Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLXIV).

2012/11/30

Profecías.

 Del Antiguo Libro del Pentequeteacuestés Y Notelevantés.

 Y dijo el probeta:

 –Y serán de nuevo el crecimiento con brotes verdes sicóticos, y volverá la contratación urbi et empresorbi, que a los contratados por horas otorgará un pedazo de pan que llevarse sin tener que pagarlo al contado; y sea el interés mínimo a aplicar para cada plazo de pan, sin olvidar un tipo con suelo firme, desde que subirá el pan, cada vez que hable alguien.

 –Y serán nuevos y coloridos los presidentes de los USuArios del mundo, pero no votarán a favor de filisteos ni gomorrianos paletos sin tino, y dirán que un mohón de camello adulto para los que piensan en cambiar de vida, teniendo ya una. Que para estados ellos, con lo unidos que están.

 –Y seguirán las comisiones, ERE que ERE, hasta disolverse en la delicuescente brisa de la pregunta tonta y el saludo cordial del imputado mientras se toma unas cañitas, que  se mecerán al viento fresco del Sur Oeste. O aquel, pero se salvarán todos. Alguno de penalti, en el último minuto. El resto, pagará comisiones. Y, dicen, Comisiones no tendrá mucho que decir.

 –Y habrá tumulto en salas de diversión, donde, dando por hecho que la masa no tiene por qué tomar forma humana, se permitirá la entrada por todas las entradas al recinto, donde, aun sin entrada, se podrá buscar el letrero que todo lo explicará, y leerlo “Mientras no pase nada, no hay que preocuparse, que salen canas”.

 –Y se reducirán los desahucios, teniendo en cuenta que de 600000 posibles al decirlo en la zona septentrional, se decretará que al decirlo en Iberia sólo serán 120000 (y va que chuta) los que podrán acogerse a la medida, en la medida que la justicia siga siendo desmedida. Y, ya puestos, desahuciarán a Iberia entera del continente, en globo y sin tanto pollo, para no perder tiempo en detalles. Sin que lo rescate el anuncio del nuncio en activo en ese momento.

 –Y cada banca rota de la Banca será cosida a mano, con los diezmos aportados porque sí por todos los buenos -y tontitos- que aún no se han dado cuenta. Y será dada por buena la gestión y la digestión del agujero provocado por quienes, en cuanto se les pase la risa, volverán a mostrar beneficios. O no, mira tú qué coño.

 –Y el Cádiz puede que al menos empate en su casa en algún partido del carnaval. Ya puestos…

 

Tengan todos ustedes muy buenos días. 


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCXLIII).

2012/11/24

Pagos y reclamaciones.

 

La Seguridad Social ha conseguido equivocarse por fin haciendo cuentas. Y mira que es difícil que le ocurra, más si ha sido en el apartado de pagos de pensiones.

Se ha equivocado retroactivamente, hace tres años, pagando de más. Como un señor, que no falte de nada.

Aquí hay que poner eso de que no te puedes bañar dos veces en el mismo río. Si los que la administran ahora no son los mismos, la equivocación hay que endiñarla, endosarla en términos más financieros, a “Aquella Seguridad Social”.

Podríamos pensar en una rápida en indolora amnistía.

Total, si nos vamos a hacer desaparecer cortando por la línea de puntos pirenaica, qué diantres, puede que por la línea de puntos catalanaica (la Generalitat se quedará colgando en el precipicio, viendo al resto de la Península alejarse a la deriva en el océano) pues como decía, qué más dará hacerlo con 219 millones de euretes de más (¿o de Mas?) o de menos.

Así que a pagar, pensionistas. En cómodos plazos, sin recargo, a la medida de las posibilidades de cada uno. Traduciendo, si hoy me das sólo cuatro con cincuenta, pasado mañana te reduces un poquito el sintrón, y picando de aquí y de allá, en dos semanas te vas poniendo al día en la cuota amortizante de tu despreciable error al recibir algo que no procedía pagarte. Y ojito.

