema catalana, el príncipe se quedó con los calcetines y el sombrerito puestos. El resto estaba chamuscado, pelos del chindasvinto incluidos.

A partir de ahí, venga a soltarse de todo:

-¡Mojamierdas, calavera!

-¡Dragaminas, lagartija de alcantarilla!

-¡Chuleta de portada del interviú!

Dos minutos más tarde, se empezaron a encender antorchas por las ventanas del castillo, las altas de los sirvientes y las bajas de los señores.

-Pero qué escándalo es éste? –preguntó un somnoliento rey asomándose por un ventanuco.

-Tranquilo y a dormirse, majestatis, que esto lo soluciono yo en menos que canta un corral, -dijo la dragona en un susurro de doce mil decibelios justos.

El rey, recolocándose un graciosísimo gorrito de dormir, se volvió a la cama. Los sirvientes ni se habían levantado.

La reina, entre sueños, le dijo que sssiieraa el niiññaaito ese del ffeluusshi, ouuuaaaaaiii, que se fuera paaal caraho, que no tenía ni er título de la ESSO y que mañiana sin farta llamaba ella a la maree ooouuuuaaaaai, nas noshe cariñio, y añadió “a vé si esta semana meesha un par de porvoh realeh”, mientras el rey se hacía el dormido.

Afuera, mientras tanto, dragona y príncipe no se ponían de acuerdo.

-¿Pero tú te has planteado qué futuro le vas a dar a la niña, niñato?, -preguntó la dragona sentándose en el lago como en una bañera, con las patas delanteras cruzadas.

-Yo vivo la vida loca, o sea ¿no? y me planteo en sí mismo el presente, digo o sea, ¿mentiendes? Yo se me pienso en mi totalidad que hay que no observar un futuro que, o sea, me lastre mi actual posición vitalista o similar. A ver si me explico.

La dragona, sin llegar a dormirse, cogió el móvil.

-Buenas noches, Tormentoso, -dijo cuando descolgaron del otro lado-. ¿Cómo estáis por casa? Por aquí liados, que tengo aquí a tu niño diciendo tonterías, pero con ganas de que le deje pasar y montarse una ensalada con mi niña princesita, que también se las trae con tanto mensajito. Anda, llégate por él que me van a dar las tantas y mañana tengo congreso al que no quiero ir con ojeras.

Al rato, una zodiac real recogió al principito, el piloto lo envolvió en una manta y le fue preparando para la que le iba a caer en cuanto desembarcara. En la oscuridad, la dragona, sin ver que era la princesa Muelasblancas quien conducía la zodiac hacia la puerta opuesta del castillo, se durmió con la conciencia del deber cumplido.

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Reflexiones de un sábado por la mañana (CXXXIII).

2010/08/28

Huelga vital.

Voy a hacer una huelga muy particular el próximo día 29 de septiembre de 2010. Huelga total, absoluta, permanente. De vida.

El próximo 29 me quedaré en animación suspendida. Así, como suena.

No me dolerá ni un solo accidente de coche en las magníficas autopistas y autovías de la Red Nacional de Carreteras. Ni circularé por ellas.

No sentiré vergüenza por quienes trabajarán por las tardes para acelerar los frenazos de su jornada matinal de trabajo. Como estaré suspendido de vida y sueldo, que digan lo que quieran.

Me evitaré oír a cada parte del conflicto por un oído distinto, chocando estrepitosamente dentro de mi cabeza, anulando la posible razón de uno y la legitimidad del otro. No diré quién es el uno, ni daré pistas de su mala administración, ni diré que el otro ha parecido un ministerio más durante un buen puñado de los recientes meses.

No me enfrentaré con quien no sabe quién es de los suyos, como yo.

No sabré echar cuentas antes del día 29, para así no poder discutir qué alternativa tiene quien gobierna con agujeros negros en los bolsillos, regalos fiscales disparatados y mensajes enunciados en un idioma aprendido en un curso de silabeo raro, como de castellano para zulúes.

No tendré en cuenta las cifras de seguimiento de quienes no trabajan: mucho ojo, no sea que ese día coincidan o se acerquen a las de quienes no trabajan el resto de los días del año. Me evitaré un recital de cifras muy lejanas unas de otras.

Resucitaré al día siguiente y preguntaré cómo ha ido el tinglado. Me inventaré una excusa de menor envergadura, no diré la verdad de por qué no fui a la huelga. Nadie creería que una persona normal y corriente fuera capaz de morirse por un día. El que más se acercó necesitó al menos tres. Y eso porque era de origen divino, dicen.

