2008

2008/12/18

Enero.

Agenda nueva. Boli nuevo. Calcetines nuevos de mi hermano que no ha sabido guardar bien. Café con tostadas, zumo recién exprimido, galletas integrales y medio vaso de soja. 200 flexiones.

Febrero.

Mi abuela se ha ido de casa con el del butano. Mi madre, deshecha en lágrimas, se ha comido todas mis galletas integrales. Le he cogido las suyas de fibra. 150 flexiones.

Marzo.

Desayunos a base de queso rallado y aceite sobre pan de centeno con tiempo bastante para la caducidad. Se me ha caído el boli por el fregadero, buscando una cuchara. Ejercicios respiratorios.

Abril.

Mi abuela, que no vuelve ni por feria. Esto es serio. Estiramientos.

Mayo.

Llovió ayer en la cocina, lo mismo que el año pasado. Mi madre también se ha largado. 12 minutos de yoga puro.

Junio.

He suspendido el carné de conducir carros de Carrefour. Un cuatro y medio me ha puesto el hijolagran. Termino y tiro la botella de anís de 1996, la que escondía la abuela.

Julio.

Postales de Jalisco en plena feria: Lo del butanero se confirma como cosa formal. Los desayunos,  por sorteo entre mi padre, mi hermano y yo, a base de patatas cocidas y mucha salsa, que todo lo tapa.

Agosto.

Lavo los calcetines y me pillan. Los devuelvo temporalmente. Email de mi madre, que donde está también hay butano. Y más barato. Saco la cabeza de mi padre del horno.

Septiembre.

Me inscribo en un curso de trabajo para empleados del hogar. Suspendo en preparación de desayunos. Mi padre aprueba que contratemos una profesional titulada.

Octubre.

Compartimos bofetadas, mi hermano, mi padre y yo, de la asistenta profesional en cuanto le explicamos el trabajo extra. Se va con el finiquito. Pilates para todos.

Noviembre.

Entra mi madre como si tal cosa por la puerta, con la compra del día y toallas limpias. Se lo perdonamos todo en cuanto termina de fregar la cocina aprovechando el agua de las goteras.

Diciembre.

Vuelve mi abuela, sin avisar, con un pavo mejicano de doce kilos, peinado con la cresta en medio. En la cena de Nochebuena, nos cuenta sus aventuras. Salvo la parte de la digestión de enchiladas, pasamos juntos unas fiestas estupendas.

 

 

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LAS VACACIONES NO SON PARA EL VERANO.

2008/09/14

Prólogo.

Doce maletas. Mira, Pepa, el año pasado llevamos ocho maletas para todos, y este año tú sola doce maletas. No es sólo que yo pueda recaer en lo de la hernia múltiple. Además, estoy seguro de que los niños no podrán venir con nosotros. Lo que te planteo, ahora que tenemos tiempo, es que no te lleves, por ejemplo, las botas de montar al apartamento de la playa. Ni el caballo.

 

Respuesta al prólogo.

Yo llevo lo que me da la gana.

 

Aspectos. Parte I.

Si vamos a parar antes de comer, para comer, podríamos llevar la comida preparada o no, y así ya veríamos.

 

Respuesta a Aspectos. Parte I.

Termina la maleta de las pamelas y haces tortillas, empanadas, y asas pimientos.

 

Aspectos. Parte II.

Tu madre dice que sin el sillón de la salita ella no va a ninguna parte, porque no descansa bien las piernas. Que digo yo, que tendrá que comprenderlo, ¿no?

 

Respuesta a Aspectos. Parte II.

Ese sillón vienen a recogerlo los de la empresa de entrega en menos de 24 horas. Estará en el apartamento para cuando ella llegue. Aquí lo que importa es la eficacia, chaval.

 

Aspectos. Parte III.

El retrovisor, tras las cuatro multas de agosto pasado, te ruego lo dejes en su sitio.

 

Respuesta a Aspectos. Parte III.

A mi ningún guardia recién licenciado me va a decir que no me retoque el maquillaje durante un trayecto tan largo. Pero como miro por ti, este año llevo en el asiento de delante el espejo del cuarto de baño. Tengo así una visión más completa, que incluye peinado y caída del pañuelo. En ese pueblo yo entro como una reinona desde hace veintidós años y ni tú ni el presidente del Manchester vais a cambiar eso. Bueno estaría. Sigue batiendo la tortilla, que después se queda aplastadita, como sin vida ninguna.

 

Escalas.

