Reflexiones de un sábado por la mañana (CCVI)

2012/01/21

Sobre los demás y demás.

La suma de los pensamientos de todos (TOOOOODOS) los que vivimos en la Tierra,

¿Será muy grande?

Es decir, ¿será acumulativa?

Lo digo porque si parece que más o menos la mitad piensa en joder a más o menos la otra, con la contabilidad imprecisa de esos picaruelos que siempre están en la primera mitad, podríamos pensar que la suma es cero. O casi nula, infinitesimal, que diríamos los entendidos en esto.

Si las Leyes y los decretos leyes están para darse de palos con más o menos armamento nuclear o simples regulaciones fiscales para los listos y lazarillos, las  leyes que compensan, que salen mucho después, parecen equilibrar algo la balanza, pero todavía no hacen pensar en UNA forma de llevarse bien.

Si hay bronca continua es porque desde hace un montón de años basta con celebrar el origen divino del poder o de la propiedad.

Es curioso y respetable, según los usos y costumbres, que el patrimonio acumulado se transmita a los llamados herederos legales. No es cuestión de quitarle de un plumazo a un padre poder asegurar el futuro de sus hijos. La cuestión es que se mantienen privilegios para gente que, en un buen porcentaje, no ha doblado los riñones en su vida. Y tras la herencia menos. Esto es sólo una observación. A cada uno lo suyo.

Pero no me parece bien salir con ventaja en todas las cosas.

Como inciso, diré que la gente guapa y que huele bien está, para colmo, endiosada por los que compran las revistas donde ellos hacen sus monerías en el Caribe y las pistas de esquí, en agua o formato de nieve. Esto también tiene su guasa.

Celebramos el poder y la distinción.

Quizá el hecho de que alguien se sienta superior a otro, aunque no seamos nosotros, es una especie de triunfo de la especie humana. Quizá con la esperanza de que nos toque a nosotros alguna vez.

Dicen los historiadores que antes de la I gran Guerra teníamos un nivel de civilización cercano a lo sublime (habla de Europa, la vieja Europa), el cual se fue por el sumidero ante las atrocidades cometidas en la contienda.

Nuestra cultura se basa en conocimientos, no en sabiduría. Es un peligro, pues  todo este saber no se asume como resultado de una dedicación, sino como el cumplimiento de un derecho indiscutible que la informática nos acerca con muy poco esfuerzo. No implica el respeto por las personas. Se ha revitalizado el canibalismo intelectual, además del moral. Espero que no el literal.

Tengo la impresión, cada vez más, de que el dolor de los demás nos duele cada vez menos.

Siempre pulula lo de que “mientras no me toque a mí”, pero siempre nos llegará. Es ley de Vida. Es cuestión de tiempo.

Mientras, si no en su lugar, pongámonos un pelín más cerca de los demás. Se acercan tiempos de prueba rigurosa para saber si el ser humano, por muy trascendente que se crea, es capaz de justificar ese origen divino del que hablaba. Pero no del dinero, sino de sí mismo.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCV).

2012/01/14

Recuperación.

Ante la falta de información oficial, clausuramos definitivamente el año 2011 con las siguientes Instrucciones Básicas, a seguir para la recuperación y puesta en funcionamiento del sistema digestivo tras su reciente bombardeo.

1. No coma. Y punto.

2. O coma menos para salir del coma.

3. Pasee, aunque sea alrededor del sofá, buscando polvorones que “pueden” aparecer en cualquier momento.

4. Flexiónese. Basta preguntar cómo se hace a un vecino de confianza.

5. No llame a cualquier fisioterapeuta tras los resultados del punto 4.

6. Una vez de pie, pregunte en la WEB por el concepto “fruta”, el “verdura” y, por qué no, el “agua fresca”.

7. Reduzca la siesta poco a poco, hasta bajarla a menos de tres horas y diez minutos. Antes del verano se encontrará saliendo a la calle con luz natural y no confundirá más las siete de la tarde con las de la mañana.

