Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLIII).

2013/02/23

Este Estado: O Este.

Primera condena de Televisión: Imagen del Saloom Con Gres del pueblo. En el debate sobre el Estado de la noción de Nación se masca la chulería en el bar para la confrontación del rápido Ruff Alkba y el escurridizo T Rajo Hoy. Cualquiera de los dos ofrece a la vista su codo gastado por el roce de la barra nacional sin estrellas sobre la que se apoyan. Uno llega siempre cuando el otro ya está apurando su trago y hace como que le invita, sin llegar a llenarle el vaso. Se miran, giran sobre sus talones sin fondos y se dan la espalda buscando las mesas de donde recibirán vítores y más hojas y ojos en blanco. Ambos disparan al techo y muestran cómo se gasta la pólvora ajena.

Nosotros, hartos de intentar cuadrar nuestros sudokus a fin de mes, no cambiamos de condena. La Segunda se ha perdido entre los arbustos del desierto, que ya aparecerán. La Apenas tres no da abasto. La Telebrinco se pierde entre los gritos de las que se chillan con la piel roja. Las demás buscan público en medio de la calle, como los predicadores. Muy pocos son salvados.

Los periódicos se venden menos y cada ejemplar se lee más;  se acentúan los Se Busca en las portadas, distintos según quién busca, a quién y para qué. No se anuncia ninguna recompensa aunque los pillen.

Al fondo, la radio intenta recordar cómo éramos hace poco, cuando se nos había olvidado ser esclavos o tenerlos.

Desde su rancho, en su bar cena el ronchero Maloso Delpp, junto a la bella señorita Minnie Strade Sandad, a la que ha ofrecido cobijo en cualquiera de las veintidós millones de acres acres de su propiedad. Cuando el criado viejo y cándido Menthes les sirve zarzaparrilla fría, la mirada de éste baja hasta el suelo, a la espera de que su amo le diga lo de siempre: Eres libre, eso es lo que me gusta. Menthes tuerce el labio hacia arriba y baja la cabeza aún más, para no cruzarse con los fríos ojos de la invitada, cuando ésta le pregunta en voz baja por los servicios. Los sanitarios, insiste. Los dos amigos ríen y Menthes no responde, porque ya nadie le apoya en esta casa. Poco a poco, se retira dando pasos hacia atrás.

Desde otros Estados llegan rumores lejanos que casi nadie oye. Sólo algún top manta difunde señales como un juego con fuego, pero desde el rancho se aplasta el mensaje. “Sólo venden humo”, dice –al ser preguntado- con una sonrisa escalofriante.

Algunos se permiten correrías, atracan bancos desde dentro y ni siquiera huyen con el botín. A ratos, alguno responde distraídamente, con evasiones.

Otros, llamados socios, fuman mucho, beben más, juegan todo y pierden. Con ellos vuelve la oscuridad, no hacen andar luz. Son tahúres del Sur que han olvidado que las deudas del juego son sagradas. Por el Norte, acecha y se enarbola el nuevo lema, no se sabe si nacionalista o aperturista en materia sexual: Sin lastre, se corre Mas. A dónde iba con tanto IVA, dicen los panfletos antes fáciles, ahora más difíciles de entender.

Un carruaje pisotea a un niño en plena calle y se da a la fuga. El niño, al denunciar ante el alguacil, es declarado inocente sin cargos, pero es expulsado de la escuela y queda marcado como chico conflictivo; verá cómo le dan la espalda y acabará siendo un cojo borracho, cuando podría haber sido un cojo de provecho. Alguien, prudente, reserva un buen trozo de soga para él, más barato que devolverle a la escuela.

Termina el día. El horizonte lejano ofrece la única opción segura: el Sol volverá a salir mañana. Falta saber si se levantará una nube de polvo capaz de hacerle sombra. Depende del grosor de las alfombras donde se guarda tanto polvo después de barrer.

Y de nuestras aspiraciones, claro está.

 

Tengan todos ustedes muy buenos días.

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Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLII).

2013/02/16

Transparencia.

