Reflexiones de un sábado por la mañana (CCVII).

2012/01/28

Cuestiones religiosas.

Si no fuera porque se quiere meter en todos los fregados, y mucho más donde ni siquiera le llaman, la iglesia católica tendría otra pinta. Qué se yo, la vería más discreta.

Pero son gente que sabe observar, que conoce al ser humano mejor que nadie. Y sabe que al ser humano hay que ponerle límites, para que no le salga el cafre que tiene en las venas.

Si el roce de dos espejos retrovisores justifica una rabia infinita, está claro que practicar la caridad y la paciencia es un bien necesario, de primera magnitud, y está entre sus enseñanzas calificada como prioritaria, con rango de virtud.

Si no obligara a sus simpatizantes a repetir salmos, salmodiar, de manera robótica una vez a la semana, en lugar de machacar la real falta de solidaridad, se le vería una frescura que ni tiene ni se le espera.

Si no valoráramos la entrega de muchísimos de sus integrantes, que incluye la falta de comodidad y el riesgo de perder la vida, cometeríamos una injusticia monstruosa. Lo mismo con la asistencia a los que no tienen de verdad donde ir.

Pero, ¿y la cuestión de prohibir el celibato? ¿a qué barbaridades les ha llevado? Tanto negar la condición humana de sus miembros ha derivado a situaciones terribles de las que no se ha sabido siquiera pedir perdón. Han sido momentos de un bochorno infinito donde nadie con sotana de lujo se ha echado a dar la cara cortando de raíz. Pedir además comprensión para el delincuente tiene sentido, pero después de pedir justicia para el ofendido, digo yo.

Entonces, ¿en qué quedamos?

En el asunto del dinero, sin duda, estaría un punto controvertido. Iglesia y Estado se sientan a negociar cuánto dinero de los impuestos va a respaldar la labor de la primera durante cada año. Son miles de millones de euros que deberían salir de las cuotas de los socios, no de los que no frecuentan –o no van nunca- sus instalaciones.

¿Por qué?

En el fondo, ¿es el llamado Temor de Dios de los cristianos lo que ha metido el miedo en el cuerpo de los políticos? ¿incluso de los que después bromean con el laicismo?

Mucho trabajo desperdiciado en leyes de igualdad no se meten en la prohibición para la mujer a la hora de dirigir la iglesia. Supongo que igual harían con cualquier otra ONG privada. Pero la igualdad parte de creerse las cosas, no sólo de institucionalizarlas. He repetido mil veces que la única bofetada que se le puede reprochar a una mujer es la segunda. La primera no la esperaba, estaba el amor, EL AMOR, como guardián. Pero la segunda, la que le dice al hombre su superioridad, ya no debe encontrar en casa a quien la reciba. Pero es que ESO, muy concretamente, se explica demasiadas veces con un componente de tolerancia como mensaje desde la iglesia. Que no me lo invento, que son homilías reales dadas por curas reales.

Lo profundo de las ideas religiosas, lo íntimo de los sentimientos trascendentes, no es mi problema. Allá cada uno.

Yo, en este aspecto, soy de los que no quieren necesitar un dios para portarse bien. Y todos sabemos lo que eso significa.

Para los que sí, mis respetos. Pero con sus cuotas, digo yo.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCVI)

2012/01/21

Sobre los demás y demás.

La suma de los pensamientos de todos (TOOOOODOS) los que vivimos en la Tierra,

¿Será muy grande?

Es decir, ¿será acumulativa?

Lo digo porque si parece que más o menos la mitad piensa en joder a más o menos la otra, con la contabilidad imprecisa de esos picaruelos que siempre están en la primera mitad, podríamos pensar que la suma es cero. O casi nula, infinitesimal, que diríamos los entendidos en esto.

Si las Leyes y los decretos leyes están para darse de palos con más o menos armamento nuclear o simples regulaciones fiscales para los listos y lazarillos, las  leyes que compensan, que salen mucho después, parecen equilibrar algo la balanza, pero todavía no hacen pensar en UNA forma de llevarse bien.

Si hay bronca continua es porque desde hace un montón de años basta con celebrar el origen divino del poder o de la propiedad.