8. No mezcle las patatas con las de los demás. Separe raciones individuales en platos.

9. Vuelva a ver las notas de sus hijos y aumente el nivel de los disgustos poco a poco. Serán minutos ganados al ayuno y su cuerpo le avisará de un mínimo hueco que no debe rellenar. Será la señal para el inicio de su recuperación digestiva. Aprovéchelo. Y no firme las notas ni loco.

Una Navidad más. Con lo que supone haberse enfrentado –individual y colectivamente- a organizadas hordas de dulces, turrones, empanadillas, rosquillos, alfajores y mazapanes que, sin piedad, han sido ofrecidos en bandejas paseadas antes sus narices. Para los que lograban masticarlo todo, la ayuda de licores, vinos y cavas acudían con sonrisa y taponazos en rostros sin avisar.

Ahora hay que volver a vivir a pleno rendimiento. Con un frío invierno por delante, pendiente el corazón de que el engrudo que le rodea le proteja como una manta antes de disolverse. Pensemos en dicha coraza de colesterol como en un escudo calórico a modo de gran reserva para la lucha diaria.

Serán días de difícil explicación, como las subidas de impuestos.  Como la bajada de las prestaciones. Como el mantenimiento de los privilegios. Pero esa, dicen, es otra historia.

Pongamos el año en marcha.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Billar americano. Campeonato hindú.

2012/01/13

Se enfrentan Damadatsi Pruda, de la casta Ña, contra Puridura Metmabu, de la casta ñuela, ciento diez escalones sociales por debajo de la de su adversario y mucho más alegre.

De tal modo, los seguidores de Pruda tienen derecho a pisar los riñones de los que animan a Metmabu, y éste mismo, además de pedir permiso a su rival cada vez que le toque jugar, realizará fantásticas contorsiones de cadera y cintura, humillándose como es su destino ante alguien con un origen tan superior al suyo.

Comienza la competición. No se llega ni a las dos horas de retraso.

Pruda abofetea a Metmabu para entrar en calor y desentumecer los músculos de manos, muñecas, codos y omóplatos. Que luego vienen los calambres, le dice su manager, el yogui Cicudrama. Además, le rompe un palo llamado “taco”, y le dice tacos suaves, nada de cabrón ni cosas por el estilo: le dice cabrito y en voz baja.

Metmabu sonríe y sirve para su rival un suave y templado té en una taza de cristal repujada con incrustaciones brillantes , mientras él da un traguillo a un botijo de Cáceres lleno de anisete.

Tiran la moneda, que recoge del suelo el árbitro con la boca –es de una de las castas más ínfimas que hay, y los dos jugadores le despeinan a tortas, incluso se sientan sobre él durante un par de minutos- y dice que empieza Metmabu, quien cede su turno ante la sugerencia de Pruda, que le saca la bola blanca de la boca para que pueda articular versos del sublime Parhananas, el poeta de bebés.

Después de recortar el césped de la mesa, el árbitro, con un ajustadísimo sombrero de copa realizado en plástico, pone las bolas sobre el tapete para verificar la correcta textura de la tela. Después se baja y coloca las bolas de colores.

El primer golpe de Pruda a las bolas –antes, por aburrimiento, le pega una patada al camarero, de la casta ñeta, un grupo social muy valorado en los recitales de flamenco-. Pruda golpea con efecto, provocando que la bola blanca “se pasee” como de puntillas por encima de las demás, como pidiendo permiso, en un derroche de fantasía. La blanca, por su cuenta, se sale de la mesa y se lleva por delante los incisivos del vaishia Genaro Gómez Perlas, un enamorado de este juego que se ha gastado toda su fortuna en acudir a la final. Protesta pero nadie le toma en serio, pues todo el aire se le va por el hueco de sus ex paletas.

Por su parte, Cicudrama, ante la jugada de su pupilo, se afeita en directo ante una cámara de televisión, argumentando que con cuatro hojas la piel no se entera de nada. Y es cierto: la marca Rapayá para afeitar dedos de pies –patrocinadora de esta final- está llamada a hacerse de oro.