 

Ejercicio para políticos: Sumar, restar y contar.

Materiales:

-Papel y lápiz o una hojita de cálculo Excel de un ordenador encendido.

-Ganas.

Indicaciones:

-Sumar lo que se ha ingresado en cuenta desde que se ha metido uno en política. (Lo dan los bancos ya sumado, pero es bueno repetir a mano porque se acuerda uno de sumar “llevándose”, modalidad aritmético política).

-Restar lo que se ha gastado (lo dan los bancos).

-Hablar con el director de la sucursal para que cobre “lo mínimo” por el extracto de la cuenta.

-Comparar lo que queda en la cuenta con lo que se tiene y lo que se ha ingresado con las nóminas. Ver qué número es más grande en cada caso.

Casos posibles:

1) Si lo que se tiene es similar al saldo en cuenta después del paso por la política, proponer la reelección.  Sin más.

2) Si hay demasiada diferencia, tanto por más como por menos, tardar menos de dos días en dar las explicaciones que querría que le dieran si las pidiera él. De las que se entienden.

3) Si la diferencia es de 22 millones de mecos parriba, coger la estaca de caoba e irse a por los riñones, que están forrados.

La petición de transparencia solicitada por los dirigentes, la forma en que está concebida, es mucho peor que soltar en horario de máxima audiencia algo como “no me sale del ciruelo, de los huevos ni sus pelos, el contarle a tanta gente toda mi cuenta corriente”.

Hay tanta maravilla informática al alcance de cualquiera que da grima ver la sucesión de respuestas de los políticos a sumar, restar y comparar numeritos.

Qué cinismo, malditos sean sus páncreas.

Qué hartura, qué cansancio, que birria. Qué cutrerío. Qué frases tan carajotas para no mirar que tienes la pared apretándote el culo.

Qué aburrimiento de impunidad.

Y después aguantar esa chulería de patio de colegio. Esa falta de contundencia de una Ley de Opacidad Manifiesta vestida de dinamismo, cuando, insisto, se trata de una libretita o una hojita de cálculo para cada parlamentario inmerso en un follón.

A mí sólo me parece admisible un servidor público con un ordenador conectado a una pantalla gigante donde aparezcan las sumas y restas de sus ingresos. Hablo de las operaciones básicas de la Educación General Básica, hoy ya torpedeada y reconocida como buena.

Aquí y ahora, la verdad evitaría el desencanto y activaría a mejor la vida de muchas personas. La pena más grande es pensar que el país ha aceptado el estilo mafioso para contratar, la mentira, la comisión y el engaño para pagar y la impunidad para levantarse en lugar de un simple despertador.

Verdad Absoluta 1: Tan fácil como hacerlo mal es hacerlo bien. Toma ya.

Mientras si sí o si no, propongo un “abucheneitor” mecánico para valorar las intervenciones de los políticos en función de la lógica de las frases que sueltan y su contradicción con afirmaciones anteriores. Si la pregunta realizada por parlamentarios o periodistas no es contestada con claridad, propongo, además, repetir la pregunta hasta la saciedad y establecer la obligación de no dejarla, jamás, sin contestación de sentido común.

Un ejemplo de mi tenacidad: ¿tiene hora, señor ministro? Nada de sobreentendidos. Sea transparente, que a mí se me ha parado el tiempo.

 

Tengan todos ustedes muy buenos días.

 


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLI).

2013/02/02

Corruptus interruptus.

 

Cualquier actividad humana que, en fin, busca un fin, obtener de ella un rendimiento mínimo, pide un mínimo de continuidad.

¿Qué ha podido suceder? Algo terrible:

Tenemos un estado de corrupción paralizada.

Es como si el país se hubiera quedado catetónico, sin corbatas. Las calles desiertas, los sobres sobredimensionados y huecos, las anotaciones detenidas.

¡Que alguien active todo esto!

Yo he visto caras sonreír que vosotros no podéis ni imaginar.

Incontables goles al mejor censor de cuentas.

