Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLXV).

2013/06/22

Frecuencia.

 

Al levantarse, el mandatario sintió que todo su cuerpo le holgazaneaba. La noche anterior, lo recordaba como un Notario –era Notario antes que mandatario elegido en las urnas– sus válvulas habían bombeado la sangre en la medida solicitada por el frenesí: no tenía ninguna queja que plantearle a su corazón.

Quizá fueran las noticias o –como él defendía– la forma de decirlas de aquella cadena de radio. El hecho es que, al contar dos veces sus pulsaciones, echó en falta al menos a veinte por cada minuto.

Sin levantarse se giró, vio que su mujer despertaba, le devolvía una sonrisa cómplice y trató de hablarle.

–Nno be-sa-len-ba-la-bra –dijo, y cayó exhausto sobre la almohada.

La mujer reaccionó y puso su oreja sobre el pecho del mandatario. Los latidos parecían los de un tambor lejano, pero acompasados, sin cambios de ritmo. Se incorporó y vio en la cara del hombre una sonrisa cercana a la felicidad, ajena a complicaciones.

-Dime cómo te sientes, ¿te duele algo? –preguntó la mujer con ansiedad, mientras descolgaba el teléfono de la mesita de noche y buscaba el número de urgencias.

-Unn degretolei paoi, –consiguió responder el hombre. Su cara no expresaba sino la misma sonrisa tontona, quizá algo ampliada, haciendo cierta la expresión de oreja a oreja.

La mujer hizo memoria a la noche anterior, con su hombre explorándole recovecos y culminando con rotundidad asuntos pendientes del mes en curso. No era causa natural, se decía exculpándose, la que provocara ese cambio de ritmo.

De pronto, se acordó de que, en plena noche, el mandatario se levantó. Dijo que iba al baño, pero al final se acercó a la cocina. De paso entró en su despacho y encendió la luz. Dijo “sólo un momento, duérmete” y ella se durmió, en efecto.

Lo que no sabía era que la tentación de terminar la redacción del Real Decreto que pisoteaba el último intento de negociación laboral colectiva que quedaba vigente era superior al dulce sueño que le invadía. En la cocina, se preparó una taza de café.

Siempre hay un tornillo flojo, quizá un duende de guardia velando por los débiles; el caso es que el mandatario se preparó un descafeinado, ajeno al letrero que anunciaba su contenido en cada uno de los dos botes. Se sentó, pensando en el colofón de su ley de aplicación inmediata. Y ése fue su error: la falta de cafeína, en la que tanto confiaba, le puso el corazón al ralentí, al mínimo vital. Como es lógico, se le ablandó.

Llegó al ordenador y apenas dejó cláusulas que tuvieran que ver con abaratar el despido. Rehízo las ayudas al paro juvenil y propuso sólo la redistribución funcionarial  según necesidades de las Administraciones, sin cancelación previa de plazas.

Apenas pudo llegar a la cama, le apareció una sonrisa beatífica en el rostro y se durmió como una piedra.

-Nollameanaidie, daiguá –dijo sólo un instante antes de cerrar los ojos. Ella no le oyó, pero le dio igual.

La mujer, en vez de llamar a urgencias, avisó al despacho de su marido de que ese día, al menos por la mañana, no iría a trabajar. No dio más explicaciones, colgó y se abrazó a su hombre. También se quedó en casa ese día. Había que aumentar la frecuencia.

Tengan todos ustedes muy buenos días.

 

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Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLXIV).

2013/06/15

Despacio y Tiempo. Estado y ciudadano.

 

Los jueces qué van a hacer, pobrecitos ellos, con miles de folios pendientes de archivar, esquivando ácaros.

Los abogados están para lo que están, que algún día sabremos por qué un flagrante delito, después de pasar por presunto, tiende a parecer nebuloso, para acabar en indicios con matices de probable, pero no seguro.

Los imputados van a un ritmo que no sabemos entender. El mundo es de los osados, los que se guían por impulsos de una sangre roja sí, pero lo justo.

El resto, a la espera de para cuándo lo nuestro. Tiempo habrá.

Y, por supuesto: Nadie devuelve lo que no es suyo. Así, con el tiempo, acaba siendo suyo. Fácil.

Es de risa. Se establecen fianzas que se pagan con lo robado, hurtado, apropiado, trincado… y se evita entrar en prisión, con esos colores tan rancios en las paredes, que bien podrían haberle dado una manita de amarillo pastel, en lugar de esos grises, que parece una cárcel.

¿Para cuándo una fianza de 600.000.000,25€? Yo pongo los 0,25€.

Los esquemas vienen a ser los siguientes, con pequeñas variaciones:

La Ley. Procedimiento en general para la relación con ella.

1. Si la ley tiene resquicios, me cuelo por ellos.

2. Tardo un ratito en explicarlo, o bien

3. Se encargan mis abogados.

4. No devuelvo la pasta.

5. Tiempo habrá.

La Responsabilidad. Procedimiento general para responder.

1. Si nadie me controla, hago lo que me parece, siempre según el momento.

2. Si no me trincan, tan amigos.

3. Si me trincan, lo niego todo.

4. Si me largan, los demando. Al que sea.

5. No devuelvo, en su caso, la pasta.

Y seguimos para bingo.

