Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLVII).

2013/03/30

Frases deshechas.

 

“Leed mis labios, creedme”. Es una expresión venida a menos desde que John Frosnelius Meloney la pronunció en su discurso de investidura en el parlamento de Yucatania en referencia a la libertad de uso de las barras de carmín. Mientras los asistentes, extasiados, apuntaban “creérselo” en una libretita, un grupo de veintidós mastuerzos se dedicaba a modificar el color del pelo de los desprevenidos, entusiastas e ingenuos seguidores de su líder. Ningún otro ha vuelto a usarla.

 “Mesopotamia va bien”. Otra de las grandes frases que perdió todo su significado a las primeras de cambio. Bastaron cuatro mil doscientos terremotos de mierda, junto a la caída del dichoso aerolito “Chanito II” en medio del Eufrates, para que desapareciera la mayor parte de la población, incluyendo cuñados. Hay hasta propuestas de ley para que se prohíba su pronunciación en público.

 “No me consta”. Doña Constanza Tribal, esposa del superministro Constantino Enlaflech, la pronunció cuando fue preguntada por su salto patrimonial durante el último año, en el que partiendo de un saldo de 22 céntimos y un recibo devuelto, se le valoró una tonelada bien despachada de billetes de a 500. Y recién hechos. Como a ella no le constó nadie lo que pasaba, pues no constó los billetes y ya está.

 “Podéis ir en paz”. Una mentirijilla piadosa del presbítero Pedro Gadicto, quien finalizó una ceremonia religiosa con esta frase en una capillita situada en la frontera entre las dos Coreas. Se arrepintió a eso de las once y cuarto de la noche, cuando, harto de contar arañazos y puntapiés, modificó para la historia su despedida, diciendo desde entonces “Podéis ir en par”, lo cual produjo un aumento enorme en la calidad de las relaciones humanas.

 “No es lo que parece”. Esta se empeña en mantenerse en vigor, pero no puede resistir el peso de esta otra que dice “No me consta”, ya explicada en un caso particular, pero aplicada al caso en que el marido, rodeado por todas partes de cuatro hembras muy activas, quita importancia al ataque de rabia sartenera de la esposa que irrumpe en el dormitorio antes de la hora habitual.

 “Ya si eso te lo pago más tarde”. Borrada del diccionario, incluso para impedir su traducción a otros idiomas. No se le identifica como composición gramatical.

 “Te querré siempre que salga a tiempo del trabajo”. Actualización de la  clásica declaración de amor tras la reforma laboral. Muchos estudiosos abogan por suprimir las palabras “a tiempo”, por considerar que no aportan nada a la realidad.

 “¡Me las quitan de las manos!”. Sólo se modifica en su contexto. Si antes era propiedad de comerciantes que ofrecían buenos productos, ahora se reserva en exclusiva para presuntos chorizos trincados en asuntos turbios que no les constan. De ahí que, aunque entran en los juzgados con esposas en las muñecas y amantes al lado, salen al ratito con las manos libres en todos los sentidos gritando esta simpática frase.

 Tengan todos ustedes muy buenos días.

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Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLVI).

2013/03/23

Ranking. Top Ten.

 

Gracias a la aportación andaluza, quienes más quienes menos no la valoraban como es debido, las portadas de los periódicos, plenas de actualización de autos y elegancias centradas en una jueza de una pieza, se ha llenado un hueco en la tabla clasificatoria del mangoneo corruptoide. Queda quizá algo relativo a la Isla de Perejil, pero nadie cree que la instrucción del caso Condimento llegue a formalizarse antes del 2021.

Ea, ya no falta nadie de los que mandan/mandaron. Unos pocos, dicen. Ahora, porque no podíamos mantenernos al margen, se trabaja en el diseño de un formato para encuesta/localización universal. Es lo justo. En dicho documento, a rellenar personalmente, se pide al que lo cumplimenta que señale con el mayor detalle posible cuándo, dónde y –sobre todo- cuánto ha trincado de remanguillé a lo largo de su vida. No se puede seguir echando toneladas de folios sumariales a las a punto de reventar alforjas de los fiscales. Aquí un papelito por cabeza y va que chuta.

Los apartados serán sencillos y ante la posible indefensión de tener que responder un siseo de aquí, una facturada deshinIVAda por allá, se permitirá un descuentillo por pronta declaración además de una rebajita del pelín% en el posible resultado final del caso.