Brillos en ojos que nunca se reflejarán en asientos contables de un sistema doble que no ve ni la mitad de lo que se cierra con un apretón de manos. Manos que ahora, sin nadie que las estreche entre sus manos, se han quedado vacías.

Los bares parecen sitios para consumir en lugar de consumar. Con sumar, como antes, con sumo gusto el gasto sumo. Asumo que ya todo eso es humo.

Los hoteles acumulan polvo y nada de polvo cósmico, sino cómico. Bajo las camas no hay maletas ni sobre ellas mulatas que ayuden a celebrar –qué menos, qué menos- una comisión de propina, tras la sonrisa provocada por el polvo blanco e inmaculado aspirado por las buenas, pero por narices.

Corruptos llenos de vida que ayer sonreían al salir de casa para ganarse el caviar hoy están tirados en bancos y cajas de ahorros que les echan de los vestíbulos como a sus propios cajeros, hasta dejarlos tirados en los bancos de los parques compitiendo con los abusones de las guarderías para quitarle amargor al día con algún dulce.

Pequeños comisionistas que levantaban partidos, te muestran el corazón partido y no amañan ni partidos de tercera división; no hacen divisiones, no tienen nada que dividir. Es descorazonador.

¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí?

1) ¿paso a paso? Por favor, no metamos en esto también a la Semana Santa.

2) ¿de un tirón? Ni hablar: ninguna vieja lleva tanto dinero en el bolso.

¡Esto ha tenido que ser por algo, no lo duden!

Y mientras los investigadores se devanan los sesos en descubrir por qué caen en picado los ingresos de los pobres comisionistas, el ciudadano vuelve a pedir cambio en la panadería y a repartir sus monedas de cobre entre los pañolistas no siempre españolistas semafóricos y –a partir de ahora- los comisionistas desahuciados.

No, señores, no: esto no tiene perdón de Dios.

Yo digo basta, amigos.

Y para que vuelva a fluir el descrédito, propongo que alguien, en cualquier punto de España, acometa acciones donde quepa una mínima factura de remanguillé.

Yo, que he tenido éxito en la compra reciente de un grifo monomando, ya he dado el primer paso. El proceso, explicativo en detalle, tiene la virtud de ser a la vez didáctico y asequible. La escena viene a ser más o menos como sigue:

Vendedor (en adelante “él”):

-Aquí tiene usted, señor cliente (no le dije mi nombre, habría sido una tentación fácil ponerlo en el encabezado de una facturilla). Incluido el IVA, clarostá.

Yo:

-¿Dónde iba con el IVA, Iván? (yo sí sé, por su tita Pepi, cómo se llama).

Una mínima parada dramática. Qué menos que un silencio al insoportable IVA soportado.

La sonrisa progresiva y simultánea, como ese orgasmo del que tanto habla la leyenda desde el informe Kinsey, se adueñó del ambiente. Volvió a surgir el papelito a mano, con boli. La suma hecha de cabeza, con el “quinse” de descuento.

El apretón de manos. Un nuevo principio. Un pequeño escalón subido con el apoyo del que jamás hará apología racista: el dinero negro es tan bueno y tan válido como el dinerario (dinero alemán contraído). Y se queda en casa, como tiene que ser.

Un saltito cualitativo, ya ven. Y gracias a un grifo que se cargó mi niño, siempre con el martillito por la casa. Pero suficiente, seguro, para que se regenere la corriente. Dos euros con cincuenta ha trincado el chiquillo del ferretero de comisión. A éste lo tengo yo encarrilado. El mayor, el tonto de la casa, sigue con el doctorado. Malo me tiene.

Si cada español que me lee (y me consta que ya se ha dado esta circunstancia) pone su granito de arena, España volverá a florecer sobre el flujo continuo del trapicheo, nuestra seña de identidad, por encima del NIF, que ni falta que hace.

Como si en la tele diera igual ver un señor encorbatado negándolo todo que a un fontanero con facturitas de mierda numeradas. ¡Anda y que le pelen y que le den un albarán!, ¡fantoche!, ¡Rotenmeyer!

 

Tengan todos ustedes muy buenos días.