Reflexiones de un sábado por la mañana (CLV).

2011/01/29

Ex-Insultate Jubilate.

Y vengan reuniones.

Que si son ciclos. Que ahora toca caída libre (por supuesto), que ya mismo empieza el sistema a regenerarse, a crear empleo, luego (es decir, por tanto) riqueza y bienestar.

Mientras, que no cunda el júbilo. Nada de descansar con cargo al trabajo ya hecho y los ahorros acumulados. Sigamos trabajando, que es salud.

Se me olvidaba que los mercados, en concreto los mercados intangibles, son los que hacen notar el bienestar y el aumento de la riqueza de los propios mercados. Los que contribuyen a que la riqueza sea real y comamos y nos vistamos con ella, que mantengan un poquito más el peso sobre sus hombros. Que este folloncillo se pasa en un momento, ostialajoder.

Que el trabajo tiene el sentido de la aportación de cada uno al mundo, su sello. Su participar en construir y desarrollar el progreso. Ahí de acuerdo, con el pero de saber hasta cuándo desde siempre y desde que empieza la partida, sin trucos que inventan cartas nuevas al final.

El problema estructural, tan cacareado, servirá por siempre para que quien derrocha, mal administra y roba no se aparte de los privilegios ni devuelva nada de lo que ha malgastado.

Estoy harto de gastos judiciales para saber, de antemano, que el control del fraude no implica la recuperación del mismo,  hasta el último céntimo. ¿Cómo se puede tener tan poca vergüenza queriendo recuperar el déficit del derroche pagando pensiones más bajas y por menos tiempo?

¿Cómo aceptamos sin rechistar la cara tan dura que tienen quienes se pagan sueldos altísimos e intocables?

Pues vengan reuniones.

Pues que en una de esas sesiones maratonianas, donde el cansancio y el abatimiento permiten firmar leyes que derogan otras que costaron vidas, se miren unos a otros y se jubilen con la mirada de las cifras reales: basta quitar a consejeros que no van a los consejos ni aconsejan, eliminar informes falsos de asesorías inexistentes y tras comer un plato de comida en un restaurante decente, tener la decencia de pagarlo con dinero propio y no de los contribuyentes: de ése que teníamos guardado para los que nos han sostenido tantos años. Veríamos cómo le saldrían las cuentas. Y algo sobraría.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


POR LAS PRISAS.

2011/01/22

Don Mendo González Puente,

Gran Conde Duque francés,

se la metió a doña Inés,

del castillo de Cifuentes,

por error, dicen las gentes.

Y al darse cuenta, después,

de que no era procedente,

puso excusas en inglés

y se largó al Penedés,

huyendo de los parientes.

Tras él fueron a caballo,

en carro e incluso a pie,

los nobles y los vasallos

para intentarlo coger,

pero él zampó que ¡un carallo

iba a pensar en volver!

Finalmente hubo casorio

por las buenas entre el duque

e Inés en el paritorio

y el primogénito, Honorio,

fue la insignia de sus buques.

En cuestión de la metida

frontal, mira tú por donde,

fuera o no fuera querida,

no traer condón fue parida

que trajo en cambio un gran conde.

Moraleja: ojo al que avisa

de correr e irse corriendo

sin la menor cortapisa:

¡ni conocer la camisa!

como le pasó a don Mendo,

por correr con tanta prisa.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CLIV).

2011/01/22

Balas sobre Broadway Tucson.

Unos doscientos millones de ciudadanos de USA usan otro buen montón de millones de armas. Más que legal, constitucionalmente permitidas.

Pues bueno.

Persona a persona, ¿cuántos esperan una agresión a mano armada?

¿Quieren sustituir a sus cuerpos de seguridad y su ejército (el mejor del mundo, dicen) para poder atacarse y entonces defenderse de ellos mismos?

¿Sólo se vive para atacarse en ese país? Ah, claro, y para defenderse. Perdón.