No es posible hacer abstracción, además, del hecho de la reincidencia. No hablo de la reincidencia de ancianos, no: de Tooodos los pensionistas que han trincado de más (NO de Mas).

Resulta que ¡No es la primera vez!

Analicemos esto de manera civilizada, no perdamos los nervios. Aquí, sin que salga de nosotros, hay más de un pensionista con pensión mínima que ha mojado el pan en el huevo frito más de una vez en una misma semana. Se dice, no en voz alta, que más de una caja de polvorones atascadores de faringe ha llegado para quedarse y ser consumida en fechas señaladas en los domicilios de los erróneos receptores de la sobrepaga.

Se conoce quiénes son. Y quienes son los reincidentes.

La Seguridad Social, para exponerlos en pública picota primero y boca abajo después para regar las aceras de céntimos sanitarios, pagará religiosamente una fortuna al experto de turno para que elabore las aplicaciones informáticas necesarias. El coste, quizá por encima de los mil millones de euros (no mucho más, Mas) pondrá en su sitio a aquellos que, abandonados a la impunidad, no han bloqueado preventivamente sus cartillas en descubierto gracias a la sagrada comisión de mantenimiento, evitando así, por dos veces, un exceso de abono. Y todo el mundo sabe que un exceso de abono, en cualquier campo, lleva al despilfarro.

Señores políticos, háganse cuenta de que ahí están las cuentas. Hagan el apunte, carguen  y disparen al descubierto. Hagan su juego, señores.

 

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCXLII).

2012/11/10

Politifobia.

 

Estaría bonito, ya es mi decimocuarta solicitud por escrito al viento, que se supiera a quiénes tenemos contratados en la empresita esta nacional que tenemos montada: España.

¡Y no te digo nada de lo que luciría saber qué hacen, por cuánto tiempo están fichados! Si pudiera ser, uno es prudente, al lado del nombre poner lo que cobran. Para voltereta estaría que dijeran cómo llegaron a donde están. Veréis, no es que quiera cortar cabezas, así como así. Yo, antes, los peino.

La Administración, cuando no hay nada que administrar, es el traje de novio del que no se ha comido una rosca en vida y se planta todos los domingos en el altar de una iglesia donde no se celebra ceremonia alguna.

Esta nación-país-federación-patria por supuesto-conjunción de destinos- y más cosas todavía, se hunde económica y socialmente.

Lo poco que ya leo sobre la opinión que tienen fuera de nosotros es desolador. Mezclan las decisiones políticas, el fraude fiscal, la tolerancia infinita con el contable prestidigitador y les sale el cóctel del paro por inoperancia y desgana. No nos ven rentables ni serios.

El esquema de nuestra organización, el orden que sabemos –sabíamos- de levantarse a trabajar y crear riqueza se ha estancado. No fluye la confianza, que es el encendido de cualquier motor económico. Muy bien. Por tanto, si se ha estancado, la lista de gastos se tiene que cortar de momento y de forma radical. Hasta ahí parece un razonamiento puro, al estilo griego de hace dos mil años, el que nos inventó como núcleo del mundo y nos enseñó a pensar. Lo malo viene con la aplicación del tijeretazo. Quitar prestaciones ganadas y prepagadas es indecente. Gastar seiscientos mil euros en un monolito en medio de una plaza de Cádiz es para llorar.

El afán de obras faraónicas y copitas de vino español para inaugurarlas es un síntoma grave, pero grave estilo síntoma heridadebala, mucho más allá del estornudo.

El gasto público está instaurado como sagrado entre sus señorías hasta la menor de las ñoñerías. No se ponen en solfa gastos de viaje ni de estancia y se deja de poner calefacción en las aulas donde no se puede dar clase por debajo de los diez grados. Porque sí hay una lista de colegios en institutos.

