Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLXII).

2013/05/18

Actualidades varias.

 

Rajoy sutura en Salamanca la interplanetaria del P2, marcada a fuego por el preparto para flexibilización del déficit entre las diferentes autonomías. Bajará del Monte SíCaí con unas tablas de goma. Las barbas NO serán de atrezzo, aunque las lleva remojadas.

 

Un mangarín consigue doblarle la cinturita al defensor Castro, quizá algo estático en ataque ante la defensa del Archiduque. Vamos, que se ha quedado “clavado”: el crujido de su cadera ha desbordado el nivel de decibelios permitido en cualquier juzgado moderno y se prevén superávits en implantaciones de prótesis. No ha trascendido ningún testimonio, diálogo o circunloquio oficial entre juez e imputado, a pesar de las habladurías que mencionan frases como “versitumentiendes, esto del IVA, usté, jué, como si te me lo puedes pensar que fuera pa un compromiso mío, ¿mennntiende lo que tesquiero isí? Que con esto rebajaíto, me pago yo el griferío completo del chaleresito sito en Barça capital”.

 

El Madriti paga el abuso al repostar. La Federación, con buen criterio, ha enviado facturita (“con su iva, no como otros”) por deterioro de los postes de las porterías bernabéuticas. Sus jugadores, olvidándose del interior del marco, han dado en “balonear sin ton ni son y ante millones de espectadores” las partes inferiores de dichos soportes verticales. El gasto se considerará deducible a efectos fiscales. Al no ir con una copa de más, no se añaden agravantes a la sanción.

 

Claro, lo de la churra del cura de Ídem es demasiado fácil. De verdad, si fuera ciertofalso o mentiratrola, debería darnos igual. ¿Hace bien su trabajo curando almas? Pues coñostias, dejadlo en paz que se dé una alegría de cuando en vez, ostialajoder. Qué ganas de meterse en sotana ajena. Que disfrute el hombre si el merengue es consentido. Ahora bien, cura sao, si has obligado a algún menor, te deseo que te extraigan y repongan del revés las pestañas una a una, mientras te leen, sin parar y bocabajo, las guías telefónicas de Ámsterdam, Londres y Tokio, esta última comiendo nueces peladas.

 

Eso de perdonar, va a haber que revisarlo. Yo mismo estoy, en el período interanual 2012/2013 en un 17,3% menos de perdón rutinario en faltas leves, hasta el nivel de insulto y arañazos. No se perdonan deudas, así como nosotros desahuciamos a nuestros deudores, ni quitamos, ni esperamos. Propongo un borrador que incluya precisamente eso: borrón y cuenta nueva. Sin exagerar, pero con una mijita de consideración práctica: o jugamos todos o las cucarachas, siempre pendientes, se adueñan de nuestros conocimientos en un pis pas y nos largan.

 

Que se vaya Maruja Torres, como cualquiera que se nos va, prefiero que sea en plenitud. Hay que desentelarañar las vidas, los trabajos, las relaciones y las leyendas igual que los armarios empotrados. No quiero venenosos comentarios en su adiós de El País: mientras se quede en el país, yo feliz. Es una de las sólidas, que dice lo que sabe con agilidad, siempre comunicó bien y ordenó la realidad en un maravilloso juego de complicidad. No a la caza de brujas, Maruja.

 

El banco BlablaVa dice que se inclina por quitar el suelo de sus hipotecas. Y es cierto: lo he comprobado in situ. Basta con levantar la mitad del gres del salón y ya andas doblado, “inclinado” toda la tarde. Pendientes de la decisión de Bruselas para implantar definitivamente la norma, grandes empresas de “nivelado” financiero han ofrecido sus servicios a la entidad, que se lo está pensando.

 

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Gente tristona.

2013/05/13

Mi amigote Jonás Terisco es un pelma. Viene a la discotecas pero no se queda más allás de las cinco o seis de la madrugada, sin pasar  apenas de doce bebidas alcohólicas, y se va el tío mohino, mohíno, como si no hubiera nada que hacer ya en los garitos. Los que nos quedamos, esquivamos botellas, vomitonas, maridos y demás peligros vitalistas; no paramos. Pero él no dice palabra y se va.

Ayer, sin ir más lejos, me lo encuentro delante de mi puerta donde me lo había dejado doña Ebelia, la conserja nuestra, me empuja impidiéndome salir a comprar mi docenita de barras de pan para el desayuno y me suelta:

-Como esto y vosotros sigáis asín, me suicido. Tú verás.

Y se largó. Me preocupé porque se llevó una corbata.

Por la tarde, me enteré de que iba diciendo por ahí que, por mi culpa, se había suicidado dos veces en directo y otra una hora después, para Canarias. A saber lo que esta juventud llama suicidarse, me dije. Pero estaba preocupado de verdad.

No hice caso a las habladurías y me tiré al sofá de las siestas, cayendo en mi hueco favorito y listo. Pero no pude dormir. El teléfono sonó, lo cogí, respondí me dijeron algo, colgué, me vestí, salí y me dirigí al juzgado más cercano a casa en taxi. El mío. Soy taxista.

-Pase, siéntese, hable cuando le pregunte y recoja las miguitas de su docena de croissants recién hechos –me dijo una juez imponente.

Si hubiera dicho “muy bien” o “vale”, por lo visto había un ujier con instrucciones para darme una patada en cualquier corva. Gracias al último croissant no podía articular palabra alguna en ese momento.

-Se le acusa de responsabilidad civil suicidiaria, -me zampó la juez, avanzando sobre su alta y caóbica mesa oscura y solemne-. En grado de tentativa comunicada y dejada de escuchar. Le pueden caer dos cadenas perpetuas, que deberá cumplir alternativamente en centros penitenciarios distintos.