Hemos tenido otro arranque de USuArio armamentístico: varios muertos y una senadora gravemente herida. Por un loco. Ah, bueno, ya estoy más tranquilo. Aunque no conozco la proporción de locos de USA. Ni la proporción de locos con armas constitucionalmente permitidas.

Cuestiones ideológicas y de estilos de vida al margen, si no tienes un arma no la USAs. Y nada de entrar en barbaridades de que se puede hacer daño de muchos modos: se trata de no pensar nunca en hacerlo. En NO esperarlo.

Si se vive pendiente de ser agredido, cualquier roce en el autobús que acelera nos parecerá un ataque y el empujón involuntario nos avisará para desenfundar un arma y provocar un cataclismo irreparable.

Allí, en USA, con la pena de muerte posterior al caos del loco con arma constitucional tienen resuelto el problema, aunque sea a posteriori.

Un arma es una herramienta de matar. No hay más vueltas. Y si la policía la tiene es porque es la única autorizada a tenerla. Ponemos en sus manos la seguridad y la confianza en su dominio de situaciones de catástrofes naturales o desórdenes que no hayan provocado ellos mismos, claro está.

Pero en USA no tienen otra forma de entender cómo se resuelven los conflictos. Y hacen lo mismo que sus películas dicen que hacían hace doscientos años: defenderse, actuar en defensa propia. Entonces ¿para qué tantas leyes? O un poner, ¿cómo demostrar dicha defensa propia si no se tiene un abogado?

Uff, otro terreno pantanoso. Me vuelvo al absurdo increíble pero constitucional de las armas vendidas en los supermercados. Un disparate.

Muchas veces he pensado en lo poco que nos sacude ya una muerte. Hemos visto cómo la Siniestra actúa a lo grande, al por mayor. Pienso en cada vida irrepetible (los cristianos dicen que con un alma) y me repito que se acaba el mundo cuando ésta acaba y no concibo que se pueda poner en manos de alguien que considere un juego, un derecho, el tener un arma de fuego al alcance de su mano.

Jamás he tocado un arma de fuego. Espero no hacerlo nunca. Oí una vez que aprendimos a matar deprisa antes que escribir de prisa (metralleta antes que máquina de escribir) y se me hiela la sangre.

Mi visión sigue siendo no dar ni la menor salida al monstruo interno que lucha por salir de cada persona. Y mucho menos un arma para que se agarre a ella.

Qué curioso, armarse para ser un desalmado. O, mucho mejor, viceversa.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CLIII).

2011/01/15

Fines de semana.

 

Vamos a ver: viernes, quince horas y un minuto. En casa, con dos días y medio por delante. Somos un tren. Porque hay que ver lo que dan de sí. ¿Qué hacemos con tanto tiempo libre? Hay que recordar que somos privilegiados. Que hablamos del descanso, el ocio y la felicidad que nos traen como del derecho más básico y más indiscutible.

Disponemos, hay que recordarlo, de mucho tiempo. A menos que surjan compromisos. Primer chirrido. Porque, vamos a ver, ¿qué hay pendiente por ahí?

-Colocar esa tabla grande, la que había que medir primero y cortar después; bueno, darle una pasadita de lija previa y, en un momento, barnizarla y colgarla con sus escuadras y tornillos dentro del trastero. El viernes temprano, sin ir más lejos.

-Leer el libro que nos han regalado por Navidad, aún envuelto en plástico fino. Que quien nos lo regaló –hace dos Navidades- lo ha visto al llegar a casa y lo ha sacado de la estantería. El viernes por la noche, sin ir más lejos, comenzamos su lectura y en cuatro días tenemos un comentario.