Pero no entiendo, en esta decimocuarta intentonta, por qué cojoños mañana mismo, tempranito, no se hace la maldita lista de quién cobra cuánto aquí y en qué día a día se gasta el dinero aquí, y cuántos kilos de plástico hay de Visa Oro dando vueltas por aquí.

Son mis empleados y a mí me gusta la seriedad con mis trabajadores. Señores políticos, den el primer paso de una vez. Los números, puestos en una lista, de arriba para abajo y de izquierda a derecha, con el titulito arriba del todo, los entiendo hasta yo.

Fíjense si será fácil.

 

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Súper héroes (12).

2012/11/09

Boboboy.

 

De este súper héroe se ha hablado desde el día de su inscripción en el Registro Civil. Otros lo han hecho en el momento de su bautismo. En ambos casos los historiadores coinciden en que el empleado del censo o el bautizador respondían a una llamada urgente, quizá para desayunar, quizá no.

La realidad del origen del nombre de nuestro personaje de hoy se basa en que lo describe de manera pulcra, impecable, aséptica y no insultante. Basta con separar las dos primeras sílabas de la tercera, que habla de su edad teórica, mientras que las dos iniciales, en lugar de trastabilleo pronunciativo indica la poca calidad mental del tipo que nos ocupa.

Vayamos al grano.

En cualquiera de las grandes producciones cinematográficas estadounidenses, cuando el bueno está hasta el meño de salvar viejas, gordos, loros, e incluso al malo que le rizó los pelos de la nariz, empieza a caerse el decorado ardiendo y estallan cosas que no sé por qué estallan. Pues bueno, cuando el bueno mira a la que está buena aunque no lo sea y le indica un preacuerdo de muerdo, entonces… aparece como por arte de magia el NTA, el niño tonto americano que resulta que, por terminar su tarea y liar una madeja con su querida abuela, se ha quedado algo rezagado en la espantada del vecindario al completo, que se ha ido pitando en cuanto la primera bombona de butano mandó a don Berto Matazo a la azotea de enfrente, al explosionar, sin quitarle de debajo la taza donde apuntaba con el ojo póstumo. Ni su periódico del día de las manos. Un pack.

Pues bueno, este niño blanco, rubio, no rizado, que ya tiene los cuarenta y siete entre páncreas y espalda, aparece en la ventana más alta del edificio, rodeado de fogonazos, con indicador de peligro del 96,4% y subiendo. De hecho, hasta la prima de riesgo está en la calle con menos peligro, vacilándole a un bombero ancho de hombros que le hace arabescos con la manguera, sin descuidar al joío niño.

Si hay presupuesto, que no siempre, el héroe le pega dos patadas al malo que, en lugar de devolvérselas, le apunta con un revólver. El director hace una pausa, durante la cual no se quema nadie. El malo amartillea el revólver. Otra pausa. Chilla el niño. Chilla su madre. Chilla Sevilla, chilla Sevilla. Chilla hasta el osito de peluche del niño, mucho más expresivo. El malo deja caer el revólver, que se dispara por accidente y por poquito no se lleva por delante el peinado de la que está buena, esperando. Y otra pausa. El bobo boy se pone ciego de pastillas de menta y limón para seguir chillando. Caen vigas de madera en un edificio de ladrillo y cemento, pero bueno… Suben por fin el bueno y el malo a base de esquivar vigas y más vigas. Pero su vigor y sus bigotes les dan capacidad ascendente suficiente como para llegar hasta donde está el niño, al que piden un poquito más de lágrimas para cuando le enfoque la cámara. El niño, en la escena cumbre, se pone con un libro de esos desplegables, para que los espectadores empaticen, pero sólo consigue que lo empalicen entre el bueno y el malo, que lo llevan como un paquete dentro de una alfombra, y consiguen que el edificio se caiga justo al salir los tres.