La juez parecía un busto de Miguel Ángel. Además, su busto no se apoyaba sobre la mesa, sino que sobresalía como una balconada paralela al escritorio sobre el que sí reposaba un macito de madera. Recordaba esa imagen, no sabía de qué.

-Es que mi amigo es un triste, señoría –dije sin soltar una sola miguita de croissant.

La reacción judicial fue inmediata, abrió brazos, ojos y boca, y dos botones de su toga saltaron por irrupción torácica hacia delante, yendo a parar a los sendos ojos del denunciante, mi amigo el tristonto. Fue un desbordamiento de un canal. El canal de juez.

-Declaro que este pelagatos no tiene aguante para nada –dijo levantando la mano como el que va a dar un revés de tenis y mirando a Jonás-. Caso cerrado y no hago ni caso.

En cuanto la jueza vio que yo tenía guardado otra bolsita de papel, se acercó y con una sonrisa comprobó un envolvente olor a croissant recién hecho, una docenita más para ser exactos. Adivinó que se acercaba la hora de mi segundo desayuno y soltó la toga al aire, puso en la mano del ujier los botones que había encontrado en el suelo y se vino a casa.

-Pago yo los cuatro cafelitos para desentratascar las epiglosis del bolón esofágico, niño –me dijo su Señoría, una hembra a la que, después de quitarse ciento doce horquillas, reconocí como Xeena Xanadú, la dueña del bareto donde acabamos los que sí sabemos lo que es vivir.

No bajé la bandera en todo el fin de semana.

A Jonás le buscamos un prospecto de no sé qué convento que fabricaba licores, a ver si lo sacábamos para delante.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLXI).

2013/05/11

Reconduzcamos.

 

¿Y si por el teléfono alguien me llama

diciéndome tú, niño, por qué has escrito

que los ricos que roban son tan proscritos

como los pobretones, los pobrecitos,

que ni siquiera están dentro de una trama?

 

¿Te has creído que el Pulitcher, chavalito,

se lo dan al primero que para y dice

sólo van a la cárcel los infelices,

que los listos están pelando perdices

riendo al vernos dentro del corralito?

 

Antes de que responda quién es quién llama,

me soltará una risa corta y cortante,

avisándome de que aquí, en adelante,

vuelva a intentar aquellas rimas galantes

que se ocupen de los ojos de una dama.

 

Entonces el bombeo de sangre mía,

tan tibia, sin atasco por trombo alguno,

dirá que este momento es el oportuno

de hacerme todo un tipo de sangre fría.

 

Puede que le devuelva algún improperio,

propio de esa segunda vida que tengo,

la del malo, el tal Hyde que siempre contengo

cuando me trago un sapo y me quedo serio.

Entonces me saldría, normal, “¡tú quién eres,

pedazo de cabrón, vete ya a la mierda

o compra algunos metros de buena cuerda

y ahórcate en directo, a ver si te mueres!”

 

Escuchará el jadeo y las pulsaciones

que le darán igual que palabras buenas,

por la simple razón, así, como suena,

de una tarifa en muy buenas condiciones.

 

Sabrá que se ha deshecho de mis defensas,

y, sin descomponer su voz de sigilo,

volverá a comenzar retomando el hilo

para decirme que la cuerda tan tensa

no me permitirá dormirme tranquilo.

 

Cuelgo sin despedirme de él siquiera,

cambiando los barcenas y urdangarines

por unos versos tiernos de colorines

donde las princesitas son lo que eran.

 

Al fin de mi trabajo dedico estrofas

a esos tipos valientes, tan abnegados,

tan buenos al final que sus abogados

no pierden tiempo con los de baja estofa:

bastan con que se den por bien avisados.

 

¡Ole el famoserío, que baila y canta,

ole los atropelladores nocturnos!,

sin olvidarnos de los del otro turno.

¡Vivan los tesoreros y las infantas!

 

Que vivan los tan listos, los elegantes,

las guapas y los guapos de las revistas

de las peluquerías y los dentistas,

vivan los caballeros y los infantes.

 

¡Brindo a la gente guapa y la aristocracia,

por la conservación de las dinastías!,

aunque, en fin, no les haga del todo gracia

esa cosa moderna, la democracia…

¡Viva la gente mona, la monarquía!

 


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLX).

2013/05/04

Cansancio.

 

Un presidente ido, como el de Usa

el de la cara blanca el 11 de ese,

al que, si le preguntas, presenta excusas

y con la misma cara, sin que le pese.

 

Un grupo de ministros con muchas tablas,

no de multiplicar, sólo de resta,

que recortan las partes: aquella, y de ésta

dejan tan poco que te dejan sin habla.

 

Un control de gobierno plan gran hermano,

un decirte de lejos que si, aún respiras,

reajustará aun más el punto de mira

esa gran jefa de los bancos germanos.

 

Mucha gente expulsada de sus empresas,

sin futuro/presente y con el pasado

roto por unas leyes que han pisoteado

los que no cumplen ni una de sus promesas.

 

Paciencia, calma, fe y más confianza

y más que esas virtudes tan teologales

las otras, las que eviten peores males:

las que llevan implícita la templanza.

 

Lo malo es que después, si les pides cuentas,

fuera del parlamento, su chalecito,

te mandan policías en cochecitos

y a palos tu protesta te la revientan.

  

Que nadie pegue un grito, que no se apure.

Que el porvenir es enfrentar contratiempos

que quedan por venir no sé cuánto tiempo,

aunque menos de un siglo, dicen, nos dure.

 

Callemos, silenciemos;  sólo en susurros

mencionemos que el voto se queda rancio

provocando desidia, paro y cansancio

tratándonos de tontos, lelos y burros.