De los 750 kilómetros hasta la costa, digo yo de dividirlos en unos tres trayectos, a saber, dos de un tamaño más o menos y un tercero  -el último que hace más ilusión- de una distancia distinta. Eso mejoraría la atención en carretera y redundaría en una viaje lleno de circunstancias agradables, pues cuento con que tanto tu madre como tú cantaréis algo ¿ein?

 

Respuesta a Escalas.

¿Hay gasola para llegar de un tirón? Pues conduce y calla, que tengo a Pastori por el móvil. No, chata, nada, que éste dice cada día cosas más rarísimas. Me ha dicho que quiere dividir la familia aprovechando el viaje, o algo parecido. Está muy cambiado desde que se peina para atrás.


Más pensamientos fundamentales para la Humanidad.

2008/09/08

Protoconocimiento. Adivinaciones y sabidurías.

¿Por qué nadie acierta el futuro que quiere o le interesa? En cambio, sabemos cuándo nos van a dar un bofetón en la barra de un bar. Y a pesar de ello, nos acercamos y nos lo dan. Bueno, se lo dan a un amigo mío.

Salud.

Aprovechamos este foro de comprobada asistencia mundial para anunciar que queda prohibida la postura 117 del kamasutra, por provocar –después, mira qué curioso-  fuertes discusiones entre los amantes: La mayoría prefiere llamar a Protección Civil, mucho más discretos, que gritar con prisa por la ventana a los vecinos para desenredar sus cuerpos.

Comportamiento en sociedad.

En las cenas de gala, estamos hartos de avisar para que no (repetimos: ¡NO!) se pase por encima de la mesa para decir cosas al oído del que nos toca enfrente. Aunque la mesa sea muy larga, se da la vuelta. Tiemblo al acordarme de los puntos de vista que expuso la sexagenaria y antislip marquesa de Cuclillas en la recepción que dio su prima, Astasia de Crisoslaya, al embajador de su país, Parmenia. Tanto a la ida como a la vuelta de sus comentarios, su postura dejó a los comensales sin ganas de repetir langosta.

Moda.

La firma de vanguardia, Chachitela, la ropa que cubre a las diosas de la pantalla, el lujo y la fama, ha sufrido un revés. En el desfile celebrado en la pasarela Jureles, se produjo una situación inverosímil: Julia Anita Díaz, hermana de la supermodelo Julianita Díaz, se ha plantado en medio de la colección otoño invierno y, sacando de un bolso unos zapatos grises, gritó a su hermana que se los cambiara allí mismo por los que llevaba puestos, unos rojos preciosos que eran suyos. Ella pensaba salir esa tarde y debería haberla avisado. Si fuera otro día, no le importaría dejárselos. El resultado, levantarse la madre, llevárselas a las dos a casa y pasar un mal rato. Y la quiebra de la marca.

Deportes.

El lanzador islandés de jabalina, Lømända Lehonien fue levantado de la siesta por su vecina para que hiciera el favor de coser una cuerda al extremo de uno de esos pinchos largos que él tira al aire, y clavarla en la pared de enfrente del patio, para poder tender la ropa y, qué demonios, deslizarse ella misma entre ventanas para pedirle sal después de un par de horas de sexo salvaje.

El tiempo. Predicciones.

A lo largo del año el clima mejorará la vida de los vendedores de paraguas e impermeables, hará subir como la espuma los beneficios de los promotores de casas que se caen, multiplicará los contratos de los constructores de carreteras indecentes y hará ricos a los que venden la ayuda humanitaria gratuita recibida en las inundaciones y los terremotos. Será por tanto un clima muy benigno el que se espera.

 


DESCUADRE

2008/08/20

En mi casa, a la hora de comer, se hacía balance. Y un balance, por encima de todo, tiene que cuadrar. Se trataba de ver si los castigos habían sido apropiados para las fechorías, más o menos escandalosas, cometidas por los niños, mis dos hermanas mayores, mi hermano menor y yo.

El caso es que no debería haber duda, dado que la última tabla de penas correspondientes a los delitos se había publicado con fecha del martes pasado y debidamente pegado con un imán en la puerta del frigorífico. A saber:

 

Despeine, arrugas o manchas en la ropa y desaliño en general, 2 bofetones

Rotura, arañazo o desplazamiento de mobiliario, puerta y paredes, 2 bofetones.

Expresiones como “¡caspas!, “¡vayapues!” o similares, 1 empujón.

Algún otro tipo de desorden en aspectos personales, 1 cocotazo.