Con permiso del de casta superior y sin echarle en cara su fallo, Metmabu vuelve a pasar una bandejita con pasteles, besa los pies de Pradu, da un codazo al camarero y toma su taco con la izquierda, pasándosela a la derecha sin caérsele. Se agacha sobre la mesa, besa la bola blanca apasionadamente y la pone, sumisa y húmeda, delante de su largo taco. Se acerca a ella y más que golpearla la envuelve y empuja, la arrincona, invitándola a cargar contra las demás, a las que dispersa en todas direcciones. En concreto, la bola verde de rombos se estampa contra un jarrón Ming valorado en cuatro millones de dólares que la compañía aseguradora comienza a cobrar de inmediato pasando una gorra por todos los asistentes. ¿O es que nadie ha visto nada?

Dado que cuatro de las bolas se han metido en los agujeros laterales y de los rincones, Metmabu pide la venia para seguir jugando. Lo hace de nuevo de acuerdo con la bola blanca, a la que tiene loca. Para el siguiente envite, la vuelve a mirar mientras unta de tiza su taco de forma lenta, durante quince minutos. Cuando se echa sobre la bola, ésta ya sabe lo que tiene que hacer, pero en su camino la bola negra, perdida, tropieza con ella, se pierde más aún por una esquina y, cuando el árbitro la saca, viene envuelta en una querella criminal de la que sale absuelto el jugador al llegar a un acuerdo. Metmabu se tiene que tirar al suelo a instancias del árbitro, al que patea después de estrecharle la mano.

En el turno de Pruda, la blanca sabe que no volverá a gozar de los privilegios que tenía. En efecto, la condición de raza superior se invierte en este país, donde la trata de blancas es un negocio de vértigo. Pruda, para empezar, mira a la bola negra que se pega aterrada a una banda hasta parecer que se reduce de tamaño. En su golpe al centro de la blanca, ésta reacciona sin frenos, buscando cuanto antes una digna caída a la oscuridad que no le llega. Varias bolas, muchas en verdad, buscan asilo bajo el tapete y piden turno para desaparecer por los distintos agujeros de escape que ofrece la suave, verde y angustiosa cubierta de la mesa. Apenas permanecen temblando sobre ella dos bolas más, una roja lejos de ser redonda y la negra, que , dándolo todo por perdido, susurra un blues acerca  del güisqui de Kentucky.

La suerte está echada. Si la roja logra meterse y huir de este infierno, Pruda logrará su decimonoveno campeonato anual en un deporte que comenzó a practicarse hace tres meses en la India.

Para lucirse ante las cámaras, intenta el último golpe de espaldas, con guantes y fumando. El camarero, a quien nadie había pedido nada, aprovecha para servir en vaso largo licor de ginebra, miel y esencia de butano. Por supuesto, lo hace justo cuando Pruda va a embocar y derramando buena parte del líquido en un bolsillo del jugador. Se produce el lógico tumulto y el camarero demuestra que es posible tragarse tres bolas de billar y regurgitarlas, todo ello en menos de treinta segundos, lo que permite seguir con el campeonato.

Turno de Metmabu. Su complicidad con la blanca, junto a su ausencia de prejuicios raciales en general, hace que las tres bolas restantes, en orden y sin empujarse, se dirijan a los agujeros correspondientes a la menor insinuación de su taco, al que basta asomar la punta entre las manos de su dueño.

El júbilo se manifiesta en un clamor de dos decibelios, ruido máximo permitido por la casta superior para celebrar que el pestoso e indigno jugador destinado a ser humillado sea ganador de un deporte que no interesa a nadie. Sale el campeón con la copa encasquetada hasta las orejas y con los suyos huyendo de las pedradas y estacazos de los que apoyan a Pruda, quien se queda poniendo velas a la diosa Nofallarí mientras su preparador le golpea los músculos pronadores con toallas húmedas.

