Reflexiones de un sábado por la mañana (CCXXXII).

2012/07/21

Olimpíadas 3.

 

Quejas y reclamaciones.

El señor del Mar, don Neptuno Valdecantos y Sotoengracia, ha puesto verde hoy mismo, día final de las pruebas de natación en Londres, a su comité organizador. Protesta, y con razón, por un incidente provocado por un gambón gibraltareño que, pleno de bigotes y chapoteando entre cigalitas ligeras de ropa, ha puesto perdida de agua con cloro la barba de don Neptuno mientras éste entregaba unos diplomas olímpicos. En declaraciones posteriores en rueda de prensa, el soberano de las profundidades se ha limitado a explicar que “odia el salpicón de mariscos”.

Gimnasia. El chinoponés Mabrin Kolló Ketú, participante en anillas varias, se ha liado a colgar prendas de ropa para secar mientras él daba vueltas y más vueltas. El problema ha surgido en la devolución de algunas camisetas, que nadie ha pasado a recoger. Revisadas las prendas por el servicio de planchado, todas han resultado ser del uniforme de la delegación española, que no ha querido saber nada y las ha donado como posibles paños de cocina.

De la delegación de la Isla de Malaharia, los seiscientos asesores han presentado una protesta formal por el trato dado a su único participante, el lanzador de martillo López Cuezo, que llegó “cansado y abatido” a su actuación al haber tenido que llevar el día del desfile la bandera, el tiesto del nombre, el pedazo del mechero ese de metal y el suavizante para los calzones de los asesores, porque aquí, en el “Yunaitid Quindo, apenas ponen para las prendas delicadas”.

Gimnasia desincronizada. Los Mirmileños, en bloque, han saltado como un resorte al conocer que, aun aceptada la diferencia horaria, sus niñas no puedan nadar una ahora y la otra dentro de cincuenta minutos y después “pegar” las imágenes. Han escupido en los folios (plásticos, aunque ellos no lo sabrán jamás) y se han bajado de la tarima, cayendo dos de ellos sobre unas flores y provocando esa risa que, aunque les ayudes a levantarse, no se te quita en toda la tarde.

Concurso hípico. Los dos representantes naturales de Besalauva, reclaman su medalla. La cara con que se les ha denegado les ha curado el hipo del susto y han desistido, regresando a su país como capullos y gilipollas elegantes héroes.

Doma clásica. Se analiza la alfalfa servida al colectivo caballar que ha intervenido en los Juegos. Tras un exhaustivo análisis químico y el masticado por parte del comité encargado, nueve de cada diez jueces ha relinchado en un inglés perfecto, con suave tono y una dicción digna de la yegua personal de la Reina Madre. No se explica, por tanto, la reclamación de los jinetes turcos que, quizá mal aconsejados, no se han querido bajar del toro mecánico de la taberna de Lewis J Monroe, cerca de la villa olímpica.

Jabalina. “Las alas se desplegaban suavemente y volvían a replegarse sobre el tubo central antes de caer”. Esta es la conclusión escrita que justificaba la expulsión de la prueba de Amanda Faraway, la participante de Mecherenia que lanzó desde la pista hasta pasado el Támesis. En efecto, el delicado mecanismo que provocaba el suave planeo de la lanza se atascó y tardó en ocultarse en el centro. Se lleva una docena de zapatazos y el premio al ingenio mecánico del año, donado por la revista “Investigamore”.

Terminado el período de alegaciones, el comité se levanta y se prepara para la ceremonia de clausura de estos JJOO.

-¡Ámonoya, quillos!

El amanecer les espera.

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Reflexiones de un sábado por la mañana (CCXXXI).

2012/07/14

Olimpíadas 2.

 

Última hora. Se modifica al alza la altura del palco de autoridades para presidir el desfile inaugural de los JJOO londinenses desde que se sabe que será Pau Gasol el abanderado. Una cosa es el punto de vista y otra que te salten un ojo, ha declarado alguien que parecía alguien.

Repintado de las rayas de la pista de atletismo. Arreciaban las quejas, llegando al paroxismo cuando, las que más se veían, dirigían siete de las ocho calles habituales a la cafetería, dejando sospechosamente bien enfilada hacia la meta la del participante de Yorkshire, un pastor de cabras rápido, pero no tanto como los favoritos a medalla.

Problemas de traducción finalmente aclarados entre los traductores después de una buena pelea, han conseguido que se lancen pesos, bolas redondas de hierro, dejando de sembrar –después de cada entrenamiento- el césped de básculas de todo tipo.

