Elecciones1

 

                  Ayer, según indicaba el calendario de la generación de los nacidos en el año 2000, se celebraron las elecciones vitales de Cholentown, mi pueblo.

                  En lo más básico, se eligen cónyuges, abuelos solitarios o abandonados en gasolineras, color para las fachadas… cualquier cosa. Poco a poco, quedan fijados los destinos de nuestros ciudadanos en muchos aspectos.

                  El voto más esperado, que se deja para el último, es el de las profesiones. Y dentro de ellas, como traca final, el referente a policías y ladrones en distintos niveles de delitos.

                  En el apartado de tironeros, salió elegido mi primo Joselito. Para intentar atraparlo, salí yo.

                  Hoy, contentos con las herramientas y el uniforme nuevo de cada uno, nos pusimos a trabajar muy temprano.

                  A la hora del desayuno, en el bar de Mellito, comentamos por las redes sociales cómo le iba a los amigos, que nos contaban sus peripecias. Joselito me lo contó en directo.

                  -Ni una vieja, primo –me dijo. Y le vi afectado de veras.

                  -Quizá estés lento –intenté consolarle-. No olvides que desde hace años celebramos las maratones femeninas y están bien entrenadas.

                  -No es sólo la velocidad, primo –me explicó- es la intuición: cuando me acerco con la moto a la acera por donde caminan veo claramente cómo cambian el bolso al otro lado.

                  No tenía argumentos para levantarle la moral.

                  -Ten paciencia –le dije-. Todo se arreglará.

                  No la tuvo. Vio salir a la cocinera con una bolsa de asas de contenido sin determinar y, desesperado, saltó la barra y de un tirón se la quitó del hombro. No tuve más remedio que saltar yo también la barra y detenerlo allí mismo. Ni siquiera le obligué a recoger los puerros, las patatas, un manojo de tagarninas y un par de apios que se desparramaron por el suelo.

                  -Así son las cosas, primo –le dije mientras le esposaba.

                  Ya sufro al pensar el futuro que le queda a este pobre muchacho.

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