Lentamente, se apagan las luces y el local se recupera para su función habitual: una piscifactoría de cangrejos rojos para paellas.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCIV).

2012/01/07

Vuelta a empezar.

Como si el latido primero de cada año nuevo fuera mágico. No más que el anterior, el último del año viejo.

Sin embargo, la duodécima uva, el primer beso, un sorbo de cava fresco y un griterío en directo a través del televisor le dan la ilusión que necesitamos. Estrenar ganas, buena cosa.

-Llevo todo el año sin fumar,

-Pues yo no he hecho el amor desde el año pasado,

Etc.

Son graciosas verdades, irrefutables si aún no hemos desenvuelto el papel de regalo del nuevo año.

Estrenamos también hora, minuto y segundo. Día y mes. Pero eso es frenético de celebrar y gritar. Lo dejamos para el año, solemne colección de momentos nuevos donde cabrán cosas que hacer.

Ideas nuevas.

Propósitos de ser mejor.

Etc.

La función debe continuar. Tenemos que seguir jugando nuestro papel: procuremos elegirlo.

Se trata de administrar nuestra libertad, fíjense ustedes qué salto de lo descriptivo y trivial a lo rotundo y trascendente.

Pero es verdad.

Eso sí, suponiendo que sabemos luchar por ella y conservarla, claro está.

Nos organizan la vida. Los horarios, las obligaciones y el propio cansancio, que normalmente nos rinde cuando mejor nos lo estamos pasando.

Entonces, ¿hasta dónde valen nuestras decisiones personales?

El ritmo diario, la cantidad de cosas que tenemos que hacer. Los compromisos.

No parece muy distinto este año del otro.

Las caras vienen a ser las mismas. Las prisas parece que también.

¿Entonces?

Entonces, aclaremos esto de una vez: Valoremos cada día como nuevo y –mucho más-, como único.  E intentemos un relleno de verdad y no hagamos la puñeta. Sin más.

Rescato al día como unidad real de vida. Viva el día. Despidamos cada uno como un regalo y aceptemos de buenas el siguiente como otro lujo.

Lo de las uvas cada noche puede atragantarse. Un beso, en cambio, seguro que no. No esperemos un año para darlo.

Feliz año.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCIII).

2011/12/31

Resumen anual. 2011.

 (Entre antes de y algo después de)

No nos faltaba mucho para estar majaretas. Por si acaso, hemos hecho todo lo posible.

Ha sido un afán de renovación, movimiento de imaginación y creatividad tal,  que hasta en el programa de fin de año –del que un intenso aunque transitorio malestar me ha librado- han vuelto a aparecer los del dúo dinámico.

Consultado con el portavoz del fabricante del fiestorro, su respuesta debería ser valorada como un clásico, en volumen aparte, de la Sociología Aplicada:

-Si son los mismos los que ven el programa, ponemos lo mismo. Es cosa de coherencia, usted.

Al cámara le dio la risa, pero el preguntador tomó apuntes y no borró su cuestionario para poder tenerlo hecho ya para el siguiente año.

Hemos visto que las cuentas públicas están cada vez más apretadas y menos claras y que el dinero no aparece por ningún lado. Otro derroche de capacidad organizativa. Se montan los juicios, se celebran mucho más que se resuelven, y la ley no da sensación alguna de ejemplaridad para el futuro.

Hasta unos papanatas sin cerebro son capaces de reírse –ocurrió en Sevilla- de la sensación de amparo que debería dar la Justicia. Otro avance humano, otra capacidad más desarrollada a lo largo de estos meses.

Seguimos fuertes en deportes, aunque no conozco deportistas débiles –bueno, yo sí- y salvo el tonto del Djokovich –que como lo coja  verá- seguimos teniendo donde aliñar la ensalada para quince, además de dar cursillos gratis –a domicilio, en Wembley, Japón, donde sea- de cómo se juega al fútbol. Mira tú qué bien.