Nos comunican la devolución de prácticamente todas las vallas para las pruebas de carrera con obstáculos, encontradas en buen estado en la familia de pastores familiares del de Yorkshire, con una utilidad tremenda para la recogida de las ovejas. No hay declaraciones.

El primer ministro británico se devana por inventar alguna disciplina deportiva autóctona y reconocerla como olímpica antes que nadie y antes del encendido de la sagrada llama. Le han zampado que lo de la ingestión de cerveza negra y calentorra no traga y ahí sigue el hombre con su equipo de asesores, reunidos en el pub Chorice’s.

La Reina acudirá y puede que dé alguna salida de alguna carrera, disparando el revólver. Siete mil ingleses se han ofrecido a sujetarle el brazo apuntando hacia arriba, donde sólo unos cuantos inmigrantes resuelven aisladas tareas de mantenimiento. Una cosa, dice la oposición, que podría haberse evitado trayendo balas de fogueo.

El equipo de las islas Ñeñeland, al sur del archipiélago Culosobo, acude con el pijama multiusos que su diseñador, Yolaboro Molto, ha confeccionado para la ocasión. Pues ni así resulta más hortera que el uniforme de los españoles. Siempre perdiendo oportunidades comerciales, lloraremos al ver dormir a nuestros niños con el pijamita ñeñeleño y nuestra bandera a media asta.

Dentro de cada equipo, durante el desfile, habrá un sonreidor, un repartidor de besos y otro de publicidad de “restaurante Uriarte, come arte sin que te harte”, patrocinador privado de los Juegos.

Seguiremos informando de la actualidad rabiosa de este magno acontecimiento.

Supongo.

Tengan todos ustedes muy buenos días.

 

 

 


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCXXX).

2012/07/07

Olimpíadas 1.

 

Las nuevas pruebas serán variadas, algo inesperadas quizá. Y para no romper con el clásico espíritu olímpico, se intercalarán dentro de las conocidas, las que han llevado a que este acontecimiento sea considerado el más grande, el más rentable y el más visto.

Inmediatamente después de la final de los 100 metros lisos, un grupo de subinspectores de la Hacienda Pública Europea (HPE), también conocidos como los hipuestupid, demostrarán con radares que el ganador ha superado el límite de velocidad permitido en la pista y le largarán una sanción de 22 libras y cuatro peniques, con el cambio a euros fijo para todo el evento, la cual, si es atendida por el velocista antes de los próximos diez minutos, estará bonificada con un descuento de una libra con diez, también en euros, por supuesto.

Durante, no antes ni después, el salto de pértiga, el/la atleta (porque ellas no se cortan un pelo en esta disciplina) será considerado un peligro en potencia para las vallas de las viviendas unifamiliares, cuya altura –según normativa europea- no puede superar los tres metros veinte, muy por debajo de las marcas actuales. Como consecuencia, se requisará el palo largo y se permitirá terminar la pirueta con dos escobas bien cosidas. Una vez recibida la posible ostia contra lo que choque al caer, nada eximirá al/ a la atleta de una sanción de cuatro libras.

Dado que los duelos a espadas se prohibieron hace muchísimo en el territorio europeo, se levantará acta con multa por dicha actividad en función del peligro ajeno y propio, como puede demostrarse cuando uno de los más tontos de los subinspectores se perfora un bolsillo al tratar de guardar las pruebas. Es abucheado, pero no se inmuta.

Llegan las pruebas acuáticas y por más calvicie que ostenten los nadadores los subinspectores ordenan vaciar la piscina central y ver cómo se han puesto los desagües de pelos. Encuentran uno y levantan una multa de dos libras por el atasco y seis mil por el despilfarro de agua y cloro.

Aquí, la primera reacción nacionalsoberanista.

Aunque el país sufre una epidemia de sed, el aforo completo de los espectadores se levanta  y vacía su botella de agua mineral, restituyendo así el habitual y necesario aspecto de la pileta para la competición.

Los subinspectores tratan de cobrar un tanto por transmisiones patrimoniales del pueblo soberano al soberano del pueblo y son expulsados del país en pateras, forma en que llegan a las orillas del continente europeo.

Un ejemplo, el de estos espectadores.

¿Para cuándo pedir explicaciones por parte de España?

¿Hasta cuándo aguantar medidas mucho más carajotas e injustas que las expuestas?

Ya veremos, supongo.

 

Tengan todos ustedes muy buenos días.