Está el NTA versión adhesiva de padres que se han tirado a la cabeza hasta la vajilla de exposición de Almacenes Murray, sección hogar. En esos filmes el niño llora mucho más, porque el fuego no seca sus lacrimales. Pero también porque un cebollazo a tiempo hace milagros, aunque no siempre los padres vuelven a vivir juntos aguantando a un niño con voz de jorobada con media trompeta de plástico en la glotis.

Si tus personajes necesitan un leit motiv para desarrollarse, o despertarse de la pella que suponen los guiones de algunos melodramas, llama  a Bobo boy. Nadie te echará en cara tu aparente trastabillamiento vocal y aparecerá el NTA el tiempo justo, y en el momento oportuno, para –un poner- hacer que Rambo deje de machacar los riñones al mismo coreano de siempre, recordándole en medio de la jungla, mientras casi se ahoga, que él, Rambo, también fue niño una vez. Y americano. Y tonto. 

 


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCXLI).

2012/11/03

Lotería general.

 

Me temo que el sorteo es diario. Antes te tocaba ser rey o cardenal, o alcalde, y ya ibas apañado para un par de generaciones. Ahora te la juegas día a día.

A la que le toca ser puta se aguanta y mira si le da para comer. Ya no tiene como fijo al puesto fijo del ministerio de Según, según están las cosas en los ministerios. Ahora tiene que confiar en que los suyos asiduos tengan contrato al menos laboral. Y además tiene que poner ella misma la litera. Y que sea portátil, pero sólida. A los timoratos hay que darles seguridad. Al menos unos minutos al día.

Al que le toca dar clases públicas, sueña con el alumno que vendrá al día siguiente y así podrá repasar, con lo que más de una vez sueña con que el niño no ausente, no absentista ni perdido para la educación, avanzará como un bólido dentro del proceso de enseñanza aprendizaje. En vez de estrellarse parado.

Al que le ha tocado médico de familia hasta el día siguiente, le da pena que al salir de la consulta sólo dos horas más tarde que antes no reconozca la cara de ninguno de los pacientes que ha reconocido. Sí se sabe de memoria lo que les ha recetado, lo que le han pedido y lo que le han amenazado para que recete. Algo más se queda con las caras de los que le han pedido una baja. Para ese único día, por supuesto. Hasta el próximo sorteo.

Hay arquitectos con todas las papeletas para diseñar una pequeña reforma en casa, pero no entran en sorteo por cambios de última hora, que consisten en que los dueños transitorios de la vivienda a reformar, por culpa de la Reforma, han sido agraciados con la Pedrea del desahucio.

Mal se siente el que, nada más despertarse, sabe que le ha tocado quedarse solo. Mira el lado del colchón y hay veces que recuerda días en que, cientos de sorteos anteriores, le tocaba poder tocar a su compañera y sentirse seguro. Porque entonces era real y para mucho tiempo.

Pero los reglamentos cambian. Si te toca una buena familia, el horario de tu posible trabajo te impide rozarla. Si te toca alguna hora libre, el sorteo del reintegro te recuerda que puedes atender a un cliente en ese hueco que esa persona, a quien le ha tocado comprar algo, espera tu llamada a la hora de comer, de descansar y de tocar a su familia. Uno de esos afortunados que pilló el gordo.

Ahora no es tan fácil que el boleto se pueda cobrar, que esa es otra. Tu título de propiedad dice que eres libre, que tienes un Estado de Derecho. Pero mira por detrás. No es que te sigan, digo mira el boleto por detrás: pone “El Gobierno podrá alterar las condiciones del sorteo vital de la nación en cualquier momento, en función de las circunstancias, el déficit y el coñazo que da lo público.” Antes el único coñazo era púbico. Me gustaba mucho más. Y era lo de siempre, como siempre. Incluso podía ser para siempre. Pero no dependía sólo de la mala suerte.

 

Tengan todos ustedes muy buenos días. Y buena suerte.