La política se muestra descarnada para el ataque al adversario, no para que un ciudadano pueda ver dónde van las comisiones Reales (perdón, reales) de cada obra magna realizada. Yo, las mías, las tengo CON su IVA guardadas en casa durante una temporadita (¿es tanto pedir?).

Las mujeres no leen los prospectos que les ponen en los buzones los que dan cursillos de karate. Lo bueno de cualquier pareja, matrimonio o no, sería citarse en el Madison Square Garden de New York, patrocinados por Don King, y dilucidar en doce asaltos sus problemas, a sabiendas de que las mujeres tuvieran la capacidad de romper árboles con las manos. Entonces veríamos qué hombres aceptarían poner su corona en juego. Mientras, que hagan el favor de invertir el orden y pasen por ventanilla a suicidarse. Tirándose de ella, un poner. Y dejen de amargar la vida a las que no pueden defenderse.

La educación sigue estando entre las más buscadas.

El esfuerzo de los estudiantes sigue concentrado en la concentración para hacer caca. Aquí no se da cuenta nadie de que hablamos de analfabetos funcionales para dentro de un par de temporadas. La lectura se sustituye por la no lectura y tan panchos.

La piratería, con su santidad San Paquito Drake de bendecidor, sigue en racha. Más por descargar que por valorar después el contenido y más por presumir de teras llenos de lo que no va a dar tiempo a ver. Las salas de cines vacías y las librerías llenas, salvo unos cuantos recalcitrantes que piensan en pagar por agradecer y disfrutar el trabajo de los artistas. Lástima haber tenido que descubrir que los del SGAE tenían menos vergüenza de la poca que se le suponía. Un disgustillo más.

El “chacjk” que han oído ustedes corresponde a la pequeña caída del calendario del 2011 en el interior de mi redonda y negra papelera.

Animo, como es lógico, a seguir luchando por hacer algo más simpático y justo lo de vivir en este planeta.

Propongo solidaridad, algo parecido a la caridad cristiana, pero menos chochona, más inmediata y más constante. Y que veamos los problemas de los demás además de los nuestros. Tampoco es mucho pedir.

Buen año, señoras y señores. Les sigo esperando tras las campanadas.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCII).

2011/12/24

Hablar en serio.

Parece mucho más fácil con un desconocido que con alguien cercano.

Tiene –implica- una necesidad de puesta en escena previa, acentuando el tono más bien grave (difícil dar crédito a lo que dice alguien con voz de pito o marcado matiz aguardentoso).

Debe parecer una concesión, un compartir algo de forma exclusiva, aunque se haya traído un chisme de la cola de la pescadería. Pero como era temprano…

Se debe fijar la atención de al menos la mayoría simple de los reunidos, clavando la mirada en los más aguerridos, esos capullos que están siempre pendientes de soltar lo de “¡eso no puede ser, anda ya!” y demás.

Finalmente, procurar adornar lo justo: nadie, demostrado está, aguanta una noticia de más de un cuarto de hora. Pero procurar huir de los titulares es prudente, ya que deja la noticia con menos impacto (a menos que la noticia sea que uno de los nuevos ministros ha utilizado su nariz de ariete al entrar en el gabinete).

Con todos estos mimbres:

-Se puede hablar de la que nos espera.

-Se puede soltar que ni un pensionista verá su paguita subida a menos que pongan su oficina bancaria en la azotea.

-Se puede intentar el acoso y derribo de la monarquía por no saber buscar ni un yerno real o ficticio.

Debo aclarar que si se dice algo de lo anterior, una pausa –compacta, sin suspiros, para asimilar- provoca un efecto de credibilidad. Sin pausas la vida sería una cosa muy seguida, no sé si me explico. Y en el caso de hablar en serio, saturaría a la concurrencia, la haría pensar que los problemas serán eternos. Eso llevaría a que nuestro mensaje dejase de contener el ingrediente de “hablar en serio”. Nos preguntarían finalmente por las fuentes donde hemos llenado nuestro cántaro de información. Y a nadie le importa si nosotros compramos los boquerones en casa Pitito, que le da al congelati más que nadie, pero no está mal de precio.