Quejas por escrito a papá o mamaíta sin copia para archivo, 1 pellizco retorcido.

 

Como cada sobremesa, se repasaron y compararon las listas de faltas y aplicación de condenas respectivamente, con el resultado de haber soltado un sopapo de menos.

Nos quejamos dentro del más estricto protocolo, pero no hubo nada que hacer ni recurso posible.

Dado que mi oreja izquierda se mantenía muy por debajo en la tonalidad roja que adquieren nuestros cogotes tras  los capones, me ofrecí voluntario para recibir el soplamocos que amenazaba con dejar un caso sin sancionar y puede que sin firmar hasta quién sabe cuándo.

Recibí pues, ayer jueves por la tarde, el impacto reglamentario en mi oreja, propinado como dicen las normas: periódico del día sin terminar de leer, doblado dos veces por la mitad.

Se cerró por fin el expediente y esta misma mañana se ha procedido a su archivo.

La casa, una vez más, cuadra.


LUNA DE MIEL.

2008/06/08

Mira, Juan, no te amofletes; que yo en el avión me reí porque a nadie más que a ti se le ocurre pedir caracoles para cenar en un Boeing 727; aunque sea “su tiempo” en el pueblo. Anda, cógeme en brazos para cruzar la puerta de la habitación. Sssi, después de las maletas. Bueno, después del baúl y del saco de naranjas. No pasa nada, es que la puerta era estrecha. ¡Cuidado!; vaya, no, no, que ya me levanto yo sola. Tú ve quitando las maletas y las naranjas de en medio. Voy al baño y en dos minutos estoy lista. Juan, ¿minuto y medio y la tele puesta? Lo de la paciencia de los cursillos prematrimoniales no te lo has estudiado. Y, encima, son documentales. Ah, que son del cultivo de naranjas. Bueno. Oye, mira qué picardías llevo. Y el champán fresquito, fresquito. Ah, que te da gases. Pues naranjada, que es muy sana. Juan, fiera, voy pallá. ¿Que me vuelva y apague? Bueno, muy bien… (si total, yo ya sé lo del bisoñé).

 


Súper héroes (1).

2008/05/11

Me llamo Higinio D.D. y oculto el resto de mi identidad (por ejemplo, mi letra del NIF) al resto de la sociedad, incluida la Agencia Tributaria. El motivo es que soy un superhéroe entre pijo y meapilas, cuyo conocimiento por el gran público echaría por tierra mi anonimato. Un razonamiento extraordinario, a mi modo de ver.

La cuestión es que un tipo en apuros, un tal Gabriel del Blog Cuensías, me ha pedido una breve entrevista, monólogo después de noquearle, para hablar del mundo de los superhéroes.

Pues bien:

Mis poderes. En qué consisten y cómo los adquirí.

Fue de pronto, casi al final de un bautizo. No suelo acudir (ahora ya sí) a eventos donde te sientan sin preguntar con quién NO quieres estar, pero ese día iba yo alegre y me dejé guiar. El caso es que, cuando ya se iban los invitados, surgió el clásico “esto me lo llevo que está pagado” entre cuñadas. No tardaron en golpearse con los bolsos y las pamelas y, en el fragor de la batalla, producirse una situación de peligro: El cochecito del niño, de unos cien kilos de peso (el cochecito) se soltaba y amenazaba con atropellar a la bisabuela materna, mujer mayor y enclenque. Al ver que todos se metían en la pelea por llevarse los canapeses de salami, me dejé llevar por una fuerza desconocida y, girando como una broca del seis, atravesé un biombo de cartón y, sin medir el riesgo que corría, me coloqué en medio de la vieja pergaminosa y el coche, que avanzaba con el niño dentro. En un salto, con la momia de bufanda, conseguí meternos los tres en el cochecito y frenarlo, no sin antes cogerle el culo a una morenota invitada, que andaba de paso.

Fui consciente de la dificultad de la proeza cuando la había contado doce veces. La última a la morenota, de la que pude esquivar el bofetón, que recibió la vieja.

Desde entonces, soy Koordineitor: El hombre que, por alguna mágica razón, ha sido capaz de hacer dos cosas al mismo tiempo.

Mi uniforme es reversible. El color más chillón lo dejo para que los conductores, ya sean supervillanos o repartidores de la madrugada, me vean surcar el arcén y no tengan roturas en sus guardabarros delanteros en caso de atropellarme. El azul, que pega con todo, lo utilizo para ruedas de prensa después de salvar niños, gatos o peluches de un incendio. Los loros los tiro por la ventana. No nos llevamos bien.