Saben que la única forma de obligarles –hablo de los dos grandes partidos– es la desobediencia. Para ello ya tienen a las fuerzas de seguridad mentalizadas en el mal trato y la mentira sobre los asistentes a las protestas. Y en el voto, claro.

¿Juegan a favor de quién estos políticos?

¿Dicen qué verdad cuando hablan?

¿Les merece la pena a todos ellos el desmantelar el Estado del Bienestar?

¿Son incapaces de evitar el despilfarro pero sí capaces de empeorar la calidad de la vida de tantas personas?

Las declaraciones de los ministros son enroques de ajedrez. Más allá de la mentira, esperan nuestro cansancio y entrega por agotamiento.

No me da la gana copagar después de pagar mi atención sanitaria.

¿De dónde saco yo el dinero para una artroscopia, por ejemplo, cuando sólo haya clínicas privadas? ¿Me quedo cojo por Decreto Ley? Pero ¿qué coño está pasando aquí?

¿Alumnos sin poder pagarse la matrícula?

Eso no pasaba ni con la derecha auténtica, hace sesenta años. Y ahora, estos ministros interinos, futuros consejeros de administración de empresas privadas, precocinadas, minan y pudren la educación pública.

¿Hasta cuándo?

Cuestión de tiempo, supongo.

 

Tengan todos ustedes muy buenos días.

 


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCLXIII).

2013/06/01

Actualidades. Comentarios.

  

1.- Ana Mato, ministra de Salud en el presente. Indicativo. Toma antítesis, como si dijéramos Juan Sin Tierra ministro de Agricultura. En el caso de doña Ana, vayamos al grano.

A ella no le consta que ella sepa que alguien no conocido por ninguno que le conozca a ella haya sabido, que ella sepa, lo que ella sabe, que no es poco, pero que no consta tampoco. Porque, si ella constara, ¡ay Señor, si ella constara! Así que menos tontadas, que no está el convento como para que nos perdamos los maitines por andar constando lo que no tenemos constancia de que haya constado alguna vez. ¿O no? Porque ella, con Mickey, “tan solo amigos, nada serio”.

 2.- Fumar será permitidamente ilegal a partir de los cuatro o cinco mil millones de euros de inversión. Manejando cifras como esas se puede uno matar a golpe de pulmón tóxico sin dar cuentas a nadie, y mientras aspira el humo de un papel quemado mezclado con hierbas secas, ver como su vida va entrando por una ranura, monedita a monedita, hasta ese mundo de felicidad, risas y suicidio inmediato antes de contarle a la parienta que están acarajotadamente en la ruina.

 3.- Quitemos del paro a los que no se mueven, a pesar de la contradicción. Pongamos en el paro a los fabricantes, y colocadores, de las señales de STOP. Esto sí es pura coherencia. Y démosle un aplauso a los parlamentarios andaluces que han jugado al subibaja de sus sueldos durante estos últimos días, porque gracias a su contención, su sensatez y su falta de avaricia, no ha habido que inventarse más canalladas para dejar de atender a un buen número de familias que no habrían sabido qué hacer el mes que viene para, simplemente, comer.

 4.- Cerremos las Universidades. Incluidas las ventanas. Se acabó. No queda ni uno con el bachiller, por fin. Acto seguido, organicemos los países por producción y servicios de una vez. Esto último lo explico: yo ya no doy mucho avío a mi edad, pero podría llevar muy bien las cuentas de los puticlubes de la zona costera, porque me acuesto tarde. Nada de cum laudes ni ostias. Aquí en la Madre Patria del hablar hispánico, se ha trabajado a base de decretazo cultural y se ha logrado el objetivo previsto: 50% de putas y 50% de camareros titulados, en muchos casos intercambiables, lo que da una idea enorme del potencial polifacético de nuestra población activa. Con una edad de jubilación en torno a los 75 años, habremos hecho desaparecer el déficit y la deuda en su totalidad, porque en el 2050 celebraremos con júbilo el 25º aniversario desde que alguien, algún país capullo, nos prestó el último céntimo. Y el Aula Magna, para las orgías de los sábados.

 5.- La Ley de Transparencia. Me ha dejado muerto. Hasta ahora, acudir a las fiestas parlamentarias obligaba, si no a velo como proponen algunas de sus señorías, sí a una faldita por debajo de las rodillas y una blusita estilo de la protagonista de Rebeca, con rebeca abotonada. Ahora, por un golpe de poder ejecutivo, se quiere implantar que nuestros representantes vayan a su escaño dejando ver lo que no digo que no tengan, porque no es eso, sino que, en definitiva, les distraen. Que si los muslitos de la del escaño de arriba, que mira cómo sube a la tarima, que vaya los pectorales del nuevo, el de la moción de censura… ¿qué censura saldrá adelante con esas insinuaciones que antes se denunciaban y se evitaban y ahora serán legales? Propongo la chaquetita por encima de los hombros y la camisita de felpa, entregadas por los ujieres a la entrada, antes de cada sesión de sus señorías. ¿Qué después, a la salida, las devuelven y se echan a la calle dando a entender sus turgencias a través de vaporosas telas? Ellos y ellas allá. Pero fuera del Hemiciclo.

 

 Tengan todos ustedes muy buenos días.