Si sabemos dosificar el mensaje, con matiz de información e intensidad variable, dejando respirar, dirán que somos personas “no chuflas” o de “grado intermedio” entre el correveidile enteradillo y el que “está puesto”. Niveles nada despreciables.

Con el ensayo anterior, derroche donde los haya de sociología comunicativa, se nos presenta el proyecto de nuevo gobierno. Sin decir por qué los altos funcionarios seguirán cobrando mucho más de lo que podrán gastar en su vida y sin el propósito de que veamos en televisión cómo de un plumazo desaparecen subvenciones canallescas, proyectos irrealizados pero pagados y –por encima de todo- por qué le duele tanto a los ricos que haya menos pobres.

Lo digo en serio.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CCI).

2011/12/17

Eso de repartir.

A la hora de recoger un beneficio, tienen que estar fijadas las reglas del reparto. En general parece que es así: un señor feudal daba gachas a sus vasallos y éstos se lo agradecían.

Después se inventó/desenterró el comercio y un sistema de “trabaja o que te den” se dejó caer por el planeta.

Y pareció que el asuntillo de las castas, las clases, los niveles… se venía a poner en un vamos a llevarnos bien. O cada día un poco mejor.

Pero ahí estaban los que veían que lo suyo era suyo aunque no se lo hubieran ganado. Y que si tenían ventaja no tenían por qué perderla. Y sus métodos, miedo previo, guerra posterior y colaboración religiosa al nivel fanático, volvía una y otra vez a poner las reglas de cómo se reparte la riqueza, el bienestar y la dignidad que –nos guste o no- trae implícita un nivel de vida donde no falta la buena comida y el gusto por lo exclusivo.

Y es que de lo bueno no hay para todos.

No hay un coche de lujo para cada ciudadano. Ni siquiera uno por cada comunidad de propietarios o urbanización de adosados.

Tampoco están las grandes marcas de ropa con capacidad para vestir a seis mil millones de personas al año. Todo lo más a unas mil quinientas.

Repartir pérdidas, en cambio, incluye la solidaridad. Hace que nos mentalicemos en acudir al necesitado, ese pobre –aunque más descarriado que malo- especulador que acuciado por su sangre caliente de reventador de sistemas monetarios juega desde su ordenador personal a ver si los dígitos le son propicios.

Nadie ha parado al caprichoso –más engañado que malo- del desequilibrio entre el capital y su finalidad original. Nadie, ni siquiera un gobierno, se ha parado a decirle –no hay por qué gritarle, es más juguetón que malo- que esas cosas no se hacen, porque después tenemos que arreglarlo entre todos.

Aunque ya se ha hecho. Bailan miles de millones de euros, dólares y demás diciendo que rescatan a los grandes bancos. Y ahora otro pelotazo más. Más juguetes para que los chiquillos se entretengan.

¿Cómo es posible?

En realidad nadie lo sabe.

Quizá el agujero sea tan grande que –una vez más- se parta de cero. La mentira financiera nos hará tocar fondo y tendremos que empezar de nuevo. Sería curioso.

Sería volver a repartir las cartas.

Tengan todos ustedes muy buenos días.

 


Felicidad.

2011/12/11

-No queda tanta como para repartirla a espuertas, como parecía antes.

-¿Antes de qué?

-Pues antes de ahora, que es cuando hablo.

-Pues compartamos la que queda, ¿no?

-Lo malo de compartir es que hay que empezar pensando en TOOODOS al mismo tiempo. En general, se pone uno su trocito y lo que sobre se divide a partes más o menos iguales.

-Ya. ¿Y quién reparte?

-Ay, Jorge Alfonso, que pareces tonto. Pues… los que están capacitados y legitimados para ello, ¿quién si no?

-Por supuesto, qué pregunta más tonta, como dice mi madretutora.