El procedimiento operativo, una vez recogidos los papeles, se valorará como un acto de contrición fisconfesatorio, con un toquecillo de descarga de la conciencia que pega muchísimo con la inminente Semana Grande del Arrepentimiento que se nos viene encima. Y se incoará y resolverá como sigue:

Reunidos en carpetas según el importe trincado/defraudado/desviado, etc., se avisará para que, por grupos organizados en filas, los corruptillos vayan/vayamos pasando por arcos de los de las aduanas que detectarán hasta las monedas de cinco céntimos que llevemos encima antes y después de pasar por ellos. La cosa es llevar cambio para no atascar la solución provocando colas interminables. Finalmente, cada uno recogerá su comprobante sellado y –siempre en función del importe liquidado- un pequeño coscorrón –mano automática cubierta de finísimo guante aséptico- o una moderada patada mecánica en los riñones en caso de cantidades desorbitadas. Al salir, se podrá comprobar que el dorso del comprobante contiene una foto dedicada por la famosa juez instructora del caso de los ERES andaluces, ahora tú también ERES importante, considerando con dicho detalle que nuestro caso tenía para ella la misma enjundia y agradeciendo la simplificación del caso.

Unos días más tarde, olvidado el detalle del patadón, recibiremos en casa una carta personalizada con la puntuación obtenida. Y ¡ojo!, dicha valoración nos permitirá sentirnos incluidos en una lista concreta: la que nos sitúe en el escalafón del golferío, una lista hasta ahora prácticamente accesible tan solo a unos pocos, los elegidos para la gloria.

Tendremos, por fin, nuestro puesto en la ATE, Asociación de Trincones Españoles, con nuestros puntos al final de cada año fiscal, de modo que, si alguna vez pagamos como está mandado, perderemos puntos pudiendo descender hasta el nivel –incalificable- del ciudadano que no se entera de dónde vive. Bastará con pagar en efectivo un par de consultas privadas, un arreglito del piso y aprovechar facturas de restaurantes recogidas del suelo para ascender de nuevo y vertiginosamente, al top ten de los que no pagan porque eso no se lleva. Al lugar de los elegidos, a los que, con ciega pasión, siguen el camino marcado por sus líderes espirituales.

 

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLV).

2013/03/16

El futuro que pasó.

 

¿Qué pasó con el futuro?

Nada volverá a poder ser lo que no pudo ser hace unos años, en esos tiempos en los que sabíamos que lo posible, con un empujoncito, nos haría algo mejores.

Vivir bien se tradujo de forma definitiva en vivir con comodidades que no estén al alcance de todos. En caso contrario, su valor desaparece y la distinción  de su posesión se pierde. El usuario ocasional de un autobús no destaca porque no quiere hacerlo: no se pone ropa elegante. Quizá el miedo avise de que no es el lugar para parecer más feliz que la mayoría.

Si volviéramos a soñar, quizá nuestra idea de ser feliz pasara por que nos dejaran a nosotros fabricarnos los sueños. Eso tan manido de dejárselo a una bebida oscura y dulce con burbujas es muy arriesgado. A lo más puedes conseguir un millón de litros, pero a todos las pequeñas dosis de la alegría que venden como infinita les pasa lo mismo, que duran poco y te obligan a trabajar mucho para conseguir la siguiente. Si volviéramos a soñar, quizá nos bajaríamos de muchos más coches caros que tampoco nos dieron esa sensación de semidioses que a todas luces prometía su publicidad. Al menos así, dejaríamos las carreteras más tranquilas para el transporte colectivo.

La teoría de que los humanos somos simples no ayuda. Nos seduce la distinción y caemos en la lucha de barro de clases cada día, desde que nos despertamos. Hay que ser competitivo, aunque nos agote. Yo he querido disfrutar de cada hora de trabajo que realizaba y cada vuelta a la realidad de los resultados me hacía pensar en una choza en mitad del Amazonas. Esa gente son más sencillos, no más simples que nosotros.

Tanto cacharro electrónico de última generación, móviles, tablets y demás, obligan a inventar conversaciones para que funcionen una vez que los hemos comprado. Y no damos para tanto. Ahora añoro el tiempo en el que, sentados en las noches de verano junto a los vecinos y los botijos, comentábamos cómo sería tener un televisor en cada casa. Pero que era mejor el cine, donde los murmullos de tanta gente junta avisaba al bueno del peligro. Uno por uno es más difícil, aceptábamos finalmente.

El futuro debe merecer la pena y la pena es que no nos lo estamos mereciendo.

Soñar con el arreglo de un sistema injusto nos lleva a oír de forma inmediata voces contra el antisistema. Ajustar las desigualdades trae de forma adjunta la antirrevolución. Que todo se quede en su lugar, que la historia es cíclica, como el futuro. Esto suena a destino trágico, a muerte anunciada del Estado que mira por los que descarrilan sin haber llevado la rienda de sus vida. Por haber confiado en el futuro que le presentaban ya encarrilado.