Es curioso y respetable, según los usos y costumbres, que el patrimonio acumulado se transmita a los llamados herederos legales. No es cuestión de quitarle de un plumazo a un padre poder asegurar el futuro de sus hijos. La cuestión es que se mantienen privilegios para gente que, en un buen porcentaje, no ha doblado los riñones en su vida. Y tras la herencia menos. Esto es sólo una observación. A cada uno lo suyo.

Pero no me parece bien salir con ventaja en todas las cosas.

Como inciso, diré que la gente guapa y que huele bien está, para colmo, endiosada por los que compran las revistas donde ellos hacen sus monerías en el Caribe y las pistas de esquí, en agua o formato de nieve. Esto también tiene su guasa.

Celebramos el poder y la distinción.

Quizá el hecho de que alguien se sienta superior a otro, aunque no seamos nosotros, es una especie de triunfo de la especie humana. Quizá con la esperanza de que nos toque a nosotros alguna vez.

Dicen los historiadores que antes de la I gran Guerra teníamos un nivel de civilización cercano a lo sublime (habla de Europa, la vieja Europa), el cual se fue por el sumidero ante las atrocidades cometidas en la contienda.

Nuestra cultura se basa en conocimientos, no en sabiduría. Es un peligro, pues  todo este saber no se asume como resultado de una dedicación, sino como el cumplimiento de un derecho indiscutible que la informática nos acerca con muy poco esfuerzo. No implica el respeto por las personas. Se ha revitalizado el canibalismo intelectual, además del moral. Espero que no el literal.

Tengo la impresión, cada vez más, de que el dolor de los demás nos duele cada vez menos.

Siempre pulula lo de que “mientras no me toque a mí”, pero siempre nos llegará. Es ley de Vida. Es cuestión de tiempo.

Mientras, si no en su lugar, pongámonos un pelín más cerca de los demás. Se acercan tiempos de prueba rigurosa para saber si el ser humano, por muy trascendente que se crea, es capaz de justificar ese origen divino del que hablaba. Pero no del dinero, sino de sí mismo.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCV).

2012/01/14

Recuperación.

Ante la falta de información oficial, clausuramos definitivamente el año 2011 con las siguientes Instrucciones Básicas, a seguir para la recuperación y puesta en funcionamiento del sistema digestivo tras su reciente bombardeo.

1. No coma. Y punto.

2. O coma menos para salir del coma.

3. Pasee, aunque sea alrededor del sofá, buscando polvorones que “pueden” aparecer en cualquier momento.

4. Flexiónese. Basta preguntar cómo se hace a un vecino de confianza.

5. No llame a cualquier fisioterapeuta tras los resultados del punto 4.

6. Una vez de pie, pregunte en la WEB por el concepto “fruta”, el “verdura” y, por qué no, el “agua fresca”.

7. Reduzca la siesta poco a poco, hasta bajarla a menos de tres horas y diez minutos. Antes del verano se encontrará saliendo a la calle con luz natural y no confundirá más las siete de la tarde con las de la mañana.

8. No mezcle las patatas con las de los demás. Separe raciones individuales en platos.

9. Vuelva a ver las notas de sus hijos y aumente el nivel de los disgustos poco a poco. Serán minutos ganados al ayuno y su cuerpo le avisará de un mínimo hueco que no debe rellenar. Será la señal para el inicio de su recuperación digestiva. Aprovéchelo. Y no firme las notas ni loco.

Una Navidad más. Con lo que supone haberse enfrentado –individual y colectivamente- a organizadas hordas de dulces, turrones, empanadillas, rosquillos, alfajores y mazapanes que, sin piedad, han sido ofrecidos en bandejas paseadas antes sus narices. Para los que lograban masticarlo todo, la ayuda de licores, vinos y cavas acudían con sonrisa y taponazos en rostros sin avisar.

Ahora hay que volver a vivir a pleno rendimiento. Con un frío invierno por delante, pendiente el corazón de que el engrudo que le rodea le proteja como una manta antes de disolverse. Pensemos en dicha coraza de colesterol como en un escudo calórico a modo de gran reserva para la lucha diaria.

Serán días de difícil explicación, como las subidas de impuestos.  Como la bajada de las prestaciones. Como el mantenimiento de los privilegios. Pero esa, dicen, es otra historia.

Pongamos el año en marcha.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Billar americano. Campeonato hindú.

2012/01/13

Se enfrentan Damadatsi Pruda, de la casta Ña, contra Puridura Metmabu, de la casta Ñuela, ciento diez escalones sociales por debajo de la de su adversario y mucho más alegre.