-“En concreto y nada abstracto, estamos más entremezclados de lo que parece, pero en líneas generales, para lo básico, respirar y comer, nos van a dar por allí durante una mínima temporadita de veinte años. Después, a descontaminar y a comer hamburguesas ecológicas”. Eso dijeron allá por el siglo ese de la pérdida de valores. Incluidos los morales.

-¿Kioto al peo, quieres decir?

-Massssomenoossss; en definitiva, sí. Queda la felicidad de comprar muchos videojuegos; tendrías que ver qué descuentos hacen en versiones anteriores y cacharros inservibles. Es que se lo quitan de las manos. De hecho, en “Masacrhospital XXII”, te van curando a medida que te disparan. ¡Y viceversa!, con un 2% de bajada si compras además “Desatragantor X” y “Porculodan 2.2”, un nuevo programa para ejercitar el despido libre.

-Pero con tu mala idea ni citas los pavos, los turrones ni los polvorones.

-Los pavos están recluidos como especie pendiente de extinguir desde el 2333, chaval, que llevas media vida mascando chicle con sabor a muslito en salsa. Los turrones siguen demostrando valer para cimientos de las cárceles submarinas y los polvorones, no mientas, siguen dando de comer hasta mayo, como ha sido siempre. Cada uno lo suyo.

-No podrás con el siguiente argumento: la sonrisa incondicional de un niño.

-Fue prohibida por ley universal absoluta (las famosas luas rigen el mundo) del 4/4/2022. Se reservan para anuncios de papillas instantáneas, potitos antigases y pañales de vaciado automático.

-Los abuelos, la familia…

-Calla que me vas a buscar la ruina, cojoncios. ¿Pero tú de qué vas, cántaro soul (alma de cántaro, en spanglish libre)?

-Los amigos, las panderetas…

-Tú tienes que pensar en la economía. Tanto en la de bienes, servicios (dinero, más o menos virtual, incluso en billetes) como en la de energías varias. Economiza y no malgastes las tres muecas gratuitas de risa aparente que tienes asignadas.

-Ayvá pues. ¿Vacaciones?

-Tú estás tontainota, chavalete. Anda, anda a jugar. Y no te salgas de las líneas cuando colorees. Estos humanoides y sus cortocircuitos…


Reflexiones de un sábado por la mañana (CC).

2011/12/10

Puentes.

Frente a disfrutar del tiempo libre está eso de ser productivos. Siempre se ven las cosas al revés, no sé por qué. Si no se gana tiempo para hacer el zangandongo, ¿cómo se va a disfrutar trabajando?

¿Quién dice que el mundo de la evolución tecnológica es el mejor de los posibles?

Pienso a diario en esos tipos esos tan despelotables del Amazonas, a quien por puta y pura envidia queremos desforestar con más rapidez aún: son los únicos sabios que reconozco de verdad.

Consumen lo justo y no ensucian.

Descansan más de lo que se cansan. Y no se molestan.

Comparten lo poco que hace falta. Y no acumulan.

No se comparan los zapatos que no compran, porque no se pinchan los pies con botellas rotas.

Pausa de implicación:

Está muy claro que si llueve se mojan las calles. Pero también si escupo.

Está muy claro que hiperconsumiendo parece que el sistema se mantiene. Pero también se alarga la agonía del derroche del aire limpio y el agua potable, aunque me convenzan de que sólo se puede huir hacia delante. Que sólo acumulando basura se construye esta civilización.

Sigo a lo mío:

Los amazonios tienen puentes de madera y lianas para andar.

Y para disfrutarlos pasando de una orilla a otra de sus ríos, tienen puentes de trescientos sesenta y cinco días al año.

Sin atascos. Ni colas. Ni contaminación. Siguen siendo los más sabios.

El puente es un escape para nosotros. Un espejismo de tiempo infinito. Charlar, beber y acariciar sin horarios durante unos cuantos días seguidos. Casi nada. Lo que los grandes yanomamis hacen a todas horas sin moverse de sus bosques, nosotros lo soñamos a base de kilómetros de neumáticos gastados sobre autopistas saturadas.