Escucharé con atención la doble victoria de cada uno y seguiré sin saber cuánta gente tendrá que volver a dar su vida para que la dignidad del contrato de trabajo sea otra vez un valor sagrado por quien contrata y quien es contratado. Trataré de entender por qué si puedo despedir antes contrataré más.

En fin, para alguien que vuelve a la vida, será normal que pregunte con el mayor interés por qué seguimos jugando a un sistema que se muere –aunque sea de risa- sabiendo que su portavoz, el mercado, se basa en la pesadilla del valor falso, del sueldo blindado y de la mala administración de lo poquito que queda.

Escucharé muy atentamente lo que me digan, tanto unos como otros. Y así, puede que para la próxima convocatoria de huelga me entere de verdad de qué se pide, si es algo urgente o si, como esta vez, es una huelga con fecha de caducidad de hace un par de años.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CXXXII).

2010/08/21

VIDA DESPUÉS DE LOS 50.

Es uno de los secretos mejor guardados.

En teoría, los niños son mayorcitos y los abuelos aún crujen, luego se quejan. Luego están vivos.

La mayoría de los recibos de la hipoteca obran en nuestro poder.

Los cuerpos, tras la doble capita de grasa y mollitos, aún piden guerra.

La mayoría de los dientes obran en nuestro poder.

O eso debería ser.

Pero…

Veo niños que beben y beben y vuelven a beber hasta eso de los trentipico. Mételos entonces en cintura, sácalos de casa y ponlos en horarios de siete horas diarias como empleado sobrio.

Veo jubilaciones tipo espejismo: cuanti más cerca se les tiene más se alejan, se alejan, se alejan…

Y mal vamos para buscar tardes de casa disponible para la pareja cincuentona y sus shows. Porque ya está bien de estar metidos y sometidos en el dormitorio, sin sitio para evolucionar. Y todo porque el niño sale tarde, vuelve tarde y se queda en casa por las tardes. La leche que…

Y lo del deporte. Duele casi el conjunto muscular y óseo al completo. Pero es imprescindible. Hay que caminar a diario. Y estirar los músculos, para que no se queden perezosos. Y comer mejor, menos cantidad, bebiendo a gusto pero sin coger una panoplia a diario para demostrar al niño que no ha inventado nada. Nada de eso. Porque el niño, hasta que no vea el billetito de veinte no nos va a dar la razón en asunto alguno.

Y así, pensar menos en el futuro y más en el presente. Cuesta lo mismo y se piensa menos, porque como se miren las cotizaciones de los veinteañeros, nuestro futuro gira en torno a lo que muchos y grandes filósofos calificaron como una mierda grandísima.

No hay que darle muchas vueltas: Cincuentones del mundo, uníos a vuestra pareja, redescubridla, volved a darle al beso la importancia que tiene y, si es posible, meteos los dos en un curso de baile. Lo de los viajes del Imserso vendrá por sí mismo, siempre contando con que el niño termine esa asignatura y acabe doblando los riñones.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


DUELO DE AMOR.

2010/08/18

-Quiero recordar el sentimiento del amor.

-Mira tú qué bien. Siéntate a mi lado.

-No te rías, que lo digo en serio.

-Pues créetelo.

-Hablo de recuerdos, no de creencias.

-Pues bueno. Ya empezamos. No se puede recordar lo que no se ha aprendido. Y el amor no se aprende. Se cree en él o no se cree. Toma ya.

-Brillante. Puede que estemos ante un silogismo, un razonamiento que nos lleve al caos o a la certeza.

-Certeza de qué querrás decir. ¿Del amor?

-De su posible existencia. Así es.

-¿Y cómo?¿Basta con nombrarlo?

-Podría ser.

-¿Es cuestión de momentos?

-Es como las ráfagas de brisa. Siempre se notan. Siempre se agradecen.

-Vaya silogismo. Eso suena más bien a lo que te dé.

-Es un rodeo, lo confieso. No me atrevo.

-¿Y las hormonas, ésas que van y vienen?

-Tienen mucha culpa, de lo bueno, lo malo y lo peor.

-Entonces, ¿por dónde atacamos?

-Por el principio. Si te atascas, hay que volver al principio. Y el principio, siempre, es el amor.