De tal modo, los seguidores de Pruda tienen derecho a pisar los riñones de los que animan a Metmabu, y éste mismo, además de pedir permiso a su rival cada vez que le toque jugar, realizará fantásticas contorsiones de cadera y cintura, humillándose como es su destino ante alguien con un origen tan superior al suyo.

Comienza la competición. No se llega ni a las dos horas de retraso.

Pruda abofetea a Metmabu para entrar en calor y desentumecer los músculos de manos, muñecas, codos y omóplatos. Que luego vienen los calambres, le dice su manager, el yogui Cicudrama. Además, le rompe un palo llamado “taco”, y le dice tacos suaves, nada de cabrón ni cosas por el estilo: le dice cabrito y en voz baja.

Metmabu sonríe y sirve para su rival un suave y templado té en una taza de cristal repujada con incrustaciones de brillantes, mientras él da un traguillo a un botijo de Cáceres lleno de anisete.

Tiran la moneda, que recoge del suelo el árbitro con la boca –es de una de las castas más ínfimas que hay, y los dos jugadores le despeinan a tortas, incluso se sientan sobre él durante un par de minutos- y dice que empieza Metmabu, quien cede su turno ante la sugerencia de Pruda, que le saca la bola blanca de la boca para que pueda articular versos del sublime Parhananas, el poeta de bebés.

Después de recortar el césped de la mesa, el árbitro, con un ajustadísimo sombrero de copa realizado en plástico, pone las bolas sobre el tapete para verificar la correcta textura de la tela. Después se baja y coloca las bolas de colores.

El primer golpe de Pruda a las bolas –antes, por aburrimiento, le pega una patada al camarero, de la casta Ñeta, un grupo social muy valorado en los recitales de flamenco-. Pruda golpea con efecto, provocando que la bola blanca “se pasee” como de puntillas por encima de las demás, como pidiendo permiso, en un derroche de fantasía. La blanca, por su cuenta, se sale de la mesa y se lleva por delante los incisivos del vaishia Genaro Gómez Perlas, un enamorado de este juego que se ha gastado toda su fortuna en acudir a la final. Protesta pero nadie le toma en serio, pues todo el aire se le va por el hueco de sus ex paletas.

Por su parte, Cicudrama, ante la jugada de su pupilo, se afeita en directo ante una cámara de televisión, argumentando que con cuatro hojas la piel no se entera de nada. Y es cierto: la marca Rapayá para afeitar dedos de pies –patrocinadora de esta final- está llamada a hacerse de oro.

Con permiso del de casta superior y sin echarle en cara su fallo, Metmabu vuelve a pasar una bandejita con pasteles, besa los pies de Pradu, da un codazo al camarero y toma su taco con la izquierda, pasándosela a la derecha sin caérsele. Se agacha sobre la mesa, besa la bola blanca apasionadamente y la pone, sumisa y húmeda, delante de su largo taco. Se acerca a ella y más que golpearla la envuelve y empuja, la arrincona, invitándola a cargar contra las demás, a las que dispersa en todas direcciones. En concreto, la bola verde de rombos se estampa contra un jarrón Ming valorado en cuatro millones de dólares que la compañía aseguradora comienza a cobrar de inmediato pasando una gorra por todos los asistentes. ¿O es que nadie ha visto nada?

Dado que cuatro de las bolas se han metido en los agujeros laterales y de los rincones, Metmabu pide la venia para seguir jugando. Lo hace de nuevo de acuerdo con la bola blanca, a la que tiene loca. Para el siguiente envite, la vuelve a mirar mientras unta de tiza su taco de forma lenta, durante quince minutos. Cuando se echa sobre la bola, ésta ya sabe lo que tiene que hacer, pero en su camino la bola negra, perdida, tropieza con ella, se pierde más aún por una esquina y, cuando el árbitro la saca, viene envuelta en una querella criminal de la que sale absuelto el jugador al llegar a un acuerdo. Metmabu se tiene que tirar al suelo a instancias del árbitro, al que patea después de estrecharle la mano.