Y ellos sin gasolina siquiera. Ni humos. No paran de darnos lecciones los tíos.

Los puentes entre su sabiduría y nuestro hiperconsumo se han roto hace tiempo. Ahora trazaremos surcos que se tragarán sus flores por los que esparciremos asfalto recién regurgitado y pintado de rayas blancas para no perdernos en coche cuando tengamos un puente de varios días.

Iremos a visitarles por casualidad, nos alojaremos en algún hotel recién construido, cerca de sus selvas, y nos apiadaremos de su evolución detenida. Al mirarlos, echaremos de menos al menos un teléfono.

En estas, un servidor de ustedes soñará que, en medio de la charla del guía contratado, se quitará las botas y pedirá permiso al jefe de la tribu para que le permita quedarse con ellos para siempre.

No creo que muchos me sigan.

Porque, dicen que, “a enemigo que huye, puente de plata”.

Tengan todos ustedes muy buenos días.


Reflexiones de un sábado por la mañana (CIC).

2011/12/03

Corruptelas.

Hartitos estamos. Hartitos.

He mantenido que tras cualquier cierre por quiebra en particular o crisis aceptada como general, hay algún que otro golfo. Como en las malas películas, una aparente trama apoyada en un guión aceptable y con personajes de cierta presencia, derivan en la denuncia de un chufla porque el “golfus finalis” no le ha dado lo que le prometió.

Y esto cansa, como todo lo demás.

Lehman Brothers, un poner, es capaz de resistir guerras y cataclismos económicos –no financieros, ojo- y se va al guano por culpa del juego macabro –el más macabro, el capitalismo salvaje- que unos pocos sinvergüenzas desarrollan poniendo papelitos podridos en medio de acciones (en su doble acepción: como títulos económicos y como su facultad de hacer algo) más o menos aceptables.

La vulgaridad, amigos míos, pone a alguien una vez más en la picota.

Quería llegar cuanto antes al tipo ese que jugaba al glamourmano en una olimpiada y ahora, en una empresa que decía sin afán de lucro, se pone a llevarse yesca.

Qué pena ¿no? Porque, aparte del rollo contable, algo que nos da repelús en la sórdida, árida y fétida explicación técnica, aparte, digo, está el de qué vamos a vestirnos en las galas donde aparezca el pichón. Que por cierto no le vamos a pagar ni un chavo cuando se pasee por los coctailes; digo yo ¿no? Porque esto o se hace bien o no se hace. Mira que el niño…

Un par de millones de euros, en redondeando, vienen a ser mucho más de cuatro o cinco si se emplean para generar riqueza. Ese dinero se junta en las administraciones del Estado para, entre todos, hacer cosas que creen empleo y no se gasten en chuminosidades. Este es un mensaje para los que quieren destruir no ya el Estado de Bienestar, sino el Estado en sí, dejándolo para como mucho las fuerzas de seguridad. Quizá sólo el ejército. Quién sabe. Por eso me fastidia más que sea precisamente quien represente al Estado en muchas maneras y actos, el que se pegue un trincazo perchero de dos millones de pavos navideños y se quede tan pancho.

Ojalá fuera mentira.

Por otro lado ¿tanta falta les hace el dinero a los que ya tienen mucho dinero? Esta es una pregunta sencilla cuya respuesta se espera desde hace cientos de años. Tiene guasa. Nadie la responde.

Al final, ¿un poquito de crónica del corazón ideal y tierra real encima?

La crisis se ha venido a una autopsia. No hay tanto tonto como los mercados se creen. Y si se analiza con una lupa de algún que otro aumento, se está desgranando un buen montón de golferías. Las que vienen a explicar en términos sencillos el porqué se han hecho ricos unos pocos y ahora se tienen que cerrar servicios sociales básicos. Y además se quitan de en medio, por si las moscas.

Qué cosa más rara siento haciendo, por primera vez en mi vida, una página de cotilleo. Oicchhhh, pordió, pordió, pordioseros…

Mientras,

Tengan todos ustedes muy buenos días.

 


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