Según decía al principio, mi identidad debe permanecer en secreto. Si se descubriera que puedo bajar la basura y sacar al perro en simultaneidad, sería el precursor de las multitareas domésticas, un caos para el género masculino.

Debo por ello estar atento para intervenir sólo en casos graves, como aquél que me descubrió mis asombrosas facultades.

Como veo que el dueño del blog se levanta con una estaca en la mano, recobro mi personalidad de  ciudadano corriente y me lo llevo a tomar un cafelito.


LA ROPA

2008/01/27

En su sitio.

Mira, Clara, yo solo. Ha sido como un pronto ¿no? Siéntate, siéntate, que te lo cuento. Pues llego del partidito, que, por cierto, hemos ganado tres a dos. Síííííí, ellos eran dos y nosotros tres, pero no me distraigas. Al entrar, llama el del Círculo de Lectores. Le digo que ya tenemos uno, que gracias. Voy a por algo fresquito y veo la montaña de calcetines marrones en el sofá. No paso de largo como tú dices, sino que me zambullo en el montón. Y vaya si he encontrado el mando a distancia. Menudo soy. ¿la ropa sucia del partido? Ah, sssí, debajo del sofá, creo. ¿Doblar los calcetines? Pues no, no se me ha ocurrido. Desde luego, le quitas a uno la ilusión de llegar a casa.

Recogida.

Que no… ¡qué va, hombre, por mí nadie va a saber lo tuyo con los números! te dejo Manolo, un abrazo. Nada, mujer, naaaaaada,… 71.000 euros, sí, de los seguros del suegro, si. Nooo, no los declaaaraba. Sí, en hoteles. ¡Síiiiiiii!, con Susana la enciclopedia, eso mujer, la volúmenes. No, no creo que vaya a prisión. No te pienso decir nada, Clara, así que no preguntes. Que ya voy a recoger la ropa y la llevo al cuarto de la lavadora. Ese cuarto, digo yo, será el de las latas de aceite y donde curo yo los chorizos, ¿no? ¿ves como sé dónde están las cosas?  Ahí la pongo toda.

Tecnicismos.

Ajá, la blanca con la blanca. La de color con la de color. Pero ¿qué color con qué color? A ojo, ya. Pues mejor pruebo y aprendo con la blanca. Lejía, pero poca. Suavizante, pero no antes. Está claro.  Se cierra y ya está. ¿Qué botón, el rojo? Pues no veo que ande. Menos gritos, qué quieres, no haberte puesto al lado de la aspiradora. Bajas por otras bragas y ya está. En la lavadora también hay un botón rojo. Bueno, le doy al que dice lavar bien. Oye, ¿no tarda mucho? ¿Me da tiempo a ver los goles?

Tras las máquinas.

¡Hay que ver lo que avanza la tecnología! Al centrifugar, la lavadora ha llegado hasta la misma puerta de la terraza, la criaturita. Bueno, abro y saco la ropa, que hace muy buen día y  da gloria tenderla. Vamos allá. ¡Este tenderete de plástico, ábrelo tú o lo tiro por la azotea!, ¡menudo pellizco! Pues parecía al revés. La ropa interior dentro, ¿no?, ah ¿fuera también? Cojo por ahí, pongo la pinza, sujeto la manga, no suelto… Bien, bien, ya bajo a pedirle al vecino que me la dé. Pues no ha caído a la calle. Ah, vaya que el viento sí la tirado a la calle al final. Como tengo que ir por el pan, aprovecho. Siento que esta cuestión de la ropa está bajo control.

Orden.

Sí, he sido yo: Me ha parecido conveniente un cambio en tu forma de guardar la ropa en los armarios. Para no liarte he puesto pegatinas indicadoras. Las toallas de baño hacen de guardapolvo para las chaquetas y abrigos; y las sábanas envuelven los pijamas, en una idea de finalidad parecida, según te indico en las notas adhesivas. Pues qué carácter, hija, con la voluntad que le he puesto. ¿Todo como antes? Pero si yo nunca he sabido como estaban antes. Qué genio. Por cierto, a ver si me encuentras el pantalón de deportes. ¿Qué sigue debajo del sofá? Desde luego, mira como eres de vengativa y rencorosa, hijamujer. Anda, termina tú, que voy a organizar la cena. Como yo no esté en todo, esta casa es un guirigay…