Súper héroes (16)

2015/07/02

Súper héroes (16)

2015/07/02

Tupper woman.

Joselito Gualas III corría por el callejón, angustiado por perder para siempre siquiera una sola de las codiciadas piezas robadas en casa de sus padres, los marqueses. Sus bolsillos –los de Joselito- rebosaban y se sentía sin aliento.
Los marqueses, según el protocolo, soltaron los perros. Segundos después, la manada había localizado a Joselito donde siempre, frente a la valla metálica gris tungsteno, último paso –ya superado otras veces-, para hallar la libertad al otro lado. Pero esta vez era diferente. Si saltaba al estilo Fotsbury (su preferido), su inadecuada chaqueta se desparramaría sin poder evitarlo.
Los perros se acercaban.
Justo en el último paso atrás para impulsarse sin dejar de llorar, sintió los mullidos airbags de alguien que estaba allí de pie, firme, para cambiarle la vida.
-Rápido, guarda las cocletas en este recipiente de plástico aséptico, práctico y capaz de conservar en su interior una gran diversidad de alimentos para su posterior consumo sin pérdida alguna de nutrientes –dijo la mujer enmascarada y didáctica.
Joselito oyó el clic clic clic de la tapadera al poner el penúltimo ovoide frito en el interior de la fiambrera. El último se lo zampó la mujer, nada menos que Tupper Woman, la heroína protectora de los niñatos que saquean los frigoríficos familiares cuando la mama está viendo la novela. La encontró jugosa, con el pan rallado justo y se plugo en ello. Ella misma las había frito, horas antes.
-¡Si alguna vez robas gazpacho, te tendré listo un bote hermético, chiquirritín! –le dijo con lágrimas en los ojos, aunque estuviera enmascarada. A los perros les tiró una bandeja de croisants al estilo discóbolo y los alejó de allí, sin más. Pronto atardecería y volvería a ser la tierna yayaMari, el ama de casa.
El salto de la valla no estuvo mal. La caída, regular, como si te echan de un bar. El taper, sin un solo rasguño.
Joselito, agradecido, le lanzó un beso, se levantó, cogió el tapergüere y se alejó hasta el final del callejón. Allí le esperaban, vitoreándole, Julito Jenaro y Jaimito Jesús Jalón Jarilla, sus dos amigos muy estupendos. Ya tenían comida para el fin de semana.
Y todo gracias a Tupper Woman, la heroína yaya de la casa, cuya doble vida permite la existencia y proliferación de vagos egoístas, caraduras y mimados que no doblan ni las apuestas.

Si en tu asalto a la cocina familiar las patatas fritas son descubiertas y asediadas, si te atacan la ensaladilla, o esta misma se desborda, si saltan los guisantes, si hay un tsunami de salsa alrededor de un pavo… llama a Tupperwoman. Ella siempre sabrá qué hacer.