-Vaya, un toque bíblico.

-Es pura coincidencia.

-O que todos recurrimos a lo mismo.

-Mucho estás tardando.

-¿En decirte que te quiero?

-Demasiado.

-Será que no me atrevo.

-Será que antes parecía no hacer falta.

-Por las hormonas…

-Será. Pero ahora sí.

-Pues dilo.

-Pero si no sé lo que quiere decir.

-Entonces quédate a mi lado.

-¿Volvemos al principio?

-Claro que sí, amor mío.


Tramitango.

2010/08/17

Le presenté el documento,

al funcionario dormido.

Y en lugar de, en el momento

darle su curso debido,

miró hacia el firmamento

grabó en rojo “lo invalido”

con grandísimo aspaviento,

y el trámite, suspendido.

Peleé hasta donde pude

reclamándole su sello.

Me contestó “no lo dude,

y rellénelo de nuevo”

Antes de rendirme al folio

en blanco sin datos previos,

cobró cinco euros y medio;

protesté por el expolio,

pero no perdió los nervios.

Revisé bien las casillas,

mayúsculos caracteres,

de pie, no me puso silla;

¡Administración!, cruel eres,

machacando rabadillas

de hombres y de mujeres.

Volví lleno de esperanza

a su ventana pequeña,

lleno el papel de reseñas,

para encontrarme la chanza

en su careta risueña:

“falta que baile una danza”.

Me fui para su esqueleto

armado con dos bastones.

Me dijo “quédese quieto,

que le doy explicaciones:

se dejó en blanco la jota

del apellido primero

y queda moro o parecido”.

Le entendí: faltó y se nota,

igual que con el joyero,

se queda muy deslucido

el jarabe, mi apellido.

Rellené el resto, los di,

los papeles recogió,

retrocedí y avanzó,

mis documentos selló

y el trámite conseguí.

Papel con sellos de sobras,

salí tras un mes entero,

y pude empezar la obra

del grifo del lavadero.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CXXXI).

2010/08/14

BORRACHOS.

Así es como estamos, porque así nos hemos vuelto.

Un día sí, el otro también, el mundo se cae a pedazos y la anestesia que supone la borrachera nos cura del dolor, del susto por las tragedias. Hasta de la sorpresa.

Si hemos visto tanta muerte, destrucción y sufrimiento en la ficción, la Naturaleza debería esforzarse un poco más si lo que quiere es nuestra estupefacción.

Si las catástrofes de las últimas películas de tono apocalíptico se valen de aplicaciones informáticas capaces de meternos el miedo en el alma, aunque nos apaguen el alma, está claro que la exigencia para las riadas, incendios y otros cataclismos naturales debe estar por encima para crear emociones intensas.

No es suficiente con Haití, Chile, o Pakistán. Estos se califican, claramente, un par de niveles por debajo. No se ve en ellos la continuidad del flujo del movimiento, ni de tierras, ni de vientos ni de agua. No se aprecia la plasticidad con que, en cámara lenta, se derrumban edificios altísimos ni se mueven ingentes moles de rocas. Para colmo, basta ver el aspecto descuidado que ofrecen los rostros de quienes aparecen en los primeros planos: una falta evidente de pavor, de susto. Parecen resignados. Ni siquiera se aprecia la luz de la esperanza en el rescate que sabemos que se ofrece a eso de las tres cuartas partes del metraje de la superproducción.

A nosotros nos gusta vivir en ese limbo virtual que permite dormitar permanentemente.

Que los sueños nos los den hechos.

Hasta, eso sí, que nos toque a nosotros.

Porque ver caer de verdad a la torre Eiffel no tendría perdón de Dios. Y, poco antes, o al mismo tiempo, seguro que da grima real, sorprendente por lo nueva, ver cómo los audis, los mercedes y los bemeuves, se dejan arrastrar por el lodo. Eso conmueve a cualquiera.

Estamos llegando tarde y mal a las ayudas.

No digo dejar de beber cerveza. Propongo evitar la última y dar ese dinero a los que por no tener no tienen ni la cara que nos gusta ver en los extras de las superproducciones. Esas en las que al final surge una moraleja, la de cuidar por el clima. Incluso a las personas.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


¡Basta!

2010/08/12

Señoras, señores:

Ante tanto fatalismo, me presento ante vosotros, ciudadanos, amigos, para comunicar que no toleraré más falsos profetas que nos atormentan con el fin del mund