-Nuestros hijos quieren presentarnos a los hijos de sus amigos, bastante recién nacidos. Y quieren hacerlo mientras nosotros damos una copita en nuestra casa. Y llevan una buena temporada diciéndonoslo. Lo mejor, decimos, el sábado por la tarde: estamos más relajados, no tenemos la presión del trabajo al día siguiente. Sin lugar a dudas, el sábado por la tarde, decimos al colgar el teléfono.

-Por tanto, el sábado por la mañana, a levantarse temprano y hacer una comprita “de cosas ligeras, pero también de las contundentes, a ver si se van a ir con hambre”.

A todo esto, hablamos de una época, unos años, en los que los cuerpos buscan como los náufragos ese tesorito de la segunda adolescencia. Pero claro, con algo de tiempo. De modo que el fin de semana estaba destinado, sin otro impedimento, sin nada más en qué pensar, a pasear, cenar, beber y retozar sin más pretensiones. NO hay que olvidarlo en ningún momento y estar atentos.

El fin de semana es un lujo. Un montón de horas durante las cuales mucha gente vela por nosotros, desde el conductor de tren hasta el ATS o el guardia que está de guardia, días para levantarnos más tarde, desayunar y ducharse juntos…

Suelo pensar en la tarde del viernes desde la mañana del lunes. Es como una montaña a escalar y me siento en la cumbre a las quince horas y un minuto del quinto día, donde mi cabeza se llena de propósitos, ganas de ver a los amigos y ansias por abrir un libro y zambullirme en él, caminar y tomar una cerveza… Soñar con ser dueño de mi vida sin estar atado a los horarios.

Es uno de los grandes inventos: el tiempo libre del fin de semana. Conquistado a base de rescatarle tiempo a la esclavitud. Y por tanto, valorable como uno de los grandes avances: tiempo para gastarlo como nos dé la gana, sin pedir ni dar cuentas. Con su pizca de responsabilidad, la de ser felices sin más.

Algo sencillo y difícil, como todo lo que vale la pena.

Y tiene sencillas indicaciones de uso: al terminar la semana y llegar a casa, no dude en mandar al armario su corbata o su mono a la cesta de la lavadora y oblíguese a festejar con un abrazo su entrada. Como no hay microchips para cambiar de actitud, dése usted mismo un pellizco en el alma y respire hondo. A partir de ahí, tengamos más o menos preocupaciones, valore ese rato libre conseguido por y para los dos. Si no hay nada grave, que nadie se meta por medio, o que espere al lunes, día en que estaremos encantados de atenderle.

 

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CLII).

2011/01/08

Ese tal Alzheimer.

Es un tipo brutal, aunque no me lo conozco del todo en su capacidad de destrozar una mente, prodigiosa o no: lo veo venir agarrado a gente cercana, conocidos y familiares. Es traicionero pues se acerca en la vejez, cuando los cuerpos están cogiendo aire para levantarse de una silla y los cerebros interpretando las imágenes borrosas que les mandan unas lentes movidas sostenidas por unos ojos con músculos reblandecidos.

Me pregunto si avisará. Y el motivo no lo distraigo ni tergiverso: no quiero vivir con él ni un solo día de mi resto de vida. No quiero negociar un puñado de días en que me levante para vivir según lo que decidan hacer conmigo.

Y todo lo anterior sin perjuicio de las muchas personas que están dedicando su energía –profesionales o no- a cuidar y atender a quienes están perdiendo la cabeza sin remisión .

¿Es que hemos llegado a vivir demasiado?

¿Está programado nuestro cerebro para afrontar tantos años de funcionamiento?

En caso negativo, se diría que el tal Alzheimer es el guardián que viene en la prisión a recordarnos que se acabó el tiempo de la entrevista, y que debemos retirarnos a la caverna de la cadena perpetua.

La vida, según los cristianos, está por encima de cualquier consideración. ¿Incluso de la falta de conciencia de que se vive como un vegetal?