Soñar con poder gastar lo que se gana es un toque de llamada al orden cerebral. ¿Para qué quieren lo que les sobra? Si la redistribución de la riqueza no se produce, se deja que el futuro haga más profunda la zanja que separa a los dueños de sus vidas y los que no lo pueden ser. Por lo menos que los ricos y los protegidos paguen los impuestos que tienen que pagar.

Soñar puede dejar de ser gratis. O libre. Puede que ni opcional. En ello andan, al parecer, los que creen que siempre podrán elegir qué y dónde comer. Y los que todavía nos creeremos elegidos para salvar la camisa, frente a los que no han sabido estar en el lugar donde se cuece el futuro.

Comprar acciones de fracaso, gracias a confiar en quienes nos las recomendaron, nos lleva al vacío. Ese hueco negro donde la dignidad no importa, no hace falta. Hay que estar despierto y no fiarse de sombra alguna. Eso se llama vivir sin futuro.

Sólo lo concreto sirve para algo, dicen. Una verdad que encierra la más canalla de las mentiras: que sólo los sueños nos hacen tener ganas de vivir. Y para eso hace falta un futuro donde se hagan –se pudieran hacer- realidad.

 

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLIV).

2013/03/09

Todos mientenimos.

 

El que dice que sí fue hasta el día ese, pero no al siguiente del día que dicen ellos que no lo fue, aunque si te vas a poner diferido, yo difiero de lo que mientes tú y apoyo mi mentira. Si yo te contara lo que no pasa hasta que alguien lo niega…

El que dice que el puesto de Papa es fijo, cuando siempre se ha movido gracias al papamóvil, que no tiene nada que ver con la comunicación personal y transferible, sino con ese desplazamiento estilo papaburbuja aislante y blindado.

Mienten los que se arrogan virtudes preclaras para elegir al mejor jefe posible del Estado menos democrático del mundo, después de derrocar al anterior, que se imaginó capaz de convertir las mentiras de siempre en actualización del hoy. Imposible: como Veredicto, encubre tantas mentiras como se encontró.

El que dice que las reformas las tendrían que llevar a cabo Pepe Gotera y Otilio. Este es uno de los que menos mienten.

El que dice que Cospedal habla un suajili clásico. No es cierto: se come las proposiciones honestas, coordina fatal las frases hechas y niega lo que afirma que no niega suponiendo que ella no ha afirmado nada en su vida. Ni con lápiz.

El que dice que los bancos se han salvado empeñando más al Estado en lugar de comprarles al deuda soberana al cero pelón por ciento. Esos no saben ni lo que dicen. Pero como los que les oímos andamos peor del oído, así nos comemos mejor las trolas.

Los que dicen que no pagan el IVA para que no se arreglen las carreteras y se descoñen las ruedas de algún coche oficial cuando transiten a la siguiente fiesta: barbacoa o misa, según. Así, estos impuestos florecen en su no pago mediante la recaudación no entregada al Fisco, modalidad que repercute de modo inmediato en un par de cañas para el que compra pagado por el que vende con el dinero del que paga. Ellos se entienden, no obstante.

Los que dicen que las mujeres en casa están mucho mejor que fuera, con el frío/calor que hace. Las tienen para, un poner, consultarle cómo enfrentarse con el jefazo, ése que está rondando a la nueva para promoverla.

Los que dicen que las que gritan porque han soportado malos tratos y ya no pueden más, se lo inventan. Estos mienten hasta que un negraso de dos veinte y cientipico de kilos se los encuentran en un callejón sin salida aparente. Entonces dudan algo sobre la validez de su criterio y corren después de soltarle la cartera y el reloj al pívot titular de los Lakers, que pasaba por allí y echa la cartera a un buzón de correos escoñado de la risa. El reloj ni se agacha a recogerlo.

Los que dicen que por ir una vez en su vida de putas comprando ratos de niñas explotadas no pasa nada. Mienten por decir que no han ido y mienten cuando dicen –remordimiento se llama- que la niña no se ha quejado de nada. Mienten los que no reconocen que acojona y enciende enfrentarse en igualdad de condiciones a una mujer desnuda y maravillosamente desafiante. Porque esa es una verdad de las que hay que rescatar. Menos princesas antes y menos humilladas después, podría ser un lema.

Los que tragamos sin protestar cuando vemos la que está cayendo. Vuelven los “mientras no me toque a mí”, se han vuelto a poner de moda. Lástima y vergüenza de los que aún nos creemos protegidos por el sistema que no conoce a nadie, salvo los que mienten diciendo que es el mejor posible. Mentira.

 

 

De verdad, tengan todos ustedes muy buenos días.