En el turno de Pruda, la blanca sabe que no volverá a gozar de los privilegios que tenía. En efecto, la condición de raza superior se invierte en este país, donde la trata de blancas es un negocio de vértigo. Pruda, para empezar, mira a la bola negra que se pega aterrada a una banda hasta parecer que se reduce de tamaño. En su golpe al centro de la blanca, ésta reacciona sin frenos, buscando cuanto antes una digna caída a la oscuridad que no le llega. Varias bolas, muchas en verdad, buscan asilo bajo el tapete y piden turno para desaparecer por los distintos agujeros de escape que ofrece la suave, verde y angustiosa cubierta de la mesa. Apenas permanecen temblando sobre ella dos bolas más, una roja lejos de ser redonda y la negra, que , dándolo todo por perdido, susurra un blues acerca  del güisqui de Kentucky.

La suerte está echada. Si la roja logra meterse y huir de este infierno, Pruda logrará su decimonoveno campeonato anual en un deporte que comenzó a practicarse hace tres meses en la India.

Para lucirse ante las cámaras, intenta el último golpe de espaldas, con guantes y fumando. El camarero, a quien nadie había pedido nada, aprovecha para servir en vaso largo licor de ginebra, miel y esencia de butano. Por supuesto, lo hace justo cuando Pruda va a embocar y derramando buena parte del líquido en un bolsillo del jugador. Se produce el lógico tumulto y el camarero demuestra que es posible tragarse tres bolas de billar y regurgitarlas, todo ello en menos de treinta segundos, lo que permite seguir con el campeonato.

Turno de Metmabu. Su complicidad con la blanca, junto a su ausencia de prejuicios raciales en general, hace que las tres bolas restantes, en orden y sin empujarse, se dirijan a los agujeros correspondientes a la menor insinuación de su taco, al que basta asomar la punta entre las manos de su dueño.

El júbilo se manifiesta en un clamor de dos decibelios, ruido máximo permitido por la casta superior para celebrar que el pestoso e indigno jugador destinado a ser humillado sea ganador de un deporte que no interesa a nadie. Sale el campeón con la copa encasquetada hasta las orejas y con los suyos huyendo de las pedradas y estacazos de los que apoyan a Pruda, quien se queda poniendo velas a la diosa Nofallarí mientras su preparador le golpea los músculos pronadores con toallas húmedas.

Lentamente, se apagan las luces y el local se recupera para su función habitual: una piscifactoría de cangrejos rojos para paellas.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCIV).

2012/01/07

Vuelta a empezar.

Como si el latido primero de cada año nuevo fuera mágico. No más que el anterior, el último del año viejo.

Sin embargo, la duodécima uva, el primer beso, un sorbo de cava fresco y un griterío en directo a través del televisor le dan la ilusión que necesitamos. Estrenar ganas, buena cosa.

-Llevo todo el año sin fumar,

-Pues yo no he hecho el amor desde el año pasado,

Etc.

Son graciosas verdades, irrefutables si aún no hemos desenvuelto el papel de regalo del nuevo año.

Estrenamos también hora, minuto y segundo. Día y mes. Pero eso es frenético de celebrar y gritar. Lo dejamos para el año, solemne colección de momentos nuevos donde cabrán cosas que hacer.

Ideas nuevas.

Propósitos de ser mejor.

Etc.

La función debe continuar. Tenemos que seguir jugando nuestro papel: procuremos elegirlo.

Se trata de administrar nuestra libertad, fíjense ustedes qué salto de lo descriptivo y trivial a lo rotundo y trascendente.

Pero es verdad.

Eso sí, suponiendo que sabemos luchar por ella y conservarla, claro está.

Nos organizan la vida. Los horarios, las obligaciones y el propio cansancio, que normalmente nos rinde cuando mejor nos lo estamos pasando.

Entonces, ¿hasta dónde valen nuestras decisiones personales?

El ritmo diario, la cantidad de cosas que tenemos que hacer. Los compromisos.

No parece muy distinto este año del otro.

Las caras vienen a ser las mismas. Las prisas parece que también.

¿Entonces?

Entonces, aclaremos esto de una vez: Valoremos cada día como nuevo y –mucho más-, como único.  E intentemos un relleno de verdad y no hagamos la puñeta. Sin más.

Rescato al día como unidad real de vida. Viva el día. Despidamos cada uno como un regalo y aceptemos de buenas el siguiente como otro lujo.

Lo de las uvas cada noche puede atragantarse. Un beso, en cambio, seguro que no. No esperemos un año para darlo.

Feliz año.

Tengan todos ustedes muy buenos días.