Pueden argumentar que se percibe el cariño, la ternura, la paciencia y la dedicación que se dan a personas que sufren el deterioro por culpa de la pérdida real de conexiones neuronales. Pero yo temo no tener conciencia alguna, ni la de tomar decisiones ni la de ser más que un pedazo de carne sin otro destino que esperar la parada de un motor cardíaco que va detrás de una mente perdida.

Es cruel en apariencia, pero quizá la vida, pensada desde la dignidad, se establecería en otro plano si la muerte nos cogiera siempre en cierta plenitud. Aportar conocimientos, descubrimientos, trabajo y esfuerzo es darle sentido a la vida. Dejarse llevar por satisfacer necesidades no siempre reales, sino creadas, nos lleva a que vivir sea consumir sin ganas y comprar para guardar. O latir para hacer bulto.

No quiero, en definitiva, vivir sin darme cuenta. Y tampoco deseo sembrar la idea de acortar vidas por ninguna razón, por la esperanza de que la Ciencia actúe pronto contra el capullo éste, el tal Alzheimer, y lo mande al Averno. A él solo. Lo que sueño es una vida sin pérdida de memoria, de recuerdos de nuestro camino por este mundo. No pido maquinaria sin fin, porque no cabríamos todos si fuéramos inmortales.

Lo que quiero es recordar a gente maravillosa después de que una muerte digna se las lleve. Así se lo deseaban antiguamente a los grandes guerreros, esos que hacían de cada minuto de su vida una aventura. Sin que surgiera el momento más triste posible: ése en que un hijo te da un beso y no le devuelves más que una mirada perdida.

Eso no lo quiero para nadie. Eso, si hubiera un dios como Dios manda, no sucedería.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CLI).

2011/01/01

Liquidación.

 

Haya calma, porque no me daría tiempo a organizar un buen Apocalipsis ahora. Es la hoja que queda de un calendario para poder tirarlo y poner en la cocina el nuevo de la Caja de Ahorros; y seguir viviendo después.

Pero es tradición de día de bulla, comentarios y bulla, atragantadas de uvas y proyectos, bulla y promesas, besos y deseos, deseos sin besos, abrazos escritos, abrazos partidos, empanadas, andanadas de pólvora y campanadas.

Por todo el párrafo anterior, insisto: calma.

El final de 2010.

Crisis, en plural de siempre y la singular que ha venido a pasar una temporadita cuando dijo unos días. Follones. Euros parriba y pabajo. Broncas. Cambios.

¿Ideas?

Reconocimientos papales infalibles infollables hasta ahora, que ya resulta que se pueden cubrir con una gomita fina. Pero que eso no cambia nada, unos miles de muertos parriba, unos miles de muertos pabajo. O miles de embarazos no deseados parriba o pabajo, que también.

El Sistema y los mercados, siempre sin nombre ni apellidos definitivos.

La maldición de trabajar, en lugar de la conciencia de ser útil.

El otro extremo: aportar más y recoger menos y más tarde.

El bipartidismo mundial, nacional o local, que da lo mismo, como si alguien se creyera alguna ideología distinta a la dominar o dejarse dominar.

El reparto de la riqueza hasta eliminar situaciones de desamparo, con la espada del vago siempre pendiente de caer sobre los sistemas de protección.

El despilfarro que no cesa.

El desembarco de los políticos en la mayoría de las facetas sociales o profesionales y su indiscutible capacidad para liarla.

A ver qué carta de presentación trae el 2011 y qué testamento oficial va a entregarle su predecesor en la cuna. Qué credenciales. Seguro que las de un viejo que sabrá advertir de lo que hay con dos cartas: una de ándate con ojo y otra de tú al menos inténtalo día a día, persona a persona.

A ver qué lista de cosas por hacer nos escribimos a diario para a diario hacernos la vida menos rara, sin tantas fechas.

Aunque hoy, pack del treinta y uno de diciembre y uno de enero, entremos a por uvas. Como es de ley.

 

Tengan todos ustedes muy buenos 365 días.